{"id":157,"date":"2020-04-23T18:29:23","date_gmt":"2020-04-23T16:29:23","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=157"},"modified":"2020-04-23T18:29:23","modified_gmt":"2020-04-23T16:29:23","slug":"la-tentacion-de-venecia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/04\/23\/la-tentacion-de-venecia\/","title":{"rendered":"La tentaci\u00f3n de Venecia"},"content":{"rendered":"<p>El sol de la primavera empieza a iluminar los callejones normalmente sombr\u00edos del Cannareggio, el m\u00e1s populoso distrito (<em>sestiere<\/em>) de Venecia. Hemos dejado atr\u00e1s el rumor de los motores de los <em>vaporetti<\/em>, las embarcaciones tradicionales del transporte p\u00fablico de la laguna, en alg\u00fan lugar entre Madonna dell\u2019Orto y las Fondamente Nuove, all\u00ed donde apenas unos ni\u00f1os juegan a la rayuela en alguna plaza mientras las ancianas vuelven de la compra, camino del <em>ghetto<\/em>, uno de los \u00faltimos barrios jud\u00edos del mundo, la <em>Serenissima\u00a0<\/em>hace un insospechado honor a su sobrenombre.<\/p>\n<p>Venecia es una gran contradicci\u00f3n. Una de las ciudades m\u00e1s relevantes de la historia europea, de entre las m\u00e1s tur\u00edsticas \u2013y turistificadas- del continente, la m\u00e1s reconocible\u2026 y, a la vez, un lugar donde el tiempo se detuvo en alg\u00fan momento del siglo XX, all\u00e1 cuando Italia todav\u00eda era el estereotipo que dibujan los cineastas estadounidenses, donde todav\u00eda existe una tranquilidad infinita, casi desconocida.<\/p>\n<p>En el medio de una albufera -la laguna salobre que lleva su nombre- la ciudad hist\u00f3rica de Venecia es un conjunto de m\u00e1s de 100 islas unidas por 400 puentes. Aunque el municipio se extiende m\u00e1s all\u00e1, rodeando casi totalmente los 50 km de laguna, desde Mestre y Marghera, en la tierra firme, hasta el Lido, la franja de arena que la separa del mar donde se estableci\u00f3 el barrio costero en el que se celebra el famoso festival y las islas de Murano, Burano o Torcello, el centro hist\u00f3rico, el mayor de Europa, reconocible por su forma de raspa de pescado, est\u00e1 en mitad de la laguna, separado de todo y solo unido por el continente por un puente \u2013el de la Libertad- que sirve tanto al ferrocarril como al tr\u00e1fico rodado y los servicios de transporte mar\u00edtimo.<\/p>\n<p>La asombrosa sorpresa veneciana pasa inadvertida a muchos, a la mayor\u00eda. Es l\u00f3gico. Venecia es un lugar mil veces imaginado y otras tantas copiado. No hay lugar del mundo que no se precie de tener cerca una \u2018venecia\u2019: la de los Alpes, la del Norte, la de Escandinavia, la belga, la portuguesa\u2026 Ignoran que Venecia es algo m\u00e1s que una ciudad con canales, que m\u00e1s all\u00e1 de la concurridas Lista di Spagna y Strada Nuova, las calles que dan la bienvenida a los turistas cargados de maletas que desembarcan en el puerto del Tronchetto o en los autobuses de Piazzale Roma, en su camino hacia sus hoteles, hay algo totalmente distinto, una forma de ver la vida.<\/p>\n<p>Nunca deja de fascinarme la extra\u00f1a sensaci\u00f3n que se descubre cada vez que al llegar en tren a la estaci\u00f3n de Santa Lucia, un templo al ferrocarril de arquitectura racionalista del que parte el <em>Simplon Orient Express y\u00a0<\/em>que sirve de puerta de conexi\u00f3n entre dos dimensiones: la de la vulgar tierra firme y la de Venecia. La bienvenida a otro mundo la da ese conjunto de emociones que provocan el aroma del agua salada, la peculiar luz de la laguna, el tr\u00e1fico incesante de los <em>vaporetti\u00a0<\/em>por el Gran Canal, bajo el infame puente de la Constituci\u00f3n de Santiago Calatrava \u2013el \u00faltimo de los cuatro \u00fanicos puentes que cruzan sobre la <em>via\u00a0<\/em><em>acquea\u00a0<\/em>principal-\u2026<\/p>\n<p>Que hubo un tiempo en que Venecia rein\u00f3 sobre el Adri\u00e1tico es dif\u00edcil de esconder: lo confiesan sin tapujos la impresionante bas\u00edlica bizantina de San Marcos, frente a su campanario \u2013reconstruido tras un terremoto-, o su archiconocido Palacio Ducal, del que parte el puente de los Suspiros. Tambi\u00e9n la inmensa colecci\u00f3n de palacios del Canal Grande, desde la Ca\u2019 D\u2019Oro hasta Ca\u2019 Rezzonico, el Fondaco dei Tedeschi \u2013antigua oficina de correos, reconvertida en galer\u00eda comercial de lujo- o el mism\u00edsimo puente del Rialto, con sus joyer\u00edas, el monumento m\u00e1s ic\u00f3nico de la ciudad. Pero si la arquitectura veneciana nos evoca el milenio de Rep\u00fablica mar\u00edtima, los comerciantes como Marco Polo y la exagerada exaltaci\u00f3n de riqueza de la oligarqu\u00eda gobernante, creo que el verdadero mito veneciano es el que nace con su derrota.<\/p>\n<p>Napole\u00f3n dijo una vez que la plaza de San Marcos era el m\u00e1s bello sal\u00f3n del mundo. No se equivocaba. A\u00fan hoy pocos placeres son comparables al de un <em>brunch\u00a0<\/em>en una ma\u00f1ana tranquila en la terraza perfectamente dispuesta sobre la plaza del Caf\u00e9 Florian, fundado en 1720 \u2013medio siglo antes del nacimiento del Emperador franc\u00e9s-, amenizado por su orquesta. Cuando acabe, pague la cuenta sin prestarle atenci\u00f3n \u2013m\u00e1s vale no mirar los precios-, det\u00e9ngase unos minutos frente al espect\u00e1culo incesante de las g\u00f3ndolas en el <em>bacino\u00a0<\/em>(d\u00e1rsena) Orseolo, una \u2018plaza\u2019 de agua entre canales de donde parten la mayor\u00eda de los tours y cont\u00e9ngase a la tentaci\u00f3n de subirse a una. No vale la pena.<\/p>\n<p>San Marcos es un buen punto de partida para cualquier paseo por la ciudad y, sobre todo, es un buen punto de encuentro. Es rara la calle en la que una se\u00f1al no indique qu\u00e9 direcci\u00f3n seguir para llegar hasta all\u00ed. Al este de la plaza, por la magn\u00edfica Riva degli Schiavoni, un largo paseo junto la laguna conecta el centro neur\u00e1lgico de Venecia con su distrito m\u00e1s castizo: Castello, donde se instala la mayor parte de las exposiciones de la Bienal de arte contempor\u00e1neo, entre tendederos donde los venecianos m\u00e1s humildes ponen a secar sus s\u00e1banas reci\u00e9n lavadas. El trasiego de barcos es impresionante a cualquier hora del d\u00eda, tanto como el de turistas. Al otro lado, la peque\u00f1a isla de San Giorgio il Maggiore, con su bas\u00edlica y campanario, ofrece una espectacular vista de Venecia, con San Marcos en primer plano y los Alpes Orientales al fondo. Estoy seguro de que no querr\u00e1 perderse esa foto.<\/p>\n<p>Hacia el otro lado, al oeste de San Marcos est\u00e1 la ciudad m\u00e1s intensa: la Calle Larga XXII Marzo, donde se agolpan las boutiques internacionales, nos da paso a callejear por el barrio, pasando por el m\u00edtico Teatro La Fenice \u2013donde siempre hay representaciones de \u00f3peras populares con escenograf\u00edas recargadas al gusto italiano- camino del puente de la Academia, una pasarela de madera sobre el Gran Canal. Hace m\u00e1s de un lustro contaba en la prensa, en un art\u00edculo que era una defensa a ultranza de la Venecia real frente a los que insisten en se\u00f1alar la inminencia de su muerte que una vez me recogi\u00f3 un transportista en su barcaza, para llevarme entre las verduras hasta la universidad. Fue all\u00ed donde ocurri\u00f3. Si no tienen esa suerte, una alternativa al puente puede ser uno de los <em>traghetti\u00a0<\/em>(transbordadores) que cruzan el Gran Canal: son enormes g\u00f3ndolas de madera en las que los venecianos se mantienen de pie durante el trayecto de menos de un minuto.<\/p>\n<p>Al otro lado nos espera un paseo m\u00e1s tranquilo por los barrios de San Polo y Dorsoduro. Camino de la Punta della Dogana, la antigua aduana para los buques de los comerciantes que entraban en la laguna, pasaremos frente a la impresionante bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda de la Salud, tras la m\u00e1s merecida visita al museo de arte contempor\u00e1neo de la Colecci\u00f3n Peggy Guggenheim: alberga una interesante selecci\u00f3n de obras (como el Nacimiento de los deseos l\u00edquidos, de Dal\u00ed) en un delicioso edificio inacabado por la ruina de sus promotores, el Palacio Venier, con una maravillosa balconada sobre el Gran Canal.<\/p>\n<p>Dec\u00eda Alain Jupp\u00e9 que sent\u00eda la tentaci\u00f3n de abandonar su empe\u00f1o pol\u00edtico y dejar la vida p\u00fablica francesa para refugiarse en Venecia. No s\u00e9 si el primer ministro prefer\u00eda las divertidas casas de colores de Burano o la tranquilidad absoluta de la abandona isla de Mazzorbo, o quiz\u00e1s el paseo salpicado de un lado por las olas del mar y del otro por la laguna de los <em>murazzi\u00a0<\/em>(los muros de contenci\u00f3n que cierran la laguna) en Pellestrina. Yo, en cambio, si hubo un tiempo en que habr\u00eda pasado la vida entera recorriendo la Riva degli Schiavoni, quiz\u00e1s ahora \u2013confieso aqu\u00ed que el auge del turismo ha pasado factura-, optar\u00eda por pasear a un lado u otro del enorme canal de la Giudecca, que separa los seis barrios hist\u00f3ricos de su primer arrabal.<\/p>\n<p>All\u00ed, tanto el lujoso restaurante Riviera como la moderna pizzer\u00eda OKE, abandonada de los turistas y frecuenta por los universitarios de la ciudad, pueden ser una buena excusa para la cena, siempre que no prefiramos uno de los locales m\u00e1s tradicionales de Campo San Polo \u2013donde entrada la noche podemos sumarnos a la costumbre veneciana del vino caliente-. En ambos casos, la gastronom\u00eda veneciana solo tiene una norma: no sucumbir a las inercias del turismo o ser\u00e1 mejor optar por un McDonald\u2019s. La excepci\u00f3n la ponen algunos de los restaurantes de la Riva del Vin, como el Sommariva, con unas vistas estupendas del Gran Canal, justo delante del Rialto, pero hay que saber elegirlos.<\/p>\n<p>La mayor virtud de una noche veneciana no ser\u00e1 la cena, de eso no le quepa duda. Lo es el silencio atronador, la oscuridad infinita de las calles estrechas donde en los d\u00edas previos al Carnaval es f\u00e1cil cruzarse con alguien que nos atemorice por la sola presencia de su disfraz, el ruido incesante de las olas rompiendo contra los muros de los palacios mientras sube la marea. Apenas algunas luces rompen la armon\u00eda: las del casino, que ya no es ni la sombra decadente del lugar elegante que alg\u00fan d\u00eda fue; las de las terrazas de moda, como la de la azotea del precioso hotel Hilton Molino Stucky, en una bell\u00edsima f\u00e1brica remodelada del XIX en la isla de Giudecca o la del hotel Danieli junto al Palacio Ducal o el Westin del Gran Canal; tambi\u00e9n las de los <em>vaporetti\u00a0<\/em>que incesantemente recorren la ciudad, d\u00eda y noche.<\/p>\n<p>Solo le pido una cosa: antes de dormir, tarde, de madrugada, cruce San Marcos. Con suerte la marea habr\u00e1 subido lo suficiente como para que el agua de la laguna empiece a brollar en el centro de la plaza d\u00e1ndonos a imaginar una sutil <em>acqua alta<\/em>. As\u00ed es como se gana la inmortalidad porque, parafraseando a Jupp\u00e9, una vez que se ha visto Venecia no se puede morir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sol de la primavera empieza a iluminar los callejones normalmente sombr\u00edos del Cannareggio, el m\u00e1s populoso distrito (sestiere) de Venecia. 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