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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

LA MARINA DE VALENCIA ME DEBE DINERO

LA MARINA DE VALENCIA ME DEBE DINERO

Como saben algunos de mis lectores y algunos amigos, tiendo a la dispersión porque de cada asunto se desprenden, como las uvas en racimo, diversidad de reflexiones y dada esa tendencia mía se puede correr el riesgo de no entender.

Así que primero digo porque la marina de Valencia me debe dinero. Al final del largo muelle que lleva hasta la entrada del canal de entrada al puerto y frente a la estación de carga de combustible para embarcaciones, hay dos aparatos de esos que cuando éramos pequeños llamábamos “alarga vistas” que, fijados a una columna metálica, te invitan a mirar allende el océano para ver más lejos y mejor. En cada uno de ellos hay una placa metálica que indica que poniendo un euro se pone automáticamente en marcha. Mi hijo ha puesto un euro y allí no se ha visto nada. Los dos agujeros que a manera de ojos invitan a poner los de uno han permanecido en negro.

Tras algún que otro golpecito y movimiento a derecha e izquierda, la maquina se ha t tragado limpiamente mi euro y yo me pregunto cuántos euros habrán perecido ciegos a cambio de la frustración de no ver más allá que tus narices, que han quedado con un palmo de ídem.

Y ahora me disperso un poco! Uff! Ya estaba perdiendo la paciencia conmigo mismo.

Me levanto muy pronto, me acuesto pronto, desayuno, almuerzo etc. muy pronto y ahora que escribo esto me pregunto si no será todo demasiado pronto.

Esta mañana mi hijo R – mantengo cierto anonimato por aquello de la Ley de datos- me sorprende a las 5 y me propone: ¿Quieres que vayamos a ver amanecer? Sin dudarlo digo que sí y le sugiero que esperemos porque ahora amanece un poco más tarde.

Salimos hacia las 6,15 y me asombro al ver más allá del túnel de Germanías un grupo numeroso de jóvenes expandidos a lo largo de las puertas de un local discoteca que allí permanecía abierto. Estos están en plena marcha, antes que yo, claro que no se han acostado. Pienso en la productividad futura…pero ya sé que tienen derecho etc., etc.,

La calle está casi vacía, el tráfico escaso, taxis con su luz verde brillante, algún autobús con un pasajero – un lujo para el pasajero.

Finalmente llegamos a La Marina Juan Carlos I, la noche impera, dos pescadores sufridos se encaraman a la barandilla y se colocan entre el blocao de cemento que asegura el paseo y allí se colocan a ver si pican, un poco más tarde dos aguerridos con traje de neopreno arrastran una barca neumática de solido aspecto y se adentran en un mar plano, azul grisáceo ya y decidimos empezar a pasear sin dejar de mirar el bosque de palos de los barcos de vela amarrados allí.

No puedo dejar de pensar en que la noticia de asumir por el Estado, la deuda dejada por lo de la Copa América la va asumir, aunque todavía hacienda no nos haya dicho nada a los valencianos.

Me acuerdo de Barcelona que en otro asunto deportivo gastó y gastó y el Estado ni mu. ¿Somos iguales? Este es otro asunto que dejo para el memorial de agravios otro día.

 

Esta Marina es un lujo. Yo creo que estamos más abiertos al mar y vamos camino de ello y estoy con Ribó cuando se plantea, digo yo, dudas acerca del proyecto del Grao con esa horrendas torres de muchos pisos.

Se ve que todos queremos ver amanecer y los promotores de viviendas de lujo y apartamentos más que ninguno.

Ya hay luz importante y la noche se ha disipado, al fondo una muralla de nimbus hace suponer que si viniesen hacia aquí nos mojaríamos. Los de la barca neumática se han perdido en el mar, tragados por la distancia y vemos salir un par de barcos a pescar.

Cómo queríamos ver más y poder aproximarnos a la barca neumática navegando a remos por entre el agua de color acero, nos vamos a los “alarga vistas” y nada. Se ha tragado mi euro. No pasa nada porque soy solidario y creo que contribuyo a disminuir la deuda de 400 millones de euros que dicen que paga el Estado, pero que de momento no ha dicho esta boca es mía. Cosas de la vida misma.

Volvemos y ya los matutinos, mayormente personas de edad provecta preocupados por su artritis y su necesidad de mover las piernas, pasean, patrullan el borde del mar cerca de las maquinas de limpiar la arena.

Tengo que volver a casa y contarlo. Y eso he hecho. Hasta mañana.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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