{"id":204,"date":"2020-10-20T19:27:12","date_gmt":"2020-10-20T17:27:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=204"},"modified":"2020-10-20T19:33:32","modified_gmt":"2020-10-20T17:33:32","slug":"historias-de-la-rive-droite-ii-88-avenue-foch","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/10\/20\/historias-de-la-rive-droite-ii-88-avenue-foch\/","title":{"rendered":"Historias de la Rive Droite (II): 88, avenue Foch"},"content":{"rendered":"<p>Siglo y medio antes de Instagram, la emperatriz Eugenia de Montijo era la <em>influencer<\/em> de los bailes de la Tuller\u00edas. La dama espa\u00f1ola conquist\u00f3 a Napol\u00e9on III, que besaba el suelo por el que pisaba la granadina, tanto como conquist\u00f3 a las se\u00f1oras de Par\u00eds. Era la sensaci\u00f3n de una ciudad desde la que se gobernaba la mitad del mundo y en la que se insinuaba que era ella, una espa\u00f1ola, la que decid\u00eda los destinos de los franceses.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s por eso el bar\u00f3n Georges E. Haussmann, prefecto del Sena durante el Segundo Imperio, jurista y padre del Par\u00eds de los bulevares y la arquitectura armoniosa que hoy conocemos, la temiera y la quisiera honrar, no s\u00e9 si a partes iguales. La an\u00e9cdota cuenta que cuando Haussmann fue a palacio a presentar el plano de su famosa reforma interior \u00a0de Par\u00eds, expuso a Eugenia de Montijo que una de las v\u00eda principales de la nueva ciudad, partiendo de <em>l\u2019\u00c9toile<\/em>, la plaza mundialmente conocida que alberga el Arco del Triunfo que conmemora las batallas del primer Napole\u00f3n, llevar\u00eda en su honor el nombre de <em>avenue Imp\u00e9ratrice<\/em>. La arist\u00f3crata, indignada, ante tal afrenta le espet\u00f3 que no era lo suficientemente ancha para una emperatriz y traz\u00f3 a l\u00e1piz dos l\u00edneas. Ah\u00ed siguen hoy, en la piedra de los muros de Par\u00eds, convertidas en la calle m\u00e1s ancha de la ciudad.<\/p>\n<p><em>Avenue Foch<\/em>, como el republicanismo rebautiz\u00f3 a la v\u00eda, con sus inmensos paseos de tierra para conducir a los caballistas de otro tiempo al <em>bois de Boulogne<\/em> y quiz\u00e1s al hip\u00f3dromo de Longchamp que da nombre a la <em>maison<\/em> de marroquiner\u00eda de lujo, es la espina dorsal de un distrito, el 16\u00ba, que embelesa con su sim\u00e9trica belleza haussmanniana balance\u00e1ndose entre el turismo desbordante de los Campos El\u00edseos y la ciudad m\u00e1s ignota, discreta pero impresionante, que esconde las mejores vistas de la Tour Eiffel tras las escaleras de <em>avenue Camoens<\/em>, la que pasa corriendo bajo el Castel B\u00e9ranger o la que cruza en metro sobre el puente Bir-Hakeim sin girarse a mirar.<\/p>\n<p>En esas calles se escuchaba cantar a la Callas cuando viv\u00eda en el n\u00famero 88 de <em>avenue Foch<\/em>, en el palacete alquilado a Louis Renault que compart\u00eda con su esposo Arist\u00f3teles Onassis, al que conoci\u00f3 en la terraza del Hotel Danieli de Venecia, en plena <em>Riva degli Schiavoni,<\/em> quiz\u00e1s el \u00fanico lugar del mundo que mejora las vistas del Trocadero. Aquella plaza, casi m\u00edstica, que -por cierto- roba el nombre de una isla gaditana tomada por los Cien Mil Hijos de San Lu\u00eds, completa el paseo arbolado que lleva el nombre de la soprano griega abri\u00e9ndose entre los muros neocl\u00e1sicos del Palais Chaillot, donde se proclam\u00f3 la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos solo ocho a\u00f1os despu\u00e9s de que Hitler se fotografiara en su universalmente famosa balconada, frente a la omnipresente Tour Eiffel que es s\u00edmbolo de la ciudad.<\/p>\n<p>El <em>Sezi\u00e8me<\/em> es un distrito habitado por parisinos pero salpicado de nuevos ricos de todo el mundo. En <em>avenue Foch<\/em>, a pocos pasos de la casa de la Callas, pernoctan en sus estad\u00edas en la ciudad desde los Grimaldi monegascos hasta los Obiang ecuatoguineanos, pasando por la familia real marroqu\u00ed. Para nuestra fortuna, ellos se dejan ver poco en los bancos de Parc Manceau, en el brunch del <em>Chalet des \u00celes<\/em>, o en el afterwork de moda del <em>Sir Winston Churchill<\/em>. A\u00fan as\u00ed,\u00a0los vividores de las tiran\u00edas lejanas prefieren las calles impolutas por las que deambulan los <em>bourgeois\u00a0<\/em>escandalizados de la canci\u00f3n de Mika, que pas\u00f3 su infancia en el barrio, entre las exposiciones de arte contempor\u00e1neo del Palais de Tokyo y los conciertos de la Maison de Radio France, porque en ellas se respira la libertad que no permiten a sus ciudadanos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda les ilumine, como le hace al mundo, la r\u00e9plica de la Estatua de la Libertad de la <em>\u00eele aux Cygnes<\/em> regalada por francoestadounideses para celebrar el centenario de su Revoluci\u00f3n solo tres a\u00f1os despu\u00e9s de que la original hiciera el viaje contrario hasta Nueva York. En aquellas calles, como <em>rue Raynouard<\/em>, donde viv\u00eda Benjamin Franklin mientras negociaba la independencia de su pa\u00eds, a pocos pasos de la puerta trasera por la que Honor\u00e9 de Balzac escapaba de los numerosos acreedores que le esperaban en su casa, ya no hay emperatriz, ni es 1943\u2026 \u00a1y que nadie lo olvide!<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siglo y medio antes de Instagram, la emperatriz Eugenia de Montijo era la influencer de los bailes de la Tuller\u00edas. La dama espa\u00f1ola conquist\u00f3 a Napol\u00e9on III, que besaba el suelo por el que pisaba la granadina, tanto como conquist\u00f3 a las se\u00f1oras de Par\u00eds. 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