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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

Ha llegado la hora del botijo

LA CHISPA

Trucos de verano (y III)

Carlos Pajuelo de Arcos

            Me hacen llegar un aviso sobre este asunto de los Trucos -que ya pesan-y yo digo que sólo deseo ayudar al personal a instalarse en el verano capitalino sin menoscabo de su diversión , atendiendo a las necesidades lúdicas del espíritu y a la austeridad propia del momento eurístico que vivimos y a eso estoy dedicado en cuerpo y alma… al experimento trucal. Contra la gota fría y lo demás. Hoy, cuando envío esto hace mucho calor y ha empezado Octubre.

            Las gentes han olvidado el botijo por mor del agua fría de la nevera y ahí cometen un error doble como es el caso de una cierta pérdida de la tradición más artesana, secular y familiar que en el mundo haya sido- además de ahorrar energía-   y por otra parte la cuestión didáctica derivada de la técnica del chorro sin gota, que nada tiene que envidiar al tratado, de más de 400 páginas, sobre como servir y tomar el té de Lin Yutang, un filosofo chino que sabía de casi todo.

            El botijo de barro, en color blanquecino, ha sido visto por estos ojos míos, que la Tierra devorarán, sobre un plato de esos de medio postre o también al aire colgado de sendo gancho y en ocasiones con labor de ganchillo contorneando la boca seductora de la carga del agua, en una especie de casto envoltorio y digo yo, ahora, sí aquello era una reminiscencia monjil o era una funda evitadora de molestos insectos voladores que sabemos pululan en cuanto que les das una mínima oportunidad… los muy guarros.

            Rodeado de una pequeña prole, sistemáticamente destinada a ensordecer, y de algunas personas del entorno familiar, aconsejo instaurar, como se hace con la hora de la siesta, la llamada “la hora del botijo”.

             Algún experto, podría ser el venerable abuelo, iniciaría a modo de una clase práctica sobre inclinación del codo, altura máxima, velocidad de caída, tiempo de gorgoteo, ritmo de respiración nasal etc. e instituir un premio a aquel que menos chorretones tuviera sobre la camiseta o el torso desnudo, que ahora se lleva mucho, incluso en los restaurantes antes de postín, que dejan pasar a cualquiera con tal de que el metal suene en sus bolsillos abultados y grasientos, caminando sobre chanclas ruidosas. Un encanto.

            Pero no nos desanimemos, “la hora del botijo” puede ser íntima y aún cuando observemos que a nuestros alrededor la camada de jóvenes cachorros, tatuados con extrañas figuras de dragones en sus brazos y espaldas, nos recorren con sus miradas mezcla de asombro y escepticismo terminarán por acometer en su propia íntimidad el ejercicio, casi religioso, del culto al chorro del botijo…y de ahí al “botijón” un paso.¡Qué el chorro les acompañe! Buenos días.

           

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera