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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

CALANDA II,ESCUCHA,ALCAÑIZ Y LA CEROLLERA

CALANDA II, ESCUCHA, ALCAÑIZ Y LA CEROLLERA

Le pongo un II a Calanda porque ya ha habido un I y me parece lógico pensar que una cosa va detrás de la otra, sobre todo si lo haces después como es el caso; algunos me han dicho cosas como que escribo como me viene a la imaginación y a lo mejor con un cierto desorden y que podía hablar más de la región, reino o comunidad donde vivo. Puede que tengan razón o a lo mejor no.

La imaginación es la salsa, digo, que agita la norma y si cuento lo de Calanda es porque he estado allí y he ido ex profeso para observar y recoger datos.

Me gusta mucho Denia, Altea y disfruto viendo a mis congéneres ancianos haciendo gimnasia absurda en Benidorm, pero es que yo me he ido al Bajo Aragón…que quiere usted que le diga.

Esperé en el patio abierto sentado esperando que abrieran la puerta del Museo de Buñuel a las 16 – yo pondría las 4 de la tarde, porque me parece menos ferroviario decir la hora así- y estaba sentado en un espacio circular y delante de un busto de la enorme cabeza de Buñuel, ahí en Calanda, su pueblo.

Llegó la amable responsable del Museo y al verme allí se apresuró a abrir al único visitante- se ve que le gustó tener un visitante- a una casa palacio de tres plantas dedicadas por entero al cineasta.

Me acompaña un rato y me enseña una especie de calesa,que está al pie de una escalera donde los primeros escalones están guardados por baúles antiguos de esos que hemos visto en las películas cuando “ella”· embarca y que caben de todo y se ponen en vertical con sus cajones laterales y sus perchas para llevar los trajes sin arrugar.

Si eso que decimos. “parece el baúl de la Piquer”.

La calesa era la que usaba la familia en los largos veranos cuando llegaban hasta Alcañiz en tren y luego al paso lento de una caballería, enjaezada, iban hasta Calanda; por dentro está forrada como si fuera tela de cortina sobre la gutapercha y no subo porque no me atrevo, por peso y dificultad en los dos escaloncitos de hierro que sirven de apoyo.

¿Qué pensaría el niño Luis en esos viajes de verano?

A lo mejor ya soñaba en un realismo adulterado.

Subo a la primera planta o segunda según se cuente, y me paseo por sus 32 películas y por las páginas de su vida itinerante entre Madrid, París y México. Éxitos y fracasos, censura y premios.

Veo a su actor fetiche Paco Rabal y sé cómo le llamaba “mi sobrino”, un sobrino que visitaba con su mujer Encarnación el Museo cuando Buñuel era un cadáver exquisito ya.

Pienso en el indiano de su padre y en como en aquella época lo manda a la residencia de Estudiantes lo que supone un dispendio considerable. Se sabe de sus encuentros con Lorca, Dalí etc. y ya entonces resultaba curioso, supongo ver como subía a su habitación por la fachada y boxeaba contra el aire constantemente.

Me agoto ante tanta tecnología, tantos efectos, tanta información y no subo a la tercera planta. Salgo a tomar el aire tras comprar algún poster, sobre todo uno de Marlene Dietrich. Antes pego la hebra con la guía responsable y me pregunta: ¿Qué ha visto usted en la plaza mientras esperaba que abriera?

! Ostras! Solo he visto un círculo de adoquines de diferente color en el centro, pienso. ¿Tendría que haber visto otra cosa?

Y ella que ve mi duda se adelanta. Es una figuración del “Ojo andaluz” la bajada desde la puerta es la navaja y el circulo el ojo y el cambio de color la pupila.

¿Sí? pregunto- contesto. Y yo, con tanta imaginación, creía que era un patio.

No me lo parece, digo.

Ni a mi-confiesa ella.

¿Entonces?

Es lo que dijo el arquitecto.

Deme, por favor, el teléfono de ese señor que quiero hablar con él.

Está muerto.

Vaya. Entonces no podré hablar con él. Y me voy, no sin antes agradecerle su amable guía.

Vaya. Estoy en la palabra número casi 700 – cuando una columna normal debe tener 370, y esto no da para más.

Creo que habrá más Calanda con el resto de experiencias que he vivido y que se anunciaban en el titular como parte de mi aproximación al bajo Aragón.

Estoy contento conmigo mismo porque no he hablado del Sr.Sánchez, ni de Cataluña, ni de los ministros bonitos que defraudan o mienten. ! Uff, que descanso! Gracias por leerme, si fuera el caso.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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