{"id":175,"date":"2020-07-04T14:38:32","date_gmt":"2020-07-04T12:38:32","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=175"},"modified":"2020-07-04T14:39:04","modified_gmt":"2020-07-04T12:39:04","slug":"monaco-rien-ne-va-plus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/07\/04\/monaco-rien-ne-va-plus\/","title":{"rendered":"M\u00f3naco: rien ne va plus."},"content":{"rendered":"<p>Una de las sensaciones de mi verano es la del viento entrando por el techo abierto del coche al llegar a la <em>Grande Corniche<\/em>. Son m\u00e1s de diez horas de viaje desde Valencia por una autopista atestada y car\u00edsima, hasta llegar a Niza, para tomar la famosa <em>promenade des Anglais\u00a0<\/em>primero y luego la carretera panor\u00e1mica de infinita belleza que une la capital de la Costa Azul con Italia. En realidad son tres rutas paralelas a distintas alturas sobre el mar, que surcan la escarpada costa pasando junto a las playas de Saint-Jean-Cap-Ferrat, en las que veraneaba la familia Rothschild, o junto a las calles del pueblo medieval deliciosamente conservado de \u00c8ze. Ese viento huele distinto: a mar, a pinos y a lavanda, a tranquilidad y a mito. Fue en una de esas curvas desde las que se ve al fondo el siempre convulso golfo de Le\u00f3n, con C\u00f3rcega saludando agazapada, donde perdi\u00f3 la vida Grace Kelly, la princesa Gracia, la diva del cine americano que dej\u00f3 Hollywood para casarse con el soberano de un peque\u00f1o pueblo de costa y lo convirti\u00f3 en leyenda: es M\u00f3naco, el lugar donde la <em>joie de vivre\u00a0<\/em>pasa el verano.<\/p>\n<p>El Principado de M\u00f3naco es el segundo pa\u00eds m\u00e1s peque\u00f1o del mundo, a pesar de haberle ganado buena parte de tu territorio al mar. Con sus poco m\u00e1s de 200 hect\u00e1reas es solo un poco m\u00e1s grande que el centro hist\u00f3rico de la ciudad de Valencia, tambi\u00e9n es el m\u00e1s densamente poblado: toda su superficie est\u00e1 urbanizada y las viviendas alcanzan all\u00ed precios incre\u00edbles en cualquier otro lugar del mundo, sobre todo si las compara con la ciudad francesa de Beausoleil, la periferia monegasca que en muchos casos est\u00e1 solo <em>en la acera de enfrente<\/em>, pero sin la atractiva fiscalidad del principado. Pero, pese a su tama\u00f1o, el lugar de peregrinaje mundial que construyeron la popularidad de la princesa Gracia y el ingenio de Rainiero III, tiene todo lo que se puede esperar de una capital europea de primer orden.<\/p>\n<p>Lo que cualquiera espera de M\u00f3naco se concentra en su barrio m\u00e1s famoso: Montecarlo. Alrededor de su m\u00edtico casino, ca\u00eddo \u2013como casi todas las salas europeas equivalentes, como la de Venecia- en una pretenciosa decadencia, cada atardecer se abre paso con el ruido incesante de los coches m\u00e1s lujosos que rodean la rotonda que lo separa del reconocible H\u00f4tel de Paris, a un lado, y el inexcusable Caf\u00e9 de Paris, al otro. Es all\u00ed, entre las se\u00f1oras que lucen el famoso bolso <em>2.55\u00a0<\/em>que concibi\u00f3 Coco Chanel, quiz\u00e1s pensando en aquel lugar, acompa\u00f1adas generalmente de hombres mucho menos elegantes que ellas \u2013o de mujeres tan elegantes como ellas-, que el mito monegasco toma cuerpo, luz, color y hasta olor, el de los perfumes y la gasolina, mientras el dinero corre en la ruleta cada vez que el crupier grita su <em>messieurs, faites vos jeux<\/em>, y que \u2013de tenerlo- preferir\u00eda gastar en el restaurante de la azotea del Hotel H\u00e9rmitage, en las boutiques internacionales del cl\u00e1sico M\u00e9tropole o el reciente One Monte-Carlo, tras descansar en el <em>chill-out<\/em> Nikki Beach del Fairmont, el hotel construido sobre el mar bajo el que pasa el <em>boulevard Louis II<\/em>, el falso t\u00fanel del circuito de F\u00f3rmula 1.<\/p>\n<p>La noche monegasca es de Montecarlo, de su \u00d3pera construida a imagen y semejanza del Palais Garnier de Par\u00eds por su mismo arquitecto, de las copas que sirven en el Buddha en los jadines del casino y del agua del mar salpicando en los transe\u00fantes del t\u00fanel \u2013el famoso t\u00fanel- en la oscuridad, quiz\u00e1s camino de la cena en Cipriani \u2013la filial local del restaurante italoneoyoquino- o del mucho m\u00e1s popular McDonald\u2019s que, como todo en M\u00f3naco, tiene vistas al mar. La actividad sigue en Port H\u00e9rcule, la marina de megayates y peque\u00f1os cruceros del barrio de La Condamine, que es el centro neur\u00e1lgico de la ciudad. All\u00ed, los locales de copas como La Rascasse o las cenas ambientadas con los excesos musicales de la Brasserie de Monaco, compiten con los locales m\u00e1s corrientes del Quai Antoine 1er, mis preferidos. Son aquellos los que en el turno de noche cogen el relevo del exclusiv\u00edsimo Yacht Club de Monaco, cuyo edificio con forma de barco est\u00e1 siempre repleto de personalidades y solo se puede entrar por invitaci\u00f3n de alguno de sus millonarios socios, y el mucho m\u00e1s asequible \u2013y agradable- restaurante de la Soci\u00e9t\u00e9 Nautique de Monaco, dedicada a las regatas de remo, que sirve comidas a pie de muelle.<\/p>\n<p>Pero las luces y las sombras del pu\u00f1ado de calles del Montecarlo ruidoso y atractivo, el que hace de todas sus noches una fiesta, no alteran la tranquilidad impert\u00e9rrita del resto del pa\u00eds, en el que apagados sus permanentes atascos diurnos, reina la oscuridad y el silencio. En el dique que separa Port H\u00e9rcule del mar Mediterr\u00e1neo comienza un camino por el borde de la costa escarpada del Rocher \u2013la Roca, en franc\u00e9s, la lengua local junto con el italiano, ya que el monegasco es una excepci\u00f3n folcl\u00f3rica-, el barrio hist\u00f3rico, que alberga el Palacio Principesco y las instituciones del pa\u00eds. All\u00ed, a los pies del promontorio, la noche luminosa de Montecarlo se ve lejana, coronando la fotograf\u00eda de un paisaje oscuro, salpicado del ruido y la fuerza de las olas.<\/p>\n<p>De d\u00eda, la Roca es un barrio bullicioso pero calmado, lleno de turistas y de tiendas de <em>souvenirs<\/em>y pasteler\u00edas, de raros edificios antiguos en un pa\u00eds donde reina el azul del rascacielos Od\u00e9on casi tanto como el omnipresente pr\u00edncipe Alberto, cuyo retrato preside todas y cada uno de los establecimientos p\u00fablicos y privados del diminuto estado, desde la Boulangerie Costa, en el <em>boulevard d\u2019Italie<\/em>, donde la familia principesca compra el pan, hasta la \u00faltima de las gasolineras, supermercados o papeler\u00edas. Y es que \u00e9l, el pol\u00e9mico Alberto, su Baile de la Rosa y sus intrigas familiares son buena parte de lo que alimenta la fama del lugar, de la que viven \u2013y muy bien- los escasos nacionales monegasco (la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n es extranjera), gracias a la propiedad p\u00fablica de todos los casinos, hoteles y aparcamientos del pa\u00eds, controlados por la Soci\u00e9t\u00e9 des Bains de Mer, una empresa cuyo poder alcanza hasta para obtener su propia representaci\u00f3n en el parlamento.<\/p>\n<p>El hervidero de turistas que pasan en M\u00f3naco el d\u00eda, quiz\u00e1s cruceristas llegados a Port H\u00e9rcule, a la rada de Villefranche-sur-mer o incluso al puerto de Niza, y que desaparece a media tarde, se concentra a las puertas del Palacio Principesco, en las tiendas que venden cualquier cosa con la efigie del soberano, en el famoso Museo Oceanogr\u00e1fico o el que alberga la colecci\u00f3n de coches de los Grimaldi, cerca de un peque\u00f1o zoo. Pero si hay algo que todos ellos buscan es la tumba de Grace Kelly, en la catedral, y \u2013al otro extremo de la ciudad y del Estado- el monumento que la recuerda frente a la \u00fanica playa del pa\u00eds, la de Larvotto. Antes de marchar, quiz\u00e1s desde la estaci\u00f3n monegasca de los ferrocarriles franceses, a la que llegan trenes desde lugares tan remotos como Mosc\u00fa \u2013el m\u00edtico <em>Riviera Express<\/em>&#8211; o Par\u00eds, o con m\u00e1s glamour aunque menos romanticismo, en helic\u00f3ptero desde el helipuerto del barrio ganado al mar de Fontvieille, espero que no se pierdan las inexcusables las visitas al curioso Jard\u00edn Japon\u00e9s, que invita a la meditaci\u00f3n con sus carpas y su <em>chashitsu<\/em>, y al Jard\u00edn Ex\u00f3tico, que alberga la colecci\u00f3n bot\u00e1nica nacional en lo alto de un promontorio con vistas magn\u00edficas de todo el pa\u00eds y hasta de Italia.<\/p>\n<p>Para m\u00ed ese par\u00e9ntesis veraniego acaba, de nuevo, en la Grande Corniche, pero en sentido inverso, dando la despedida a M\u00f3naco con el techo del coche abierto, recordando que la belleza de la carretera es en s\u00ed misma un peligro y que no hay raz\u00f3n para tener prisa por abandonarla; quiz\u00e1s parando a contemplar, desde lo alto, el Cap-Ferrat, sus \u00edntimos paseos y sus aguas de color turquesa, en alguna de esas curvas donde alguien ha parado una furgoneta para hacer un <em>pique-nique<\/em>, antes de abandonar esa burbuja perfecta antes de volver a la mundanidad de la autopista. Y es que, M\u00f3naco, como sus ruletas, es un juego donde acaba sonando el <em>rien ne va plus<\/em>, para volver a la realidad.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las sensaciones de mi verano es la del viento entrando por el techo abierto del coche al llegar a la Grande Corniche. 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