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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

Déjame como estoy

Déjame como estoy

El artista Juan Ripollés ha asegurado que la escultura dedicada a las víctimas del terrorismo instalada en una rotonda de Castellón, que cayó este sábado como consecuencia del viento, le ha pedido en una conversación de madrugada que se quede “como está”, por lo que ha propuesto al Ayuntamiento que no se vuelva a levantar, sino que “tan sólo sea aseada, adecentando la base donde se apoya”.(fuente: las provincias)

La capacidad de entender los signos que los objetos inanimados nos dan es impresionante. Para entenderlos hay que ser un poco artista y un mucho de sensible.

Yo mantengo la teoría de que aquellos que escribimos padecemos una cierta esquizofrenia pacífica; somos capaces de crear situaciones, diálogos, personajes que nacen de la imaginación.

Por eso respeto, admiro y comprendo al escultor Ripollés que ha sabido estar cuatro horas de madrugada frente a la estatua y hablar con ella.

Supongo que estaría debidamente abrigado por el relente mismo que la “madrugá” produce y debidamente identificado para evitar que la noche, de noche todos los gatos son pardos, le confunda y además las patrullas policiales- supongo que hay- no lo tomen por un “colgado” en estado crítico de éxtasis. Falta comprensión.

Él, dice, que ha llorado. Yo también porque mi otro yo, el de ciudadano, se ve abocado a pagar la destroza.

La monumentalidad de la obra aconsejó al Ayuntamiento, parece ser, llevársela a otro sitio y mire usted por dónde al caer no ha lastimado a nadie y eso es un detalle que ya se ha encargado el concejal de turno en adjudicarse como un mérito.

Respetar la voluntad del artista se ha dicho. Es la voluntad del viento digo yo. Escrito en el viento, en plan Bob Dylan.

¿Entonces? Será el ingeniero el culpable, que ya ha sido dicho. A mí no se me ha caído nada se le ha caído al ingeniero. Ripollés dixit.

Antes de sentarme en mi silla de escribir, que es bamboleante y giratoria, me apresuro a hablar con ella y tras una discusión creativa la silla me ha dicho que es “sillón” y que me deja sentarme con tal de no hacerla sufrir más de lo debido y que esa manía mía de repantigarme sobre el respaldo me va a costar un disgusto y que esa pierna que tengo a remolque se verá más perjudicada.

Sí, Yo he hablado con ella, con al silla devenida en sillón y le he puesto un cojín para su mayor comodidad.

También me ha dicho como la estatua caída a Ripollés. “Déjame como estoy” ( su voz sonaba a gutapercha y muletón) y es que al final el refrán valenciano lo resume todo y hace inútil la columna, la estatua y la reflexión. “Qui estiga be que nos es meneche”. Supongo que estará mal escrito pero ustedes me entienden. Espero que mi editor Francesç de DENES  me lo corrija ¿Sopla viento hoy? Voy a ver. Buenos días.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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