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Sònia Valiente

#animalsocial

El ataque de los venusinos



Ella tiene una teoría. Absurda como todas las suyas. Pero que  le ayuda a sentir que cada cosa está en su sitio. Que está a salvo. Y es, ahí va, que el amor es el que mueve el mundo. Bueno, vale, quizá el sexo, también. Un poquito.

El amor es el reducto al que volver después de un largo viaje, la paz, el abrazo. Y con la que está cayendo, le enternece que cada vez que el móvil se queja, a horas intempestivas, jamás sea por dinero. Es por amor. Una ruptura, un llanto, unos celos, una celebración, un polvazo. Llámenla romántica. El amor es de lo poco que la vida regala. Aunque ya se encargará de pasar la minuta. De algún modo.

Lo observa en su entorno. A diario. Gente razonable que pierde la cabeza y se embarca en un viaje iniciático, tórrido y equivocado. Decía Geraldine Chaplin, en la excelente campaña de SCPF para el Sabadell que pudo redescubrir en Bilbao, que la vejez es un país sin mapas. Y se le antojó un símil precioso. El planeta más transitado, superpoblado y con menos garantías, continúa siendo el amor. No se lo tengan en cuenta. Anda un poco mística con la alineación del Sol, Venus y la Tierra. Llegó a pensar que semejante rareza cósmica quizá obrara el milagro. Y que la vida fuera un poco más fácil para todos. Sólo un poco.

Pero no. Ella madruga o trasnocha mucho. Como prefieran. Y de madrugada, no puede evitarlo, desayuna con los consultorios de videntes. Con sus cartas, uñas y peinados imposibles. Le hipnotizan. Son como un vivero de emociones, un gran experimento sociológico. La mayoría de las llamadas, indefectiblemente, buscan una solución. Son mujeres que llaman a una indocumentada para que les diga qué tienen qué hacer con aquel hombre. Dejarle volver, dejarle escapar. No importa que sea la decisión equivocada. Sólo quieren que alguien la tome por ellas. Ojalá fuera todo tan sencillo. Ella jamás supo delegar.

Pero aquel ejército de impostoras ni siquiera habló de la conjunción astral. Y, como cualquier otro día, se limitaron a su sarta de vaguedades. Ni una mentira piadosa.  Ni rastro de un ataque venusino, barra libre de luz, algo de paz.

Al menos, ella no nota nada raro. A decir verdad, se encuentra igual. De inapetente. Pero quién sabe. Quizá no esté todo perdido. No se puede pedir puntualidad en los efectos a un planeta así de informal. Qué se puede esperar de Venus, una roca cuya rotación difiere a la del resto del sistema solar.  El amor es impredecible. Y así no hay topógrafo que valga.

 

PREMIO AL MEJOR BLOG PERIODÍSTICO DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

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junio 2012
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