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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

Es la hora del carnaval

Es la hora del carnaval

Suena el teléfono en el interior del despacho del Jefe, en un palacete cerca del núcleo del poder, y una melodiosa voz femenina le susurra:

“Cariño que ha venido el sobre con los billetes para el carnaval en Brasil y el mensajero, un joven muy simpático, está esperando. ¿Qué le digo?”

¡Qué le digo, que le digo! No te he dicho que me reúno con la cúpula. Devuelve el sobre y le dices- para que quede claro y por si están grabando-que se ha equivocado de dirección y que no sabes nada de sobres y dejas caer sino será para alguna casa en la Calle Ferraz. Y no molestes, cielo, que estoy preparando la declaración.

¿La de Hacienda?-No, boba, no, la de prensa. No hay que improvisar que esos de una pajita hacen un tronco.

Pues no digas nada.

En eso estoy. Un besito y oye que quiero una brascada para contentar al noi que viene mañana y un pescadito que hay que mantener la línea…¿lenguado? No. No sea que se me vaya la lengua…no te rías que no es para tanto y ya que estamos  en eso de que la función hace al órgano prepara un pez espada. Y no seas loca.

El ujier anuncia y tras uno y una todos se sientan con cara de circunstancias y todos traen un papel en al mano; es una declaración medio jurada en la que firman y afirman que serán buenos y que lo que conviene es un Ley de punto final.

¿Qué es eso? Pregunta una que acaba de llegar de un periplo europeo.

Nada. Qué borrón y cuenta nueva. Que se olvide lo pasado y que se considere a Felipe IV el culpable de todo y que todo ha empezado en la época del Conde Duque de Olivares y que ellos han seguido la tradición y que no debían romperla porque luego se los acusaba de “antisistema”. Todos brindaron con Jerez y algunos con Rioja salpicando sus gotas las jabugianas bandejas que adornaban la mesas de recibir, Las mesitas a la sazón  estaban plenas de sobre de diferentes colores. Los había negros, rosas y azules.

Un timbre suena anunciando que faltan 5 minutos para la rueda de prensa y los semblantes se truncan serios y el silencio cae como una sombra oscura. Todos miran al Jefe que está impertérrito (como debe estar siempre un Jefe), se ajusta los quevedos y sale. Tose un poco, se aclara otro poco la garganta y dice que todo es una conspiración mediática y promete querellarse contra todo lo que mueva.

El silencio periodístico llama la atención y de repente al levantar la cabeza de los papeles y al ajustar los quevedos mira y se da cuenta que no hay nadie en el salón.

Los periodistas se han ido a tomar una caña al jardín, aprovechando que hace sol y están celebrando una fiestecilla infantil con un letrero que recuerda lo de Alicia en el País de las Maravillas. Todos se ríen mucho y el telón se cae. Mañana ( si hay mañana) más. Buenos días.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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