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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

El olor convulso de Valencia

El olor

Un estudio de la Universidad holandesa de Utrecht publicado en la revista Psychological Science revela que los humanos son capaces de comunicar sus estados emocionales a través de señales químicas.(fuente: Muy interesante)

            Yo lo venía intuyendo y a mi acompañante siempre se lo decía. “Es el olor, es el olor” y ahí jugaba por contraste con la frase terrible de Brando en “Apocalypsis  Now” dónde dice “Es el horror, es el horror” y era verdad tras ver el espectáculo de muerte, violencia y abandono en lo que se había convertido la zona ,sin fronteras claras, de un Vietnam golpeado por la intolerancia.

Creo que me estoy desviando, Vuelvo de nuevo al texto pensado como original de hoy.

Decía: “es el olor, es el olor” y esto lo expresaba justo en el esplendido marco urbano de Valencia, el comprendido entre las cafeterías chocolateras y cerveceras de la Plaza de la Reina , la entrada a la Catedral y el lugar dónde autobuses turísticos recogen a los viajeros para “tourdarlos”, darles una vuelta ,por la Ciudad.

El “Bus” turístico de turno cohabita con los jamelgos, de aspecto “fatigué” de la misma plaza, que sirven para arrastrar a una góndola carruaje que a lona descubierta compiten románticamente con el humo maléfico de los restos de gasoil del “bus”. Olor a asfalto y ciudad convulsa, ¿Me siguen?

¿Cómo compiten?

Los caballos son organismos que generan desechos que expulsan con monotonía otoñal (monotonía de la lluvia sobre los cristales-Machado) los hermosos y amarillentos residuos de morcilla aparente que surgen, como de una maquina, del ano equino.

El  olor orgánico de estos residuos naturales, invade sutilmente el área y los turistas y los que esperamos el bus urbano del pase oro, o de ticket normal, aspiramos naturaleza en estado puro.

Es posible que esta “mierda de caballo” sirva para abonar las esplendidas glorietas que adornan el centro de la Plaza y de ahí que reluzcan más que el Sol y sus verdes hojas despidan energía.

“Es el olor, es el olor” le digo a mi acompañante mientras nos precipitamos al interior del autobús no sin antes ser casi atropellados por un joven recién llegado que querría, digo, pillar cacho asiento., como luego se corroboró.

Honor y gloria para quien hace suyo aquello de “los viejos que se jodan. Ya han vivido bastante. Es nuestra hora”. Toma castaña.

Oda al olor, oda. Ven conmigo, muñeca ,al falso olor del campo en el Centro de la Ciudad. Te amo Valencia. Buenos días.

Un estudio de la Universidad holandesa de Utrecht publicado en la revista Psychological Science revela que los humanos son capaces de comunicar sus estados emocionales a través de señales químicas.(fuente: Muy interesante)

            Yo lo venía intuyendo y a mi acompañante siempre se lo decía. “Es el olor, es el olor” y ahí jugaba por contraste con la frase terrible de Brando en “Apocalypsis  Now” dónde dice “Es el horror, es el horror” y era verdad tras ver el espectáculo de muerte, violencia y abandono en lo que se había convertido la zona ,sin fronteras claras, de un Vietnam golpeado por la intolerancia.

Creo que me estoy desviando, Vuelvo de nuevo al texto pensado como original de hoy.

Decía: “es el olor, es el olor” y esto lo expresaba justo en el esplendido marco urbano de Valencia, el comprendido entre las cafeterías chocolateras y cerveceras de la Plaza de la Reina , la entrada a la Catedral y el lugar dónde autobuses turísticos recogen a los viajeros para “tourdarlos”, darles una vuelta ,por la Ciudad.

El “Bus” turístico de turno cohabita con los jamelgos, de aspecto “fatigué” de la misma plaza, que sirven para arrastrar a una góndola carruaje que a lona descubierta compiten románticamente con el humo maléfico de los restos de gasoil del “bus”. Olor a asfalto y ciudad convulsa, ¿Me siguen?

¿Cómo compiten?

Los caballos son organismos que generan desechos que expulsan con monotonía otoñal (monotonía de la lluvia sobre los cristales-Machado) los hermosos y amarillentos residuos de morcilla aparente que surgen, como de una maquina, del ano equino.

El  olor orgánico de estos residuos naturales, invade sutilmente el área y los turistas y los que esperamos el bus urbano del pase oro, o de ticket normal, aspiramos naturaleza en estado puro.

Es posible que esta “mierda de caballo” sirva para abonar las esplendidas glorietas que adornan el centro de la Plaza y de ahí que reluzcan más que el Sol y sus verdes hojas despidan energía.

“Es el olor, es el olor” le digo a mi acompañante mientras nos precipitamos al interior del autobús no sin antes ser casi atropellados por un joven recién llegado que querría, digo, pillar cacho asiento., como luego se corroboró.

Honor y gloria para quien hace suyo aquello de “los viejos que se jodan. Ya han vivido bastante. Es nuestra hora”. Toma castaña.

Oda al olor, oda. Ven conmigo, muñeca ,al falso olor del campo en el Centro de la Ciudad. Te amo Valencia. Buenos días.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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