{"id":171,"date":"2020-06-20T21:04:47","date_gmt":"2020-06-20T19:04:47","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=171"},"modified":"2020-06-20T21:19:58","modified_gmt":"2020-06-20T19:19:58","slug":"washington-barras-y-estrellas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/06\/20\/washington-barras-y-estrellas\/","title":{"rendered":"Washington, barras y estrellas"},"content":{"rendered":"<p>Cuando pienso en la capital de los Estados Unidos resuena en mi cabeza la sinton\u00eda con la que William Walden gan\u00f3 un Emmy para <em>El Ala Oeste de la Casa Blanca<\/em>, la serie de Aaron Sorkin que me hac\u00eda trasnochar de ni\u00f1o para seguirla en La 2 en las \u00faltimas madrugadas del siglo pasado. Es en el lado Este, pero del r\u00edo Potomac, donde se levanta la ciudad que lleva el nombre del fundador de la naci\u00f3n m\u00e1s poderosa de la historia y que se construy\u00f3 para albergar su gobierno.<\/p>\n<p>Prometo que he intentado no caer en los t\u00f3picos pero con Washington resulta imposible. Pocos lugares en el mundo \u2013si es que hay alguno- albergan mayor carga simb\u00f3lica que los algo menos de doscientos kil\u00f3metros cuadrados que el estado de Maryland cedi\u00f3 a la federaci\u00f3n para constituir el Distrito de Columbia, ese peque\u00f1o rect\u00e1ngulo que recuerda a un foro romano de la civilizaci\u00f3n norteamericana, a lo que sin duda contribuye el estilo neocl\u00e1sico de los principales edificios de la capital de la \u00fanica superpotencia que ha sobrevivido a la modernidad. El centro de todo es el National Mall, una infinita explanada de hierba sobre la que se erigen los templos de la religi\u00f3n republicana que albergan la sede de las principales instituciones federales americanas. En extremos opuestos, la Casa Blanca y el Capitolio, dos de los edificios m\u00e1s famosos de la Tierra, no se miran, sino que se ven reflejados en el enorme obelisco que homenajea al padre fundador de la patria y que fue la mayor estructura humana concebida hasta la Torre Eiffel.<\/p>\n<p>Visitar la Casa Blanca, uno de mis sue\u00f1os de infancia, es algo restringido a los ciudadanos americanos, salvo \u2013l\u00f3gicamente- que se reciba la invitaci\u00f3n del Presidente. La peque\u00f1a mansi\u00f3n blanca, frente a la que permanentemente se arremolinan los manifestantes, solo podremos verla en la distancia o quiz\u00e1s intuir la silueta oval del despacho presidencial desde el lado trasero. As\u00ed recuerdo mi primera visita a Washington, en la que pese a la oscuridad y al frio de una noche diciembre no pude resistirme a acercarme bajo la nieve hasta la Elipse, la parte p\u00fablica del jard\u00edn presidencial, para ver de cerca aquella vivienda que tantos han ansiado. Mientras, junto a m\u00ed, entre el \u00c1rbol de Navidad Nacional y el medio centenar de peque\u00f1os \u00e1rboles de tama\u00f1o dom\u00e9stico decorados por ni\u00f1os de cada uno de los estados y territorios americanos, algunos cantaban villancicos interrumpidos por el pitido incesante de la maqueta de tren que instala la asociaci\u00f3n local. Mi primer contacto con la capital americana fue esclarecedor: hasta el m\u00e1s poderoso del mundo es menos fiero desde cerca.<\/p>\n<p>A diferencia de lo impenetrable de la mansi\u00f3n presidencial, el Capitolio, la casa de la primera y m\u00e1s longeva democracia del globo que toma el nombre de la colina romana que fue centro pol\u00edtico del mundo conocido, est\u00e1 abierta a todos. Pero, aunque no puedo negar mi extra\u00f1a costumbre de visitar parlamentos, debo reconocer que no es demasiado interesante conocer el edificio, tantas veces reproducido en el cine y que \u2013al menos, a m\u00ed- me produjo un peque\u00f1o <em>s\u00edndrome de Par\u00eds<\/em>, quiz\u00e1s porque es mucho m\u00e1s peque\u00f1o que lo impresionante que parece en la distancia o quiz\u00e1s porque, como todos los mitos, de cerca pierden misterio. Solo salvo su famosa c\u00fapula bajo la que se representan escenas de la historia americana, con varios espa\u00f1oles en ellas.<\/p>\n<p>En cambio, poder acceder a una sesi\u00f3n del Senado o de la C\u00e1mara de los Representantes (curiosamente, es m\u00e1s f\u00e1cil para los extranjeros que para los nacionales, que necesitan una invitaci\u00f3n de su congresista) s\u00ed es una experiencia que merece la pena vivir. Quiz\u00e1s tengan suerte y, como yo, se encuentren a un filibustero hablando sin l\u00edmite desde la tribuna para evitar que se someta a votaci\u00f3n un proyecto de ley que perjudica a su circunscripci\u00f3n. Aunque no la pronunci\u00f3 en Washington \u2013porque entonces todav\u00eda no exist\u00eda- sino en Nueva York, la famosa frase de Alexander Hamilton alcanza en aulas vac\u00edas su significado m\u00e1ximo: \u00ab<em>Here, sir, the people govern; here they act by their immediate representatives<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Y es que Washington es esencialmente pol\u00edtica. La concentraci\u00f3n de cargos electos, asesores y lobistas de los m\u00e1s variopintos colectivos, adem\u00e1s de estudiantes y becarios atra\u00eddos por las cegadoras luces del poder desde todos los rincones del pa\u00eds y del mundo, confieren a la ciudad a la orilla del Potomac de un ambiente de <em>thriller<\/em>pol\u00edtico en la vida real que solo es comparable a lo que, de un modo algo menos sobreactuado, se puede ver en Bruselas, otra urbe con la que comparte la caracter\u00edstica de tener una vida cultural y social desmesurada gracias al inter\u00e9s permanente de los grupos de presi\u00f3n por tejer relaciones. Pero la democracia no lo es sin lo que los anglosajones llaman <em>rule of law<\/em>y los latinos <em>Estado de Derecho<\/em>: por eso, aunque cueste hacer una cola matutina a la puerta del en\u00e9simo edificio neocl\u00e1sico que recuerda a un templo griego pero que alberga el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, presenciar una vista del \u00f3rgano jurisdiccional m\u00e1s importante del mundo \u2013y, sin duda, el m\u00e1s transparente- es un espect\u00e1culo digno de reemplazar a una sesi\u00f3n de \u00f3pera.<\/p>\n<p>A pesar de las ruedas de prensa en cualquier escalera y de esa sensaci\u00f3n de inmediatez que ti\u00f1e a la pol\u00edtica de la que Washington es el epicentro, la capital tambi\u00e9n es la memoria viva de la naci\u00f3n que gobierna: pese a su juventud como pa\u00eds, los americanos han labrado en piedra el recuerdo a sus primeros pasos. Desde el apartado monumento a Jefferson, en la orilla del r\u00edo, hasta \u2013por supuesto- el templo que recuerda a Lincoln, en el extremo del Mall contrario al Capitolio, ambos de un impresionante neocl\u00e1sico, los distintos memoriales p\u00fablicos son un recordatorio permanente de la importancia de la democracia y la libertad en el imaginario colectivo de una naci\u00f3n construida sobre ellas, de unas dimensiones catedralicias desconocidas a los edificios civiles de este lado del Charco.<\/p>\n<p>Un paseo irrenunciable, al menos en una primera visita a Washington, exige cruzar la frontera estatal desde los pies de Lincoln a trav\u00e9s del Potomac, sobre el puente de Arlington, que nos conduce a la ciudad de ese nombre en Virginia, m\u00e1s famosa por albergar el Pent\u00e1gono, la sede de la defensa americana. Sin embargo, no es ese icono del poder \u2013y del dolor, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001- lo que merece cruzar el inmenso cauce del r\u00edo, que recorrido a pie, aunque sea transversalmente, bien puede parecer el mar, sino el cementerio nacional donde se rinde homenaje a muchos de los miles de soldados ca\u00eddos en el campo de batalla. Adentrarse en los caminos de ese bello camposanto, de inmensas praderas verdes y l\u00e1pidas de m\u00e1rmol blanco, exige una preparaci\u00f3n mental con la que, sin duda, no cuento, para soportar la angustia de la inevitable mirada a las fechas de nacimiento y defunci\u00f3n de los ca\u00eddos. El visitante tiene que ser un ni\u00f1o para no saberse mayor que todos ellos. En ese paseo, que m\u00e1s que visita es un ejercicio de introspecci\u00f3n, encontraremos en alg\u00fan momento la tumba al soldado desconocido, el famoso memorial de Iwo Jima que recrea la fotograf\u00eda de Joe Rosenthal de unos soldados levantando la bandera de las barras y estrellas en su lucha contra el fascismo en suelo japon\u00e9s y, tambi\u00e9n, el monumento al asesinado presidente Kennedy, que da nombre a la \u00f3pera de la ciudad.<\/p>\n<p>Pero no solo de pol\u00edtica vive el hombre y el Washington federal ofrece las ventajas de toda capital que se precie \u2013y m\u00e1s si lo ha sido de un <em>imperio<\/em>-. La visita a la infinita colecci\u00f3n de los museos smithsonianos y los dem\u00e1s museos nacionales del Mall hay que comenzarla en el castillo entre neog\u00f3tico y neorrom\u00e1nico de arenisca roja que alberga la sede de la instituci\u00f3n cultural m\u00e1s famosa del mundo, y continuarla ya a gusto de cada uno: desde el Museo Nacional del Aire y del Espacio hasta el \u2013a mi juicio, m\u00e1s interesante- jard\u00edn del esculturas del Museo Hirshhorn; pero sin obviar jam\u00e1s ni la c\u00fapula de la Galer\u00eda Nacional de Arte, que es una copia a tama\u00f1o real de la del Pantheon de Roma, ni el Jard\u00edn Bot\u00e1nico estadounidense, su precioso invernadero y su magn\u00edfica rosaleda.<\/p>\n<p>La tranquilidad del agua fluyente por los canales del jard\u00edn no destaca aqu\u00ed, a diferencia de en otras grandes ciudades, con la que se vive fuera de sus muros. La capital estadounidense es una ciudad de est\u00e9tica norteeuropea y ambiente relajado, con casas bajas salvo por los numerosos edificios gubernamentales y, s\u00ed, un correteo incesante de j\u00f3venes trajeados pero cuya velocidad y querencia por las cafeter\u00edas y los <em>pique-niques<\/em>\u2013a diferencia de la habitual en otras ciudades como Nueva York o Londres- delata que no es la abogac\u00eda de los negocios ni la banca de inversi\u00f3n el negocio local, otra similitud con Bruselas, una ciudad a la que es dif\u00edcil olvidar seg\u00fan nos alejamos del centro hacia Dupont Circle, el barrio m\u00e1s <em>chic<\/em>de la ciudad y que fue su <em>gay village<\/em>, con una arquitectura a caballo entre el Greenwich Village neoyorquino y la capital europea. \u00a0Antes de partir, quiz\u00e1s queramos guiarnos por las calles que dise\u00f1\u00f3 el urbanista Pierre L\u2019Enfant, nacido en la periferia de Par\u00eds y soldado de la Guerra de la Independencia estadounidense, gracias al inmenso plano que est\u00e1 representado en el pavimento de la Freedom Plaza, en mitad de la famosa avenida Pensilvania que une las sede de los poderes ejecutivo y legislativo.<\/p>\n<p>El mapa quiz\u00e1s nos ayude a ubicarnos en el centro, para encontrar joyas de la arquitectura contempor\u00e1nea como el famoso edificio J. Edgar Hoover, que alberga la sede del FBI, de estilo brutalista, o la fant\u00e1stica Biblioteca del Congreso, donde nos podemos acercar \u2013todo lo que nos lo permitan- a documentos de la importancia de la Declaraci\u00f3n de Independencia o la biblia de Gutemberg. La impresionante sala de lectura principal, de la altura de una estaci\u00f3n de tren como la Union Station, es una atracci\u00f3n en s\u00ed misma. Sin embargo, no encontraremos entre los trazados de L\u2019Enfant algunos curiosos bienes federales como el Arboretum Nacional, el precioso parque Rock Creek \u2013de un rojo atronador en oto\u00f1o- o el curioso campus de la Universidad Georgetown, que como cualquiera de las americanas, hay que visitar a finales de agosto, cuando los estudiantes se mudan a sus residencias, formando un espect\u00e1culo migratorio que hace languidecer a las aves.<\/p>\n<p>Y es que, m\u00e1s all\u00e1 del m\u00e1rmol blanco de los pilares del poder pol\u00edtico americano, la ciudad de Washington se deja conocer, tambi\u00e9n, entre calles m\u00e1s humildes en sus pretensiones, en sus periferias populares y multi\u00e9tnicas o en el ambiente europeo que se respira entre las mesas de <em>Le Diplomate<\/em>, el bistr\u00f4t franc\u00e9s de Logan Circle o en la barra del <em>Boquer\u00eda<\/em>o del <em>Minibar<\/em>espa\u00f1ol de Jos\u00e9 Andr\u00e9s; aunque la capital nos recuerde qui\u00e9n es y a qu\u00e9 se juega all\u00ed en el <em>afterwork<\/em>con vistas al Potomac de la azotea del hotel The Watergate. Lo queramos o no, en Washington siempre suena de fondo la sinton\u00eda de <em>El Ala Oeste<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando pienso en la capital de los Estados Unidos resuena en mi cabeza la sinton\u00eda con la que William Walden gan\u00f3 un Emmy para El Ala Oeste de la Casa Blanca, la serie de Aaron Sorkin que me hac\u00eda trasnochar de ni\u00f1o para seguirla en La 2 en las \u00faltimas madrugadas del siglo pasado. Es [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":47,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/171"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/users\/47"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=171"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/171\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":173,"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/171\/revisions\/173"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=171"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=171"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=171"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}