Se llevaron 510 toneladas de oro y plata con un valor actual superior a los 18.000 millones de euros. Cuesta calcular cual seria la cantidad real en términos actuales del material en oro y plata que se sacaron el 14 de septiembre de 1936 un grupo de hombres armados de las dependencias del Banco de España. El hecho es que entre julio y septiembre de ese año desaparecieron de las bodegas del Banco de España las cuartas reservas mundiales en oro. El botín nunca se recuperó y de él poco más se supo. Francia y Rusia fueron sus destinos. La operación se realizó sin órdenes escritas e incluso con documentación falsa proporcionada por el Gobierno de la República.
España era entonces la cuarta potencia en reservas de oro, un depósito incrementado por el boom comercial que supuso su neutralidad en la I Guerra Mundial. Recién empezada la Guerra Civil y consolidada la rebelión, el primer objetivo del general Franco fue la toma de Madrid y hacia allí dirigió sus tropas.
Tanto el Gobierno republicano como los rebeldes recurrieron a la ayuda internacional. La República consiguió muy buenas palabras de las democracias occidentales y sólo Rusia se comprometió con mayor firmeza. Al parecer, y según relata Anthony Beevor en su estudio ‘La Guerra Civil española‘, el economista comunista Artur Stashevsky le sugirió al entonces ministro de Hacienda Juan Negrín la conveniencia de tener una cuenta corriente en oro en Moscú ante la necesidad de tener divisas para comprar suministros.
Ya el 24 de julio de 1936 el entonces presidente del Gobierno, José Giral, autorizó un primer envío de oro a París para pagar las compras de armamento a Francia. Aún cuando comenzó sus funciones el Comité de No Intervención (por el que los países firmantes se comprometían a no inmiscuirse en la guerra española) no se suspendió el envío de oro a París hasta marzo de 1937. El total enviado a Francia fue de unas 174 toneladas, equivalentes al 27,4% de las reservas. Su valor mínimo ascendió a 598 millones de pesetas-oro.
El Consejo de Ministros del 13 de septiembre, con la complacencia de Largo Caballero y el conocimiento de Indalecio Prieto, autorizó a Negrín trasladar el oro y plata restante a Moscú. El 15 de septiembre salieron de Atocha 10.000 cajas repletas que llegaron a Cartagena dos días después. Una quinta parte, según Beevor, fue embarcada con destino a Marsella mientras que el resto (7.800 cajas) fueron subidas en barcos el 25 de octubre con destino a Moscú vía Odesa, acompañados por funcionarios de la NKVD (futura KGB) y vigiladas por carabineros de Negrín.
Fue el propio Negrín el que facilitó a Alexander Orlov, enviado de Stalin a España, de documentos falsos a nombre de un tal Mr. Blackstone, representante del Bank of America. El oro llegó a Moscú. Su peso superaba las 510 toneladas y su valor, según el precio del oro en 1936 era de 518 millones de dólares.
A esta cifra hay que añadirle el alto valor numismático de parte del oro compuesto por monedas españolas y portuguesas únicas de valor difícil de calcular, pero superior al del material fundido.
El convenio firmado establecía que el Gobierno español podía recuperarla cuando quisiera, mientras que la cuenta abierta en el Eurobank, instrumento de Stalin para alimentar las actividades comunistas en Europa, permitiría a la República financiar la guerra. Una de las primeras facturas que tuvo que pagar España ascendió a 51.160.168 dólares por el “fraternal apoyo” de los soviéticos. Durante 1937 fueron transferidos a la cuenta del Eurobank en París 256 millones de dolares además de 131.500.000 de dólares que sirvieron para pagar a los soviéticos el material que suministraban. Los recursos del Banco de España se agotaron en 1938 y en marzo de ese año la República tuvo que pedir aun crédito a la URSS de 70 millones y en diciembre otro de 85.
Es muy difícil, según Beevor, contabilizar el valor de la ayuda soviética, aunque se puede hacer una aproximación fiable a uno de los costes. A los 256 millones pagados por el golpe de Estado habría que añadir como mínimo 250 por la compra de armamento soviético. Si a esa cantidad se le suman los créditos de 1938 se contabilizan 661 mlllones, muy superior al valor de 518 millones. Moscú, además, aportó una “contabilidad creativa” manipulando los cambios de divisa de rublos a dólares y de dólares a pesetas con lo que obtuvieron un diferencial a su favor de 51 milones.
El crecimiento de los costes de importación fueron muy gravosos para la economía republicana e hizo que la inflación se disparara. Otra consecuencia fue que los soviéticos se fijaran en Negrín como un valor en alza que no tardaron en promocionar.