LIMPIEZA DE TRASTEROS. Espigolando
Cuando “espigolas” – este palabro me viene a mí de pequeño y lo usaban los mayores para explicarme la acción de ir a recoger de los campos de patatas ya recolectados, lo que quedaba en la tierra.
Yo veía a una familia escarbar en el suelo de un campo, recién acabada de recoger la cosecha y cuando parecía que no quedaba nada, iban a ver y siempre quedaba algo. Me decían “están espigolando”. La gente tenía hambre. Ahora no sé si lo hacen.
La tierra de labor se aleja cada vez más de la ciudad tanto que hay gentes que alquilan pequeños terrenos para cultivar y así, digo yo, no perder la afición, el que la tenga, de agacharse, arar, usar la azada , regar, sembrar etc. y luego recoger los frutos,-si antes no se los han “espilogado” otros más “madrugadores”.
Me alejo casi sin querer del titular de hoy.
El trastero, campo familiar ya renovado, cosechado, es ese lugar donde guardas las cosas que ya no usas, que están medio bien pero no usas y las guardas por si acaso.
No hace falta tener un cuarto especial porque a lo mejor la casa es pequeña y no da para cuartos trasteros. Vale con altillos de armarios etc.
Yo tenía un amigo, al que echo mucho de menos por cierto, mi amigo el Dr. Alfredo…que me contaba que en Canadá- luego lo he visto en películas, muchas familias sacan a su jardín esas cosas y allí se producen las ventas de “jardín” o de patio no sé cómo llamarlas y los vecinos cercanos, u otras gentes, se llegaban a ver qué gangas podían encontrar.
Somos como esos pájaros que gustan de “robar” cosas más o menos brillantes y se las guardan en su nido- desconozco por y para qué- pero lo hacen.
Todo esto viene a cuento de que he leído que puede que tengamos tesoros de los que puedes obtener sanos beneficios y lo puedes hacer en una especie de rastro en internet.
Yo he vendido libros sobre manta en el rastro que estaba en la Plaza Nápoles y Sicilia, tras llegar a un acuerdo con un vecino de manta que me dejó un trozo de la suya. Lo pasé bien. Vendí muy poco, como ahora con mis novelas, pero disfruté y disfruto mucho. Se acerca a la felicidad suprema “espigolar” en tu trastero, redescubrir, reencontrarte con tu pasado etc.
Es barato, más que el besugo o el jamón ese de pata negra o de dehesa, que de repente con los langostinos han subido a las nubes y bajarlos te cuesta un dolor de escroto.
Pruebe ahora antes de final de año a “espigolar”! Quién sabe! También he leído que las ideas son “espigolables”. A pasarlo bien y vayan por la sombra.