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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

EL DINERO DE MI MADRE

EL DINERO DE MI MADRE

De vez en cuando hay que limpiar el polvo de la casa, de la estantería y “menear” los archivos, los libros. Estamos todos de acuerdo en su necesidad y en la debida contención para evitar pasarse como mi amiga Amparo que debidamente pertrechada ataca al polvo de su casa una o dos veces al año, de forma guerrera, lo que la hace, supongo, una comando especial en esa materia.

Este año intento remedarla y he acometido una tarea similar. En este primer paso hacia la gloria de una casa sin polvo, he encontrado una reliquia que deseo compartir con ustedes, porque creo que es un testimonio físico del talante formidable y, duro de nuestros padres en épocas de incertidumbre, miedo y escasez.

Creo recordar que este historia pequeña u doméstica ya la he contado en alguno de mis libros, pero ahora que he vuelto a ver la caja-bote oxidada no me resisto a recontarlo “ad major gloriam” de mi madre, si ustedes me lo permiten.

De todos los seres que vivimos más profundamente los avatares de la postguerra, nos quedan las anécdotas que se contaban al calor de la modesta lumbre del brasero entre firma y firma con la badila (digo que se llamaba firma al remover con una paleta larga (badila) para avivar el fuego.

En mi casa la encargada y responsable de la firma era mi abuela Socorro que por edad y experiencia de muchos braseros era una experta y como, además era bajita, llegaba muy bien al centro de la lumbre escondida bajo la ceniza de aquel carbón que prendía muy bien, el picón.

Sigo con las historias del abuelito. (Claro que si el abuelito fuera un famoso se llamará historia vivida o alguna chorrada parecida)

Un día mi madre, en plena postguerra y mientras escuchábamos en la radio “cabalgata fin de semana” y a Boby Deglané ( al que conocí en Madrid en la Torre de España donde tenía un despacho, fui a verle en busca de trabajo con apenas barba y con cara , supongo, de panoli pero mu “echao palante” me dijo que me curtiera y que volviese ( él se ha muerto y yo no estoy curtido así que no he vuelto); decía que mi madre sacó un bote-caja oxidado que dejó sobre la mesa camilla para asombro mío ( los demás ya lo sabían) y queriendo, supongo, darme una lección, dijo:

Abre el bote Carlitos ( a la sazón me llamaba todo el mundo Carlitos pese al enfado porque creía que era mayor y ahora no me importaría!lo que hace la edad!)

El bote-caja oxidado tenía o mejor dicho tiene, una inscripción por el lado principal que dice “Hiposulfito.-debajo medio borrado- medicación antianafilactica y colaloga. Alergia alimenticia y digestiva.

En la otra cara del bote-caja “intolerancias digestivas de origen hepático congestión del hígado colecistitis crónica biliar. Dosis. Media cucharada a una cucharada por la noche al acostarse disuelto en agua. Niños cucharaditas. Salvo indicación médica.

En un lateral un sello farmacéutico. En forma de etiqueta señala el precio que era de 9,65 como precio neto”

Un dinero, digo yo.

Y la abrí. ! Oh, sorpresa !estaba llena de dinero. Unos montones de dinero de, 500, 60, 50,25 y uno de 1000(los tengo aquí extendidos y comidos por el oxido en sus lados).

Los había ahorrado con esfuerzo para poder volver a empezar una vez acaba la guerra civil y para evitar que los encontraran y los “·depuraran”, los guardó en esa caja-bote y la caja la enterró en una maceta de geranios en su balcón y los regaba casi cada día- aunque ya se sabe que, creo, los geranios no se riegan tanto (mi madre era de Valladolid y eso era muy de secano)

-Y así nadie los descubrió y pasado lo que llaman conflicto (en vez de una guerra de tres pares de huevos) los actuales jóvenes y menos jóvenes que no han tenido la oportunidad de quemarse las piernas al brasero y tener al mismo tiempo los riñones helados.

El caso es que todos los días la radio del ejército nacional (llamado por otros, sublevados) daba a una hora determinada unos números que correspondían a las series que figuran en los billetes, dando noticia de los que servían o no.

Y se ve que a mi madre se le estropeó la radio o estaba recogiendo la leche en la cola de la vaquería que había cerca de mi casa.

¿Y esto a que viene, se dirán algunos lectores?

Como está de moda lo de la memoria histórica de la guerra se me ha ocurrido un sucedido que no consistió en fusilar a nadie en las paredes de Paterna o el de los encierros en la checas que eh sabido hoy( facilitado por mi amigo el libero Miguel) que se trata de un nombre de origen soviético y que son las siglas de la organización policial del régimen de Stalin ( el hombre de acero que en realidad se llamaba Pepe). ! Qué cosas!

Y nosotros aquí y ahora con ordenadores, con intervenciones de ministras u diputados insultándose como en una taberna de medio pelo.

Creo que no han aprendido nada y eso que pagamos religiosamente su salario. ¿Será el salario del miedo? Muy buenas.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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