El invierno de nuestra desventura
Ya el invierno de nuestra desventura se ha transformado en un glorioso estío por este sol de York, y todas las nubes que pesaban sobre nuestra casa yacen sepultas en las hondas entrañas del océano. Ahora están ceñidas nuestras frentes con las guirnaldas de la victoria (fuente: Ricardo III de William S)
Hace unos minutos a las 12,07 hrs ha entrado el invierno en el calendario y hace unos minutos se cumple el año de la llegada al poder del País del Sr Rajoy y del partido popular.
Una convergencia que dará, a lo mejor, que pensar a los que se dan a ese ejercicio, no demasiado frecuente, de pensar. Si estuviera Pajín (que no sé donde está) diría que esto es cosa de las estrellas, del cosmos mismo que cantando la Internacional se funde con la tradición del bardo británico.
Como soy yo quien escribe me trae al fresco uno y también el otro y si lo prefieren al revés.
Y si a esto le añado yo lo del fin del mundo y estudiamos las discusiones en el Yucatán sobre el ciclo de los mayas, la cosa estaría que arde, si yo fuera un sujeto dado al pesimismo más atroz.
Yo he escuchado en al radio Pública (RNE), que escucho en la madrugada, a un antropólogo mexicano – Iván Franco- decir que lo que quiere señalar el calendario era un fin de ciclo y que ese calendario estaba obsoleto para el resto de la población maya de la época, en torno al 1200 de nuestra era, y que a la sazón el calendario que se venía usando por gente del común maya era el de las cosechas.
Es como aquí con el Zaragozano. No pasa nada.
Ahora toca el glorioso estío, la Navidad consumista y quemadora, porque el personal se precipita el uno sobre el otro y se abraza, se sacude a dos manos cariñosas y algunos se osculan y todo ello porque, aunque las nubes están “plenas” como diría Tagore, aquí no llueve y el Sol del York inglés se ha trocado para muchos en jamón de jabugo y para otros en magro de pork o en nada.
Me adhiero, en general, a la fórmula utilizada por presidentes, banqueros venidos a menos, directores y consejeros de bancos y aledaños que siempre encuentran un culpable en otro y ellos siguen ejercitando el atlético deporte de estirar la mano con la palma hacia arriba.
De momento mi frente no está guarnecida, ni adornada por guirnaldas de flores. Solo noto, muy a mi pesar, un cierto brote.
En el año glorioso de arribada al poder de la nave popular siento que me están poniendo, estos señores, los cuernos. ¿Me ayudarán a vivir? No tengo carnet, salvo el DNI y un par de carnets o más relacionados con el periodismo. Iré a preguntar. Buenos días.