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Sònia Valiente

#animalsocial

Dormir más tranquila

“Mi niña va a entrar en el Pilar en septiembre”. Y quien dice el Pilar, dice Maristas o cualquier otro colegio concertado de postín. Ella no sube ni una ceja, ni parece impresionada. Con los años ha aprendido a hacerse la sorprendida y a dar la enhorabuena porque sabe que eso es importante para ciertos padres. Tanto, que algunos han simulado divorciarse, empadronarse donde no toca, falsificar nóminas o incluso, padres separados -en el enésimo intento amatorio y de puzle familiar- deciden no casarse, a pesar de estar locos de amor porque al ser una familia monoparental, desestructurada en lo legal, dan más pena, ergo generan más puntos. Y ahora que la crisis muestras sus fauces sin piedad, las bajas de los coles caros no dejan de aumentar. Menos mal que el hacinamiento es un hecho y ahora, al caber más vástagos por aula, aumenta el ratio y, con él las estrecheces, pero también las posibilidades de entrar. Que no todo iba a ser sufrir. Los trucos han llegado a tanto que en Cataluña se ha llegado a proponer que sean los padres los que denuncien a otros padres en caso de engañifa flagrante. Pues qué quieren que les diga, en este caso le produce hasta risa. Porque el ciudadano tiene mejores cosas que hacer que ponerse a emular a Mr. Poirot. Sobre todo cuando hay instituciones que cobran por hacer un trabajo que, a todas luces, no realizan.

 

Esta iniciativa le parecería anecdótica si al cabo de unos días no leyera que una plataforma exige la retirada de una aplicación para smartphones en la que los ciudadanos deben denunciar actitudes incívicas en la red de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya. Cuando supo de la existencia de la App, su lado orwelliano sonrió y no le pareció del todo mal. ¿Avisar mediante el dispositivo cuando alguien tira una colilla al suelo, molesta a un pasajero o pone en peligro la seguridad en el metro? Hasta ahí, nada que objetar. Aunque con una buena educación de serie, la cosa se arreglaba. La denuncia no es real, pero una vez llega la alerta a las autoridades competentes, éstas deciden el modo oportuno de actuar.

La lista se limitaba a 11 funciones. Incluida la de denunciar a vendedores ambulantes, músicos y… ¡pobres! Un momento, en esta situación de crisis económica que un ciudadano, amparado por una institución pública, sea animado a chivarse de un congénere, le parece deplorable. Que haya pobres no molesta, lo que molesta es su visibilidad. Que recuerden, a modo de espejo, que la crisis está, como la verdad, ahí fuera. Que podemos ser ellos. Que un día ellos fueron como nosotros.

Huelga decir que la función de criminalizar mendigos ha sido retirada ante, como era de esperar, el silencio sepulcral de FGC. Después, los agoreros dirán que las redes sociales no sirven para nada, pero ella, como el estudiante valenciano de Educación Social  que puso en marcha la iniciativa, hoy dormirá un poco más tranquila.

PREMIO AL MEJOR BLOG PERIODÍSTICO DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

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