La mesa
Esta noticia de hoy leída al frío de la madrugada me ha llamado la atención.
El restaurante Mibu es único en el mundo. Solo tiene una mesa. Una única mesa para ocho personas en poco más de 20 metros cuadrados a la que únicamente tienen acceso habitualmente sus 300 socios.(fuente: el mundo Alberto Díez es fundador y presidente de AD Group-Exclusive Event Designer y para él la palabra Imposible no existe)
El señor Diez es el que ha vivido la experiencia y la cuenta. Lo cierto es que el dueño del restaurante es budista e ictiófago y supongo que vegetariano, Medita dos horas cada día y luego comienza su tarea.
Yo tengo también una sola mesa y a lo mejor usted también y no es para 8 sino que puede ser para más o menos según el día y la media de habitantes que pueblan su santa casa.
Lo de la mesa no me impacta porque como ya digo tengo una y “afortunadamente” no tengo 300 socios que vivan intensamente los sabores y la textura del atún rojo, por ejemplo.
Cuento todo esto a propósito de la diferencia esencial entre culturas y me pregunto si esta posibilidad experiencial tendría cabida aquí. Ya sé que hoy se juega a la cocina de autor y se cocinan tortillas deconstruidas y una cuantas cosas más hasta el extremo de habernos considerado, en alguna ocasión reciente, como excelentes y pioneros en ese campo culinario.
Por otro lado movimientos de vuelta a lo natural y al cocido de nuestras abuelas son un hecho.
Gloso el asunto y pongo en común estas dos formas de ver “el comer” para que ustedes se planteen lo que desean.
Yo me sigo quedando con mi mesa que es flexible en materia de personas y tradicional en orden a condimentos.. Mi abuela preside la idea heredada de la tradición. Lentejas, garbanzos, gazpachos, tortillas de patata y cebolla y una tertulia serena y lo más divertida posible. Ustedes dirán. Buenos días.