EL CUMPLEAÑOS DEL HEREDERO
Ayer el príncipe Carlos de Inglaterra cumplió sus primeros 70 años como heredero. Con sus orejas atentas a cualquier ruido que tenga que ver con la contestación, entre los que saben en England de este asunto, a su pregunta clásica, entrañable y tradicional de “¿Cómo va lo mío?”, no ha percibido ni el aleteo de una mosca proveniente de su soberana madre, que va por sus 92 años.
Al margen de que ¿Cuándo heredara la función royal y de cuanto durara la función? el caso es que este señor tiene la suerte de que su madre le vive y eso a cualquier hijo le llena de satisfacción.
Creo que en algún momento pasará por su cabeza la reflexión de “¿pero mi madre no se cansa nunca? ¿Por qué mi mamá no se pierde una cena homenaje y agasajadora de visitantes ilustres, sometidos al protocolo histórico de una dinastía que va para largo?”
Yo no he sido rey en ningún momento que recuerde y mis potenciales reencarnaciones anteriores no recuerdan nada. Ergo no debo haber sido.
Lo digo por intentar encontrar explicación a la longevidad de los muchos de esos reyes con corona, o reyes sin ella, que hacen gala.
¿Se degastan poco o se desgastan menos que el normal sujeto de a pie?
¿Disponen de médicos personales atentos a cualquier tosecilla de nada o cualquier dolor de estomago?
Entre las jugosas declaraciones del heredero con ocasión de su cumpleaños- se ve que le han hecho una entrevista principesca en su propia revista “Country Life” yo he caído en la cuenta de que le gusta algo parecido a la musaka griega pero con la variante de faisán ; también permanece sentado en silencio mientras las ardillas rojas de Escocia juguetean entre ellas a perseguirse en el interior de palacio.
Lo veo. Le oigo decir, como quien no quiere la cosa, “este salón es de las ardillas escocesas”
Alguno de sus nietos ayer pudo haberse asustado al oír los cañonazos que atronaban el aire cerca de casa, de la suya, claro, y decirle el abuelo. “Nothing o sea nada.
Unos cañones que disparan en honor de tu abuelo, o sea mío. Es mi cumple” y les sacaría una libra de la oreja en un juego para entretenerlos.
Yo me uno a la alegría de su fiesta o sea felicidades y me gustaría que aquí la cosa fuese igual de bien en materia de longevidad para sus altezas, para los reyes, eso que no soy monárquico, pero un día es un día.
Por cierto ¿Nos podrían devolver Gibraltar? Ya que estamos.