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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

DEL BUS FETIDO Y COMO COMBATIRLO/crónica de lo humano

DEL BUS FETIDO Y COMO COMBATIRLO.

Una crónica de lo humano

         El bus iba atestado de personal variopinto. Un par de asiáticos, varios sudamericanos, abuelitas sentadas en los asientos verdes previstos para ellas, un par de ejecutivos con teléfono pegado a la oreja, una señora de color(antes negra)- gritando en suajili, digo yo, a pulmón caído y algunos estudiantes también con sus móviles y un resto de personal que parecían jubilados.

         Hasta aquí todo en la línea de lo normal; muchos estábamos cogidos a las barras haciendo equilibrios para cuando frena o acelera el o la conductora y así evitar pasarte todo el trayecto pidiendo perdón al de delante o al de atrás y si es ella más cuidado todavía, tal como está el panorama.

         Súbitamente un olor denso, olor a col fermentada o a huevos podridos invade la atmosfera:

         Yo tengo una amiga que a esto le llama un doberman y al preguntarle en su día por ese calificativo, señaló que es el único pedo que agrede a su dueño. Es como el perro mencionado

         Una serie de gestos, unas miradas de soslayo y yo estuve, lo prometo, a punto de hacer una dejada corporal como de desmayo, al tiempo de exclamar “gases lacrimógenos, ha sido un o una terrorista civil”

         Es evidente que este suceso no se resuelve abriendo los medio cristales superiores porque siempre hay gente que hasta estando en el fondo del infierno, donde dicen que arden las llamas, alguien grita, cuando entra uno o una nuevo en el infierno grita: “esa puerta”.

         Es gente muy friolera que parece aguantar mejor la densa atmosfera invisible de un aire cargado de fetidez de alcantarilla.

         Grezzi, por favor, aparte usted unos dineros para instalar pedometros.

         Le sugiero que ante un nivel de atmosfera enrarecida por  los aires del personal, el pedometro dispare un automático de aviso al conductor o conductora que frene el bus, se abran las puertas y suene la quinta de Beethoven o el ritmo de un vallenato en honor de nuestros colombianos, si lo fueran o una cumbia, al tiempo que una dosis de azahar se expande por el entorno.

         Un azahar extraído de las naranjas bordes de la ciudad, antes de que se conviertan en pulpa pisable donde resbalan los abuelos que vienen de recoger a los niños del colegio, porque los papas están en el curro.

         Por fin la realidad se impone y lo humano se hace presente al margen del telediario que parece una sección de sucesos o las interminables monsergas de los que quieren implantar la republica en la zona de Valencia al Norte.

         El columnista se ha repuesto ya, pero no ha tenido más remedio que escribir lo sucedido y dar cuenta de que somos humanos, tan humanos como la reina que, en Canarias, en el transcurso de una visita, no tuvo más remedio que rascarse sus partes íntimas en un gesto natural que se ha recogido por algún paparazzi y que se ha publicado gráficamente.

         ¿Esta rascada la hace menos reina o la sitúa al nivel de la masa amorfa?

         Más humana. Se sabe ya que no es de cartón piedra. Puede no gustarnos lo del bus o lo de la reina …pero esas miserias humanas nos hacen más reales, más próximos.

         No obstante, se recomienda al personal que ahora, y más en el verano próximo, se venga lavado y arregladito de casa. Muchas gracias

 

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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