El descanso
Está bien tomarse un descanso de vez en cuando, sobre todo ahora que al parecer han suspendido el año sabático en las Universidades, por ejemplo Los sábados, valga la broma, siguen para todo el mundo , universitario o no. Yo he ido a hacer un trabajo de campo en torno a los placeres de la mesa y a ver algunas iglesias. Ambas cosas son compatibles.
Como algunos recordarán publiqué una glosa en torno a la mesa de un japonés que tiene una sola mesa en su restaurante de origen zen y budista (se toma dos horas antes de empezar la tarea de meditación y lo hace cada día) y que ha logrado tener 300 socios aficionados a esa mesa que solo sirve pescado y vegetales. Una mesa no fácil de atender y supongo por eso se que se toma su tiempo.
El caso es que le estoy dando vueltas a ese asunto del comer y de la meditación.
Ya había estado en nuestro Mercado Central de Valencia y tras comprobar que sigue siendo uno de los mercados más bonitos que yo conozco( arquitectónicamente hablando) y que ya se podía-(con cierto retraso en el tiempo con respecto a otros mercados de fuera de Valencia) tomar allí mismo de los productos que se venden creo que la cosa podía mejorarse. He ido a ver y aunque yo ya sé que no mando nada yo lo digo…por si cuela.
He visto mercados en Paris, en Roma y en Alemania y estuve estos días en Madrid para ver, para ver mercados. Mercados e iglesias. Es un tic que debo tener.
En Madrid he visto el de San Miguel y el de San Antón. En el primero no hay casi paradas de compra y todo es consumo de productos que te hacen allí mismo y recuerdo una llamada el “pescado original” dónde, era Cuaresma- servían un bacalao a la riojana de contundente aspecto y sabor (hay que consumirlo a pie de barra, de pie) y una fuente de pimientos de Padrón de suculento y vistoso color verde, hechos en su punto sin encontrar, por cierto, ninguno de picante penetración lingual. Abriendo boca con una sartencilla de salpicón muy agradable, avinagrada con generosidad y potenciadora de escanciar cervezas de barril bien tiradas que no es fácil.
El de San Antón me gusta más- al margen de su proximidad “chuecana” que le da un variopinto mestizaje con americanas de visita y castizos recién llegados. Degusté, procedente de un puesto de mercado de nombre “La Finca” una importante carne de buey hecha en una plancha de experiencia con la sal adecuada y un vistoso cuadro de canapés y montaditos de todo tipo y condición a regar con un buen vino blanco de Rueda ( que es. con perdón de mis lectores,el pueblo de mi abuela, citada varias veces en estas columnas)
El paseo previo por la primera planta- de tres que tiene- del mercado es una placer para la vista y el resto de los sentidos. Las viandas, las frutas etc. provocan. Los precios me parecieron altos y recuerdo que pensé en los mismos precios en el de Algirós de Valencia; un mercado que frecuenta la amiga que me acompañaba.
Creo que podríamos mejorar nuestros mercados mediante el sistema de copiar algunas de las cosas que yo invito a ver. Y aunque Madrid es mucho Madrid en el sentido de millones de turistas y aquí vamos bien, pero menos que antes ,en general podríamos hacer un esfuerzo.
¿No tenemos La Marina? Pues hágase allí el mejor mercado de pescado del Mediterráneo y consumase allí, a pie de mar y a precios razonables, por cierto.
Estos descansos, me digo, habrá que ampliarlos antes del descanso eterno. Buenos días.