{"id":182,"date":"2020-08-01T14:27:18","date_gmt":"2020-08-01T12:27:18","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=182"},"modified":"2020-08-01T14:30:52","modified_gmt":"2020-08-01T12:30:52","slug":"the-alpine-job-de-turin-a-ginebra-sobre-el-glaciar-del-mont-blanc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/08\/01\/the-alpine-job-de-turin-a-ginebra-sobre-el-glaciar-del-mont-blanc\/","title":{"rendered":"&#8216;The Alpine job&#8217;: de Tur\u00edn a Ginebra sobre el glaciar del Mont Blanc"},"content":{"rendered":"<p>Escribieron los cronistas de su \u00e9poca que Cavour, el art\u00edfice de la unidad de Italia desde su puesto de primer ministro del Piemonte, nunca pronunci\u00f3 una palabra de italiano y nunca puso un pie al sur de Florencia. Era turin\u00e9s, pero hablaba franc\u00e9s y miraba hacia ese norte que en el horizonte de su ciudad est\u00e1 dibujado por las cumbres perpetuamente nevadas de los Alpes, entre las que reina la visi\u00f3n clara del Mont Blanc, monta\u00f1a por la que discurre la frontera entre ambos pa\u00edses.<\/p>\n<p>Tur\u00edn es la ciudad italiana <em>perfecta<\/em>, una hija privilegiada de una familia algo destartalada. La ciudad m\u00e1s moderna, la m\u00e1s rica, la m\u00e1s limpia. Una bella dama que no teme estar a la sombra de su vecina Mil\u00e1n, la capital econ\u00f3mica de la naci\u00f3n, pero no la industrial. Ese t\u00edtulo le corresponde a la urbe piamontesa aunque sea por haber visto nacer y haberle prestado su nombre a la FIAT, que en sus a\u00f1os dorados inund\u00f3 el mundo de coches fabricados en pleno centro de Tur\u00edn.<\/p>\n<p>La elegancia de la ciudad se ve en sus calles adoquinadas y sus plazas porticadas, tambi\u00e9n en sus cl\u00e1sicos caf\u00e9s y hasta en su moderna estaci\u00f3n de Porta Susa, una digna nueva compa\u00f1era de las por lo general impresionantes estaciones italianas a la que alg\u00fan d\u00eda, si la eterna pol\u00e9mica pol\u00edtica lo permite, llegar\u00e1 la alta velocidad desde el otro lado de los Alpes. Y es que Tur\u00edn es la puerta de los Alpes. La gran cordillera europea acaba \u2013o empieza- all\u00ed, aunque la ciudad est\u00e1 en plena llanura aluvial del largo r\u00edo Po: la Padania.<\/p>\n<p>Un viaje a trav\u00e9s de los Alpes o tiene que empezar a los pies de la Mole Antonelliana, el incre\u00edble monumento que es s\u00edmbolo de Tur\u00edn. La inmensa catedral civil de la ciudad, con la altura de un rascacielos moderno y la forma de un templo, es uno de los edificios m\u00e1s bellos y sorprendentes del mundo, con los casi ciento setenta metros que alcanza la aguja sustentada sobre su inmensa c\u00fapula, que hoy alberga un museo nacional dedicado al cine italiano. Lo m\u00e1s impresionante ser\u00eda el ascensor colgado solo de cables que recorrer la c\u00fapula al aire para ascender a la aguja, de no ser porque una vez arriba son las vistas del Mont Blanc las que toman el relevo y nos sirven de gu\u00eda en nuestro viaje.<\/p>\n<p>Hecha la visita de cortes\u00eda a la Mole, como si fuera un tributo a los dioses antes de la aventura, es momento de coger el coche y salir de Tur\u00edn buscando los Alpes. Y, aunque \u00a0a riesgo que acabar arrestados no podamos hacerlo como los protagonistas de <em>The Italian Job<\/em>, al menos rendiremos tributo a los personajes de Collinson siguiendo sus pasos. Nuestro camino hacia las monta\u00f1as pasa por la peque\u00f1a pero monumental ciudad de Ivrea camino de Aosta, la capital de la regi\u00f3n franc\u00f3fona de Italia a la que da nombre y que conserva unas ruinas romanas francamente bien conservadas.<\/p>\n<p>Cruzar los valles alpinos con el intenso verde y el blanco de los picos, en coche por sus carreteras serpenteantes es un verdadero placer para los sentidos que hace que las vistas compensen por mucho la lentitud del viaje. Desde Aosta podr\u00edamos desviarnos por una carretera de monta\u00f1a que tras unas cuatro horas de viaje a trav\u00e9s de Italia y Suiza nos conducir\u00eda a las afueras de Zermatt, posiblemente el \u00fanico pueblo europeo donde est\u00e1n prohibidos los coches, y al que solo se puede llegar en tren. Este curioso lugar, uno de los m\u00e1s exclusivos de los Alpes hasta el punto de degradar a Sankt Moritz o Davos casi a la vulgaridad, es famoso por dos cosas: su tranquilidad impert\u00e9rrita y el Cervino. Y es que la famosa monta\u00f1a con su ic\u00f3nica silueta \u2013representada en las chocolatinas Toblerone- y las vistas incre\u00edbles a los Alpes m\u00e1s profundos desde Zermatt bien merecen el viaje.<\/p>\n<p>Pero obviaremos por esta vez el desv\u00edo y seguiremos el camino corto desde Aosta hasta Courmayeur, la localidad italiana a los pies del macizo del Mont Blanc y la \u00faltima antes de la frontera. Ese peque\u00f1o pueblo, con la t\u00edpica imagen de los n\u00facleos surgidos en las carreteras fronterizas, no tendr\u00eda ning\u00fan inter\u00e9s salvo para los esquiadores de no ser porque de all\u00ed parte el trayecto en varios telef\u00e9ricos que tras tres o cuatro horas de viajes y paradas nos va a llevar hasta Francia a trav\u00e9s de la lengua helada de la monta\u00f1a m\u00e1s alta de Europa.<\/p>\n<p>Subir al telef\u00e9rico que nos va a llevar hasta los casi 4000 metros sobre el nivel del mar es lo m\u00e1s parecido al alpinismo que una persona corriente, sin entrenamiento, va a poder hacer en su vida. Tras una primera parada a mitad de camino, donde en verano todav\u00eda hay verde y el resto del a\u00f1o es todo blanco, llegamos tras una media hora de ascensi\u00f3n hasta Punta Helbronner, el v\u00e9rtice del lado italiano \u2013o no, porque las fronteras de toda la zona est\u00e1n en disputa entre Francia e Italia- de nuestra visita. A la salida de la cabina se abre a nuestros pies un horizonte infinito de hielo, kil\u00f3metros blancos e inmaculados, tan g\u00e9lidos como bellos: los del Glaciar del Gigante, sobre el que podr\u00edamos pasear bien pertrejados y acompa\u00f1ados de expertos, en los tour que organizan las agencias locales.<\/p>\n<p>Por el momento, nos quedamos en la estructura futurista de acero y cristal que apenas destaca entre el hielo y la neblina, concentrados en andar despacio pese a lo atractivo de todo lo que nos rodea porque el m\u00ednimo sobreesfuerzo a esa altitud produce un notable mareo a los que no estamos acostumbrados a la alta monta\u00f1a. Un lugar tur\u00edstico como ese no puede no contar con su restaurante, su bar y hasta su tienda de souvenirs, pero ser\u00e1 mejor tomar un ascensor que nos baje unos cientos de metros hasta un t\u00fanel peatonal excavado en la monta\u00f1a que nos conduce al Refugio Torino.<\/p>\n<p>El refugio de alta monta\u00f1a inaugurado en 1952 es uno de los mitos de los Alpes y un icono del monta\u00f1ismo. Es propiedad del Club Alpino Italiano y \u2013salvo para nosotros y los dem\u00e1s turistas- es una base imprescindible para las ascensiones desde la vertiente occidental italiana de la cordillera. Es un refugio y, como tal, un lugar sobrio, en el que reina la frugalidad y las habitaciones son compartidas, salvo una de ellas, la 31, que hay que reservar con antelaci\u00f3n y que no ofrece un confort excesivo dada la ubicaci\u00f3n. Ni siquiera el agua de la ducha est\u00e1 garantizada. Pero claro, ning\u00fan hotel urbano con todas las comodidades nos ofrece la visi\u00f3n incre\u00edble de la terraza del bar del Torino.<\/p>\n<p>Cruzar las fronteras en la Europa de Schengen ha perdido todo su romanticismo a favor de la \u2013muy celebrada- comodidad. En el macizo del Mont Blanc, donde las discrepancias de jurisdicci\u00f3n tienden a ser irrelevantes, es hasta invisible. De vuelta en Punta Helbronner, tomaremos un telecabina que en un viaje de algo m\u00e1s de cinco kil\u00f3metros sobre el glaciar \u2013al que llaman acertadamente mar de hielo- que dura casi una hora y nos va a conducir hasta Francia. Al otro lado nos espera la Aiguille du Midi, uno de los picos m\u00e1s altos de los Alpes, con 3842 metros. Se trata de la monta\u00f1a m\u00e1s alta del mundo a la que se puede ascender de forma enteramente mecanizada. Las vistas desde la Aiguille du Midi, en la vertiente norte, son impresionantes: alcanzan desde Suiza a Italia y Francia, y en ellas reinan los 4810 metros del Mont Blanc, en cuyo macizo los encontramos. Una instalaci\u00f3n tur\u00edstica muy singular denominada <em>Pas dans le Vide<\/em>(Paso al Vac\u00edo), que consiste en una caja de cristal colgada de la monta\u00f1a, har\u00e1 las delicias de los amantes de las fotograf\u00edas, por si no fuera bastante con los t\u00faneles excavados en hielo que permanecen hasta en verano y la incre\u00edble atm\u00f3sfera del lugar.<\/p>\n<p>Tras explorar todos los rincones y vistas desde el pico m\u00e1s popular del lado franc\u00e9s, el descenso se hace de nuevo en telef\u00e9rico, hasta el pueblo de Chamonix-Mont-Blanc, famosa estaci\u00f3n invernal de los esquiadores. Si disponemos de tiempo, valdr\u00e1 la pena para en las estaci\u00f3n intermedia a admirar la lengua de hielo blancoazulado y recorrer unos cientos de metros sobre la nieve, sin alejarnos en exceso. Ya en el valle, Chamonix es un pueblo singular dedicado en exclusiva al turismo y que merece un paseo agradable entre sus casas t\u00edpicas de la monta\u00f1a. Desde all\u00ed, son infinitas las opciones para continuar nuestra excursi\u00f3n alpina, siendo los m\u00e1s impresionantes el recorrido en el tren cremallera del Mont Blanc y el trenecito de Montenvers, que nos lleva al pie del glaciar y a un curioso bar de hielo.<\/p>\n<p>La transici\u00f3n a la realidad en el descenso hacia lugares menos fr\u00edos y tortuosos nos llevar\u00e1 hasta Annecy, un pueblo de la Saboya francesa conocido como la Venecia de los Alpes \u2013es sabido que cualquier lugar con canales recibe ese sobrenombre-. Sus casas pintorescas, su lago y sus peque\u00f1os canales entre edificios medievales generan un ambiente delicioso si se puede visitar en un d\u00eda tranquilo, en el que no est\u00e9 colonizado por los grupos de turistas que llegan en autocar.<\/p>\n<p>Solo unos pocos kil\u00f3metros m\u00e1s all\u00e1, menos de una hora en coche, llegamos al fin de nuestro viaje en Ginebra, la capital de la Suiza romanda, famosa por sus relojer\u00edas, sus bancos y sus organizaciones internacionales. La ciudad, que alberga la sede europea de las Naciones Unidas \u2013famosa en Espa\u00f1a por la c\u00fapula de Barcel\u00f3 que decora la principal de sus salas- es una urbe peque\u00f1a pero elegante, donde se echa en falta la vitalidad de la cercana Lausana \u2013la capital ol\u00edmpica-, y es f\u00e1cil caer en el aburrimiento.<\/p>\n<p>Si nuestra intenci\u00f3n no es dedicarnos a las compras ni a las operaciones financieras, siempre podremos pasear por el borde del bello lago L\u00e9man hasta el monumento m\u00e1s reconocible de Ginebra: el Jet d\u2019Eau (literalmente, <em>chorro de agua<\/em>) o recorrer las calles de su peque\u00f1o centro hist\u00f3rico en b\u00fasqueda de la famosa Place du Bourg de Four, para tomar unas copas, o llegar hasta la m\u00edtica Brasserie-Restaurant de l\u2019H\u00f4tel-de-Ville, para degustar su fondue de quesos suizos entre su curiosa decoraci\u00f3n de sombreros militares. Si es en febrero, claro, podremos acercarnos al Sal\u00f3n del Autom\u00f3vil, el m\u00e1s famoso del mundo, donde se presentan cada a\u00f1o las novedades m\u00e1s llamativas del sector, para buscar un coche para nuestro pr\u00f3ximo viaje.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escribieron los cronistas de su \u00e9poca que Cavour, el art\u00edfice de la unidad de Italia desde su puesto de primer ministro del Piemonte, nunca pronunci\u00f3 una palabra de italiano y nunca puso un pie al sur de Florencia. 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