{"id":166,"date":"2020-05-16T20:26:55","date_gmt":"2020-05-16T18:26:55","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=166"},"modified":"2020-05-17T01:01:04","modified_gmt":"2020-05-16T23:01:04","slug":"roma-o-la-gran-belleza-de-lo-desconocido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/05\/16\/roma-o-la-gran-belleza-de-lo-desconocido\/","title":{"rendered":"Roma, o la gran belleza de lo desconocido"},"content":{"rendered":"<p>Escribir sobre Roma sin caer en los t\u00f3picos es una tarea complicada. Es una ciudad que todos \u2013y m\u00e1s los espa\u00f1oles- conocen y en la que todos hemos estado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Para muchos ha sido incluso su primer destino fuera de las fronteras del pa\u00eds. Poco aportar\u00edan tres mil palabras dedicadas a hablar de la Roma de los viajes de fin de curso, la de las peregrinaciones parroquiales, la de los j\u00f3venes enamorados, la del viaje familiar\u2026 De la Roma universal todo se ha dicho: desde los <em>clich\u00e9s fellinianos\u00a0<\/em>del paseo en Vespa frente al Coliseo hasta las intrigas de Dan Brown en el Vaticano.<\/p>\n<p>Pero, pese a todo, Roma era necesaria en este peque\u00f1o trabajo personal de narrar algunos de los lugares de mi vida, aunque solo sea porque all\u00ed es donde me han sucedido an\u00e9cdotas m\u00e1s extra\u00f1as, las que me dan m\u00e1s juego en las cenas, algunas de las cuales no se pueden contar en p\u00fablico. O, al menos, no todav\u00eda.<\/p>\n<p>Fui consciente de haber alcanzado un grado de conocimiento suficiente de Roma una noche que sal\u00ed a cenar a un restaurante de via Vittorio Veneto, la calle conocida por haber sido la m\u00e1s exclusiva de la ciudad. Era estudiante de m\u00e1ster -hace ya m\u00e1s de un lustro- en la Universidad Tor Vergata, a la que los locales llaman <em>Seconda Universit\u00e0<\/em>, en un evidente ejercicio de pragmatismo, para diferenciarla de La Sapienza. A la salida, cog\u00ed el coche para volver al lugar en que me hospedaba, muy a las afueras, hasta que me percat\u00e9 de que me persegu\u00eda una furgoneta de matricula ucraniana.<\/p>\n<p>La curiosidad se torn\u00f3 r\u00e1pido en preocupaci\u00f3n y el breve viaje que me esperaba se convirti\u00f3 en una persecuci\u00f3n nocturna, entrando y saliendo de Roma, recorriendo barrios durante varias horas, en las que por absurdo que fuese el recorrido que tomaba cada vez, o por mucho que excediera los l\u00edmites de velocidad, la furgoneta segu\u00eda ah\u00ed. El aviso a la polic\u00eda italiana tampoco mejor\u00f3 mucho la situaci\u00f3n: se limitaron a informarme de que una banda de secuestradores expr\u00e9s ucranianos estaba operando en la ciudad y que tuviera cuidado. Fue harto tranquilizador.<\/p>\n<p>Aquella noche, que acab\u00f3 con los ucranianos huyendo de unos militares armados hasta los dientes a trav\u00e9s del parking de la estaci\u00f3n del Trastevere me confirm\u00f3 dos cosas: que conoc\u00eda Roma lo suficiente como para recorrerla sin indicaciones y que \u2013quiz\u00e1s por eso mismo- nunca vivir\u00eda all\u00ed. Y es que Roma tiene dos caras: el museo al aire libre, los infinitos monumentos y la historia inabarcable es una; la inmensidad inc\u00f3moda de la ciudad desconocida, asentada sin soluci\u00f3n sobre la oda permanente de Italia a su propia decadencia es la otra.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil hablar de Roma con el romanticismo con el que se hace de Par\u00eds o con la admiraci\u00f3n de Nueva York. No me malinterprete, la Ciudad Eterna es y ser\u00e1 siempre uno de los lugares m\u00e1s maravillosos de la Tierra pero a m\u00ed me transmite una normalidad en ocasiones aburrida, en otras cansada, solo atenuada por la permanente visi\u00f3n de los monumentos, uno tras otro, entre las hordas de turistas que se afanan a fotografiar desde la escalinata de la Plaza de Espa\u00f1a a la Fontana di Trevi \u2013cuya visi\u00f3n nocturna, cuando todav\u00eda era posible encontrar una hora del d\u00eda en que no estuviera invadida por la multitud, evocaba un oasis de sensaciones inimitables que supongo que solo un verdadero oasis en el desierto puede replicar-.<\/p>\n<p>En cierto modo, para m\u00ed, Roma es una tregua conocida, un lugar al que ir en b\u00fasqueda de la tranquilidad de pasear, respirar y \u2013por qu\u00e9 no- comer, sin sentirse agobiado por la necesidad de visitar o de conocer, porque pocos secretos aguarda. Es como la casa en el \u00e1rbol del ni\u00f1o que se aleja en su tranquilidad de la vida real, aun cuando, a diferencia de la caba\u00f1a, en Roma casi nunca reina la tranquilidad, quiz\u00e1s salvo en un pu\u00f1ado de lugares a\u00fan a salvo del turismo de masas.<\/p>\n<p>Como Paolo Sorrentino en su <em>opera magna<\/em>, si tuviera que comenzar un tranquilo paseo por Roma lo har\u00eda en el Gianicolo. En esa colina detr\u00e1s del Vaticano, que no es una de las cl\u00e1sicas colinas que se enumeran habitualmente al hablar de la ciudad, con unas inmejorables vistas, bajo el Faro que los italianos de Argentina regalaron a su capital. No hay nada m\u00e1s que hacer, m\u00e1s all\u00e1 de pasear por la balconada, una ma\u00f1ana cualquiera, minutos antes de que el Ej\u00e9rcito anuncie el mediod\u00eda con una salva de ca\u00f1\u00f3n bajo la estatua de Garibaldi que preside la colina \u2013lo hacen cada d\u00eda, sin excepci\u00f3n-. Un poco m\u00e1s abajo, la Fontana dell\u2019Aqcua Paola, una de las m\u00e1s impresionantes y famosas de la ciudad, nos acoge con el rumor de sus aguas frente a la residencia del embajador espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>La vista desde all\u00ed es fant\u00e1stica: del Vaticano al Pante\u00f3n, pasando por el Vittoriano y todas las iglesias de la ciudad. No muy lejos, si fu\u00e9ramos en coche, podr\u00edamos acercarnos, tras recorrer la via Aurelia Antica, uno de esos caminos de periferia romanos que \u2013salvo por los coches- parece que se hayan mantenido inc\u00f3lumes durante dos mil a\u00f1os y que, no en vano, siguen el trazado original de aquel tiempo, hasta la via Niccol\u00f2 Piccolomini: esta calle de barrio residencial de extrarradio que termina en una balconada con vistas a la c\u00fapula de San Pedro del Vaticano no tendr\u00eda ning\u00fan inter\u00e9s de no ser porque produce un extra\u00f1o efecto \u00f3ptico, por el que seg\u00fan te acercas al templo, parece que \u00e9ste se aleje, y al contrario. Aunque si lo que se quiere es cercan\u00eda con la iglesia madre del catolicismo, el paseo del Gelsomino, sobre la plataforma del ferrocarril que une el Vaticano con Italia, es quiz\u00e1s una opci\u00f3n m\u00e1s interesante.<\/p>\n<p>El descenso del Gianicolo puede hacerse por dos lados: hacia San Pedro o hacia el Trastevere. Sin duda, la segunda es mejor. Aquel barrio, olvidado antes y ahora convertido en icono del turismo bohemio, espera a los pies de la colina, hasta que se le alcanza descendiendo una escalera. Las calles estrechas y las casas coloridas conforman una trama urbana especialmente cerrada al r\u00edo que le da nombre, cuya existencia pasa desapercibida all\u00ed como sucede \u2013tristemente- en casi toda la ciudad. Frente a la iglesia de Santa Mar\u00eda del Trastevere me aficion\u00e9 yo a los zumos de naranja sanguina \u2013la \u00fanica que consumen en Italia-, solo a unos pasos del m\u00edtico restaurante Carlo Menta, frecuentado casi exclusivamente por locales y turistas espa\u00f1oles, seguramente por sus precios absurdamente bajos.<\/p>\n<p>Pese a la fama, Roma no es una ciudad para gourmets. Los restaurantes para turistas regidos por inmigrantes han copado casi todo el centro, donde son pocos los sitios que conservan el sabor romano. Que sean zafios y destartalados, como las cl\u00e1sicas pizzer\u00edas Da Baffetto y La Montecarlo, en el barrio de Parione, junto a la Piazza Navona, ayuda a que no est\u00e9n invadidos por la muchedumbre europea y norteamericana que asola la ciudad en cualquier momento del a\u00f1o. La escasa oferta moderna la encabezan, adem\u00e1s de la cadena Eataly, los m\u00e1s modestos locales de Ginger, un restaurante que sirve productos ecol\u00f3gicos a dos pasos de la Plaza de Espa\u00f1a y mi preferido, La Gallina Bianca, junto a via Cavour donde siguen aceptando servirme tortillas aunque hace a\u00f1os que las retiraron de la carta.<\/p>\n<p>No voy a negar que cada vez que vuelvo a Roma paso la mayor parte del tiempo contempl\u00e1ndola desde lo alto. Me gusta m\u00e1s que recorrer sus calles atestadas y, adem\u00e1s, hay varios lugares que permiten hacerlo. Mi preferido es el mirador del Jard\u00edn de los Naranjos, en el monte Aventino, en el extremo de un barrio residencial, apartado de la ciudad por las ruinas romanas del Circo M\u00e1ximo y el r\u00edo. All\u00ed, con el olor a azahar y la tranquilidad de las ma\u00f1anas de un d\u00eda cualquiera de primavera, las vistas a la ciudad son majestuosas.<\/p>\n<p>Si me perdonan que en este intento de huir de los clich\u00e9s romanos les cuente uno de los m\u00e1s repetidos les dir\u00e9 que una curiosa experiencia aguarda a pocos pasos del jard\u00edn: acercando el ojo a la cerradura de la puerta que da acceso a la embajada de la Orden de Malta ante Italia \u2013que, esta s\u00ed, goza del raro privilegio de la extraterritorialidad- adem\u00e1s de una vista curiosa a la bas\u00edlica de San Pedro, puede decirse que se ven a la vez tres Estados distintos. Y es que, como casi todos saben, Roma no solo alberga la capital italiana, sino tambi\u00e9n rodea el Estado de la Ciudad del Vaticano y, adem\u00e1s, acoge la sede de dos sujetos de derecho internacional \u2013equiparables a Estados independientes- que no disponen de territorio propio per que s\u00ed ejercen su jurisdicci\u00f3n sobre algunos lugares de la ciudad sobre los que el Gobierno italiano reconoci\u00f3 la extraterritorialidad: son la Santa Sede y la Soberana Orden de Malta.<\/p>\n<p>Que a lo largo de toda la ciudad y su periferia sea posible encontrarse con peque\u00f1os enclaves de estos \u2018Estados\u2019 convierte a Roma en uno de los lugares predilectos para cualquier <em>friki\u00a0<\/em>de las fronteras, desde la bas\u00edlica de San Juan de Letr\u00e1n \u2013la catedral de Roma, que est\u00e1 bajo el patronazgo del Presidente franc\u00e9s y en la jurisdicci\u00f3n del Papa-, hasta los jardines del palacio pontificio de Castel Gandolfo, junto al bell\u00edsimo lago Albano, cuya forma casi perfectamente redonda recuerda su origen volc\u00e1nico. Pero si hay una experiencia internacional curiosa en Roma es la adentrarse en las calles de la Ciudad del Vaticano, aunque salvo que se cuente con la fortuna de haber sido invitado por el pont\u00edfice la \u00fanica forma de hacerlo es con una receta m\u00e9dica que sirva de excusa para que los guardias suizos te permitan cruzar la frontera para dirigirte a la Farmacia Vaticana, famosa por no seguir las normas europeas.<\/p>\n<p>A los romanos le gustan las alturas tanto como a m\u00ed, quiz\u00e1s por lo dif\u00edcil que se hace vivir su ciudad desde el suelo. El Jep Gambardella de Sorretino vive en un \u00e1tico frente al Coliseo y organiza sus fiestas en otro \u00e1tico, \u00e9ste en via Veneto. No lejos de all\u00ed, pasando el Trit\u00f3n de Bernini, el <em>afterwork\u00a0<\/em>local se celebra en la terraza de los grandes almancenes <em>La Rinascente<\/em>, los \u00fanicos de la ciudad y los mejores de Italia, casi equiparables a las <em>Galeries Lafayette\u00a0<\/em>parisinas, donde curiosamente no se adentran demasiado los turistas, que a\u00fan nos dejan a salvo la azotea para disfrutar de un atardecer latino regado de <em>spritz<\/em>. Para los c\u00f3cteles m\u00e1s elaborados, en cambio, es mejor alejarse un poco, recorrer el viale della Trinit\u00e0 dei Monti, ver \u2013de nuevo, desde arriba- la Plaza de Espa\u00f1a desde su mejor \u00e1ngulo, en lo alto de la escalinata, y seguir hasta el Pincio, el monte que separa los jardines de Villa Borghese de la Piazza del Popolo y el centro hist\u00f3rico, que albergaba las mansiones de algunos adineradas familias patricias en tiempos imperiales y hoy es un agradable parque urbano con espl\u00e9ndidas vistas. All\u00ed, controlando desde lo alto el Campo de Marte, encontramos la Casina Valadier, un palacete decimon\u00f3nico convertido en el caf\u00e9 m\u00e1s exclusivo de la ciudad, que ser\u00eda el mayor inter\u00e9s del lugar de no ser por el curioso Reloj de Agua que fue llevado hasta Roma desde la Expo de Par\u00eds.<\/p>\n<p>La verdadera Roma ind\u00f3mita se abre paso en el extrarradio, alejada de las alturas de las colinas. El EUR es un barrio de concepci\u00f3n fascista con el que Mussolini quiso poner su huella definitiva en la historia uniendo la ciudad de Roma con el mar \u2013fracas\u00f3-, es un conjunto arquitect\u00f3nico en ese abandono romano que es m\u00e1s bien la absoluta ausencia de cuidados, porque est\u00e1 en uso, que retrotrae a un tiempo pasado y a sensaciones encontradas, entre la potencia de la obra racionalista, el rid\u00edculo en que han devenido los s\u00edmbolos de aquel r\u00e9gimen, y las malas hierbas que brotan en cada rinc\u00f3n.<\/p>\n<p>Por cierto, all\u00ed, en el EUR, junto al conocido Palazzo della Civilt\u00e0 Italiana \u2013el Coliseo cuadrado- el Caff\u00e9 Palombini es un curioso viaje a los a\u00f1os 80 espa\u00f1oles y uno de los mejores lugares en la ciudad para una tranquila merienda, solo superado por el Caff\u00e9 Greco, en la mucho m\u00e1s elegante y c\u00e9ntrica via Condotti, que tras m\u00e1s de 250 a\u00f1os sirviendo su tarta de cerezas a clientes como Hans Christian Andersen\u00a0 o Richard Wagner \u2013entre otras cosas, pero pida eso- sigue abierto al p\u00fablico.<\/p>\n<p>Pero la Roma perif\u00e9rica no solo es contempor\u00e1nea. La huella de casi tres milenios de historia es indeleble en toda la regi\u00f3n y la amplia periferia romana est\u00e1 salpicada por monumentos antiguos \u2013desde catacumbas hasta anfiteatros-, como los de Ostia Antica, a un paso del paseo mar\u00edtimo, o las sorprendentes villas romanas de Tivoli. Sin embargo quiz\u00e1s por nostalgia, quiz\u00e1s solo por costumbre, el parque de la via Appia Antica, que sigue el eje de la calzada romana que todav\u00eda se conserva en su estado original y que en sus buenos tiempos un\u00eda la capital con Brindisi \u2013en el tac\u00f3n de la pen\u00ednsula-, es para m\u00ed el mejor ba\u00f1o en una campi\u00f1a romana todav\u00eda cercana a la urbe, entre un ambiente delicioso en el que se sienten tanto la serenidad como el peso de la historia, ante las tumbas de S\u00e9neca o los Escipi\u00f3n.<\/p>\n<p>En aquella zona, plagada de sepulcros, ruinas y templos romanos de toda clase, destaca sin duda el Parque de los Acueductos, el jard\u00edn m\u00e1s grande de Europa y uno de los m\u00e1s impresionantes, no muy lejos de la antigua Cinecitt\u00e0. No hay duda de que all\u00ed, entre las sombras de los magn\u00edficos acueductos que a\u00fan se conservan en pie, con los montes romanos en el horizonte y una pradera de flores descuidada, se inspiraron los c\u00e9lebres cineastas italianos que llevaron las siluetas bimilenarias a obras maestras como <em>La dolce vita\u00a0<\/em>o <em>La grande bellezza<\/em>. Y es que en esas historias, como en todas las m\u00e1s bellas, la protagonista siempre es Roma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escribir sobre Roma sin caer en los t\u00f3picos es una tarea complicada. Es una ciudad que todos \u2013y m\u00e1s los espa\u00f1oles- conocen y en la que todos hemos estado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Para muchos ha sido incluso su primer destino fuera de las fronteras del pa\u00eds. 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