{"id":179,"date":"2020-07-19T13:30:40","date_gmt":"2020-07-19T11:30:40","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=179"},"modified":"2020-07-19T13:30:40","modified_gmt":"2020-07-19T11:30:40","slug":"ibiza-la-puerta-del-cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/07\/19\/ibiza-la-puerta-del-cielo\/","title":{"rendered":"Ibiza: la puerta del cielo"},"content":{"rendered":"<p>Desde el extremo de cabo de Sant Antoni, que separa D\u00e9nia y J\u00e1vea, se alza t\u00edmida en los d\u00edas claros la silueta de Ibiza, la m\u00e1s c\u00e9lebre de las islas del Mediterr\u00e1neo, a menos de cien kil\u00f3metros de la pen\u00ednsula. La media hora de avi\u00f3n o las dos horas de barco que la separan de la tierra firme parecen un viaje interdimensional, sobre todo cuando se recorren en invierno y quedan atr\u00e1s los atascos y el cielo gris de la gran ciudad para desembarcar en la magia de la bella isla de dos caras: la tranquilidad m\u00e1s abrumadora y la noche m\u00e1s agitada.<\/p>\n<p>Y es que si la Ibiza que todo el mundo tiene en mente es la de las noches de Pach\u00e1, en las que se presentan al mundo las \u00faltimas novedades musicales, esa no es m\u00e1s que la guinda del mito de la isla <em>hippie\u00a0<\/em>convertida en uno de los destinos m\u00e1s exclusivos del mundo, no por el lujo excesivo que reina en Cannes o en Puerto Ban\u00fas, sino por el aire relajado y el <em>art de vivre\u00a0<\/em>a la ibicenca. A m\u00ed, en cambio, Ibiza me recuerda a los madrugones para coger el vuelo de las 7 y a tener la sensaci\u00f3n de ser el \u00fanico de la isla que llevara corbata: al ver el amanecer aterrizando sobre las Pitiusas solo se me ocurre un <em>je ne veux pas travailler<\/em>.<\/p>\n<p>Las ma\u00f1anas, que en la isla son un tiempo indeterminado entre el alba y el mediod\u00eda, empiezan en Cappucino, la cafeter\u00eda que reina en la marina de Ibiza, con unas vistas inmejorables de Dalt Vila, el promontorio que alberga el centro hist\u00f3rico de la capital insular, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Al cruzar el puerto y pasar frente al muelle del que parten casi con la frecuencia del metro los peque\u00f1os <em>ferries\u00a0<\/em>que unen la ciudad con Formentera, el horizonte de casas blancas colgadas sobre la colina partida por la muralla medieval se va acercando dando paso a un entramado de callejuelas, plagadas de peque\u00f1as tiendas de <em>souvenirs\u00a0<\/em>y ropa siempre blanca \u2013no en vano, por algo lo llamamos estilo ibicenco- y algunos bares.<\/p>\n<p>All\u00ed, en una esquina, el Hotel Montesol, cuya cafeter\u00eda es un cl\u00e1sico lugar de encuentro del empresariado local, separa el Paseo Vara de Rey, el bulevar de una ciudad que a\u00fan se ve capital de su peque\u00f1a parcela, con sus caciques y sus intrigas, de un centro hist\u00f3rico devoto del turismo de masas, que escala sus intrincadas cuestas hacia el Baluard de Santa Ll\u00facia, uno de los mejores miradores del Mediterr\u00e1neo. En el descenso por el borde del castillo, hacia el Baluard de Sant Pere y la Pla\u00e7a del Sol, junto a los \u00e1rboles de un coqueto parque se puede tomar un c\u00f3ctel, una sangr\u00eda de cava o un vino balear en S\u2019Escalinata, uno de esos sitios peque\u00f1os y de apariencia cutre que pueblan toda la isla, pero con precios algo exagerados y con una parroquia compuesta por peninsulares y extranjeros de todo el mundo vestidos de verano y a los que el m\u00f3vil nunca parece importarles.<\/p>\n<p>El turismo de <em>balconing\u00a0<\/em>m\u00e1s asentado en Mallorca apenas conquista en Ibiza los resorts de la playa de En Bossa fuera de la temporada en la que los frecuenten los DJ m\u00e1s renombrados. En agosto, los yates llegan de Saint-Tropez o Portofino y antes de partir hacia Porto Cervo o Antibes, rodean la isla en b\u00fasqueda de lo que los menos afortunados hacemos en moto o en un coche lo m\u00e1s descapotado posible: para recorrer Ibiza prefiero una Vespa o un Citr\u00f6en M\u00e9hari al m\u00e1s lujoso de los deportivos. Tomar la carretera fuera de la ciudad, pasando por alguno de los celeb\u00e9rrimos mercadillos <em>hippies\u00a0<\/em>de la isla \u2013muy venidos a menos- es cierto que exige en temporada alta algo de temple frente al denso tr\u00e1fico, pero si hemos llegado hasta aqu\u00ed no es para ver el Hard Rock Caf\u00e9 del centro.<\/p>\n<p>Hacia el Oeste, por el siempre atascado camino hacia el aeropuerto, nos podemos desviar a las Salinas, donde se recolecta la mundialmente famosa sal de Ibiza, en las bell\u00edsimas lagunas rojas de ese ap\u00e9ndice de la isla. All\u00ed, la Platja des Cavallet, un arenal todav\u00eda natural que recuerda a la m\u00edtica Pampelonne, es un sitio ideal para los amantes de las jornadas m\u00e1s tradicionales junto al mar. Quien prefiera las calas, en cambio, tendr\u00e1 que alejarse un poco m\u00e1s de la ciudad, hasta Cala Bassa, con su particular <em>beach club<\/em>, siempre ambientado, con aguas de color turquesa caribe\u00f1o y un bell\u00edsimo atardecer, como el que tambi\u00e9n se disfruta en la Platja del Comte, frente a la isla de Sa Conillera, m\u00e1s popular gracias al Sunset, un local con pocas pretensiones.<\/p>\n<p>Ibiza en todav\u00eda una isla mucho m\u00e1s natural y rural de lo que espera el turista, sorprendido al paso de un reba\u00f1o de ovejas en cuanto se adentre en el centro de la isla. Esa naturaleza se aprecia con facilidad con un breve paseo vespertino hasta la Cala d\u2019Hort, donde el Sol se esconde bajo la isla de Es Vedr\u00e0, en una espectacular imagen de postal con la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica saludando al fondo. Los menos amantes de la naturaleza m\u00e1s viva o los que no soporten el calor veraniego entre senderos, preferir\u00e1n sin duda el atardecer del Caf\u00e9 del Mar, en el paseo mar\u00edtmo de Sant Antoni de Portmany. Este m\u00edtico local, famoso por ser un mirador al crep\u00fasculo m\u00e1s famoso de Occidente, exige una visita aunque solo sea por el hecho de haber estado en \u00e9l: merece la pena llegar temprano y coger alguna mesa donde salpiquen las olas si el mar est\u00e1 algo agitado.<\/p>\n<p>La concurrencia del Caf\u00e9 del Mar contrasta con un norte de la isla casi inh\u00f3spito al forastero, sin playas de acceso sencillo ni lugares concurridos, m\u00e1s all\u00e1 de la Cala Saladeta o la cueva visitable de Can Mar\u00e7\u00e0. El recorrido entre Sant Antoni y Sant Joan de Labritja, en el extramo opuesto, permite si se hace en barco apreciar la belleza de la costa escarpada y laber\u00edntica y, si se hace por tierra, conocer la Ibiza rural e incluso abandonada, en sitios como Sant Lloren\u00e7 de Bal\u00e0fia, donde los hoteles de lujo dan paso a las casas rurales y los agriturismos. All\u00ed unos israel\u00edes regentan el restaurante La Paloma, templo vegetariano de la ruralidad ibicenca y que \u2013claro est\u00e1- es de mis preferidos en la isla, aunque tambi\u00e9n sirvan carne. Se trata de un conjunto destartalado de mesas y sillas cada una de un origen distinto dejadas caer sobre un campo de frutales y c\u00edtricos de una informalidad de tal grado que solo se puede conseguir planific\u00e1ndola. Algo as\u00ed como el peque\u00f1o lujo de ser (o parecer) hippy en su isla.<\/p>\n<p>Hacia el extremo de la isla, el recorrido contin\u00faa por Cala Xarraca, muy accesible desde tierra y por eso muy concurrida, hasta la colecci\u00f3n de bellos rincones solo accesibles desde el mar entre el curioso Faro des Moscater y su pintura a rayas, hasta el de Punta Grossa, en el extremo oriental de la isla, desde donde se divisa el pol\u00e9mico islote de Tagomago, siempre entre disputas por su propiedad. Las abandonadas playas de Aig\u00fces Blanques, cuyo nombre todo nos dice, nos despiden en la vuelta a la realidad, que pasa por la vuelta al aeropuerto pasando por el n\u00facleo tur\u00edstico sin ning\u00fan inter\u00e9s de Santa Eul\u00e0ria des Riu y, de nuevo, por las atascadas periferias de la capital insular.<\/p>\n<p>Pero hasta all\u00ed, al pie de la pista del aeropuerto, viendo los aviones despegar de vuelta a la realidad del continente a pocos metros sobre el suelo, en la Platja de Es C\u00f2dols, la luz del Sol de la tarde mediterr\u00e1nea, el azul turquesa del mar, el verde intenso de la monta\u00f1a y los duros acantilados nos piden que miremos hacia el horizonte espl\u00e9ndido de la isla m\u00e1gica una vez m\u00e1s, una \u00faltima antes volver.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde el extremo de cabo de Sant Antoni, que separa D\u00e9nia y J\u00e1vea, se alza t\u00edmida en los d\u00edas claros la silueta de Ibiza, la m\u00e1s c\u00e9lebre de las islas del Mediterr\u00e1neo, a menos de cien kil\u00f3metros de la pen\u00ednsula. 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