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Juan Sanchis

Anécdotas de la Historia

¿Fue la Guerra Civil una Cruzada?

Varios muertos en una imagen de la contienda./ Varios muertos en una imagen de la contienda.

 

Varios muertos en una imagen de la contienda.

Varios muertos en una imagen de la contienda.

La respuesta es compleja e interesada. Se trata de utilizar una figura propia de la época medieval (la Santa Cruzada) y aplicarla trasnochadamente, muchas veces con un interés político detrás, a un conflicto del siglo XX. La Guerra Civil tuvo un carácter religioso indudable como también lo tuvo la II República desde el mismo proceso constitucional cuando se llegó a aprobar una ley para expulsar a una orden religiosa. Pero, ¿fue una cruzada?

Para entender la historia hay que estudiarla en su contexto. La eliminación de la Iglesia de la vida pública fue una continua reivindicación de los partidos republicanos de izquierdas y de las propias izquierdas. La quema de conventos cuando triunfo la República en 1931 se repitió en 1936 con cifras estremecedoras: Sólo en julio de 1936 se quemaron 500 templos en España.

Si a ello se añade el asesinato del clero o de católicos por el mero hecho de serlo, se puede entender la situación y alguna manifestación por parte de la jerarquía que quizá hou pueda sonar extemporánea. Hay que tener en cuenta que durante el conflicto armado fueron asesinados 12 obispos y un administrador apostólico; 4.184 sacerdotes (uno de cada siete), 2.365 religiosos (uno de cada cinco) y 283 religiosas. En diócesis como Barbastro se ejecutó al 88% del clero, incluyendo al prelado.

 

Ataque a una iglesia de Málaga.

Ataque a una iglesia de Málaga.

Así parte de la jerarquía católica al menos mirócon buenos ojos al Alzamiento y que algunos prelados, como Marcelino Olaechea (Pamplona), Rigoberto Doménech (Zaragoza) y Tomás Muniz (Santiago) se refirieran a este como cruzada. Aunque todo sea dicho el primero que utilizó el término fue el general Mola en una alocución del 15 de agosto de 1936. También el político catalán Francesc Cambó empleó este término en un artículo publicado en La Nación de Argentina el 17 de noviembre de 1934.

Pero esta no fue la postura oficial ni de la Santa Sede ni de la jerarquía española. En julio de 1937 la jerarquía católica emitiría un comunicado, conocido como Pastoral Colectiva del Episcopado Español, en la que establecería su posición sobre la guerra y en la que en ningún momento se hace alusión a una supuesta cruzada. La suscribieron todos los prelados que seguían vivos y en zona segura salvo el de Tarragona, el cardenal Francesc Vidal i Barraquer, y el de Vitoria, Mateo Múgica.

La carta fue enviada al episcopado mundial desde Francia con el objetivo de que llegara al mayor número posible de obispos. La pastoral era concebida como la exposición de unos hechos “que caracterizan nuestra guerra”. Los obispos aprovechan para desligarse de haber impulsado el Alzamiento o estar en conocimiento del mismo y muestran su rechazo a la contienda: “La Iglesia no ha buscado esta guerra ni la ha querido“.

En la pastoral quieren dejar claro que una de las dos partes en conflicto “iba a la eliminación de la religión católica en España”, lo cual no implicaba que la Iglesia se hubiera puesto incondicionalmente al servicio del otro bando. Por el contrario reclamaba su libertad de acción.

La parte de la misiva destinada a describir la II República se centraba en el incremento de la presencia comunista, especialmente a partir de las elecciones de febrero de 1936 de forma que en su opinión no se podían separar el fenómeno del Alzamiento con el de la revolución comunista. La pastoral reincide una y otra vez en este mismo punto.

En su apartado sexto se apuntaba cómo se había llevado a cabo la revolución comunista. Este punto, cargado de emoción ante la persecución sufrida, concluía con “nuestra palabra de perdón para todos y nuestro propósito de hacerles el bien máximo que podamos”.

El movimiento nacional era analizado en el apartado séptimo. Se le califica de la siguiente manera: “ha fortalecido el sentido de patria, contra el exotismo de las fuerzas que le son contrarias”. “Dentro del movimiento nacional se ha ha producido el fenómeno maravilloso del martirio -verdadero martirio, como ha dicho el Papa- de millares de españoles, sacerdotes, religiosos y seglares (…) El movimiento ha garantizado el orden en el territorio por él dominado (…), lo que permite esperar un régimen de justicia y paz para el futuro”.

También dejaban clara su posición ante el nuevo Estado en la que reclamaba su libertad de acción.

La Pastoral se podría quizá resumir en cinco ideas.

Primera: La Iglesia no había tenido nada que ver con el Alzamiento.

Segunda: En coincidencia con el Alzamiento se había producido una tremenda persecución religiosa, incoada bajo la República, pero que a partir de julio de 1936 había tomado proporciones y modalidades inesperadas.

Tercera: Esa persecución religiosa, unida a la revolución social para la implantación del comunismo, había sido llevada a cabo por anarquistas, comunistas y socialistas de izquierda.

Cuarta: La persecución, dirigida a la eliminación moral y física de la Iglesia en España, la había obligado a ponerse no tanto junto a los junto a los sublevados, como detrás en un intento de salvar la vida.

Quinta: Los que había protegido el Alzamiento y se habían visto envueltos en una guerra eran mayoritariamente católicos y cabía esperar de ellos que respetaran a la Iglesia.

La carta pues transparentaba la mentalidad tradicionalista del cardenal Gomá (y de la mayoría de los obispos) pues eran hombres de su tiempo. Esta era la mentalidad en la España de los 30 en la Iglesia, Tanto era así que el Estado nacional trató de aprovechar a su favor el efecto que tuvo la carta vinculando dos cuestiones distintas; por un lado la realidad de la persecución religiosa y por otra, los proyectos de restauración de  un nuevo régimen, De la unión de estos dos hechos se procuró deducir que la reconstrucción era una tarea católica. Era la mentalidad tradicionalista.

 

Posición del Papa

La posición papal aparece claramente en una alocución de Pío XI en Castelgandolfo en septiembre de 1936. En primer lugar reconoció sin atenuantes el martirio que muchos españoles estaban sufriendo. Para el Papa los sucesos persecutorios eran una amenaza más cuanto derivaban de un profundo desconocimiento de la verdad “Y de un odio satánico contra Dios”. Ni una sola vez se refirió al comunismo aunque por el contexto las referencias eran claras

Pero además el Papa conocía la dureza del enfrentamiento y por eso hizo una llamada al entendimiento de las fuerzas políticas, ya que en su opinión, y para los dos bandos, “porque eso no era bueno , porque tal actitud estaba muy lejos de un comportamiento cristiano, advertía paternalmente para que se corrigiera”.

El Papa no condenó a los que luchaban en el otro lado,  niquiso olvidar que eran cristianos y como tales hijos suyos, al igual que los nacionales  Esta alocución no fue muy del gusto de las autoridades del Alzamiento, queesperaban un tono más duro con los republicanos, que la difundieron con una censura previa de la útima parte en la que hablaba del amor de unos a otros y pedía la paz para España.

 

(*) La mayor parte del texto está basado en “Historia de la Iglesia en España 1931-1939’Tomo II. La Guerra Civil” de Gonzalo Redondo.

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Sobre el autor

La historia nunca es como nos la han contado. Es casi lo único en claro que saqué después de pagar los derechos por mi título de licenciado en Historia. Esos cinco años también me sirvieron para concluir que la historia no es maestra de la vida. Frases como la de que "un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla" (Confuncio dixit) sólo puede haberla escrito alquien que no sabe que es la libertad. Pero es ese carácter imprevisible lo que la convierte en apasionante. En este blog no busques grandes verdades. Únicamente encontrarás pequeños hechos que sirven para dar rienda suelta a una pasión.


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