EL FACTOR D
Ahora acabo de confirmar que hay un elemento en el cerebro humano que predispone a la maldad.
Yo lo intuía hace tiempo y lo discutía con mi amiga Carmen que siempre sostenía, a la manera de Rousseau, el criterio del hombre bueno por naturaleza.
Nunca estuvimos de acuerdo y aunque hace tiempo que no la veo me pareció entreverla el otro día sentada en una silla de ruedas y atendida por una joven con rasgos aztecas.
¿Vivirán los buenos de sus hijos?
¿Es cierto que los perros se quedan en casa y a los abuelos los /nos mandan a un asilo más o menos bueno en función de la guita de la que dispones?
Cosas que vas viendo sin necesidad de investigar a 2.500 sujetos que respondan a preguntas de psicólogos, en fase de tesis avanzada, para ver como respondes ante una situación determinada.
Digo esto porque se ha publicado, en una de esas revistas divulgativas de ciencia que han investigado, con una muestra de 2.50 sujetos-
Me parecen pocos considerando los millones de individuos e individuas (ya sé que no hace falta explicitar el sexo, pero ante el progreso de la campaña de búsqueda de la igualdad yo soy el primero, espero que no el único, que hago la distinción por si las moscas) que venimos en llamarnos humanos y que poblamos la cada vez más exigua Tierra, pero oiga algo es algo.
En la Universidad que ampara el estudio- esto de amparar, -puede no significar nada, pero levantemos la copa de la esperanza- se ha llegado a la conclusión de que en todos nosotros hay una especie de zona oscura que tiende al mal o al menos a hacer el mal a otros.
Y a eso le han llamado el factor D.
Siempre he mantenido lo de la dualidad del ser humano y no hace falta haberse leído a Sartre (que luego dicen que sus obras no las escribía él si no su mujer Simone_de_Beauvoir, a la que, por cierto, convendría recuperar para la lectura y análisis).
El caso es que la frase del “infierno son los demás” atribuida al filosofo es la gran coartada. Yo soy malo porque tu lo eres y esa es mi respuesta.
Puede que en efecto exista el factor D. El refrán popular y clásico de: “Yo a las malas soy…”
Después de todo cuando escribo y ahora lo hago en largo para una nueva novela, al personaje le atribuyo un poco de malignidad, unas gotitas de mala uva- si fuera más coloquial diría mala leche… pero.
Creo que estoy mejorando. Todos me decían que mataba a mis personajes al final de la obra y cuando me preguntaban: ¿Por qué lo haces? La verdad es que me canso del personaje y lo mato; eso si, al final, lo que por otra parte es normal. ¿No? En cualquier caso, siempre se muere al final.
Cuando enhebras un cuento, un cuento más largo (las novelas son cuentos muy largos, a veces alargados para que parezcan novelas- según Borges) no te planteas al principio hacer una maldad, pero.
Si. Yo creo que tenemos un Factor D y muchos lo tienen muy desarrollado y a eso el pueblo llano los llama “hijos de puta” y los investigadores modernos pueden empezar a llamarles con el apelativo de Factor D.” Es que tiene un Factor D muy desarrollado”.
No es tan redondo y sustantivo como “hijos de puta”. A ver si hablo con Carmen y retomamos lo del hombre nacido siempre bueno. A pasarlo bien