LA MODELO BELGA PAPEN Y EL NIÑO ALEMÁN
Ya llego tarde para hablar de convivencia, emulando al Rey en su tradicional discurso en el que ha mencionado, brevemente, a los jóvenes y a la mujer y sobre todo ha dado un aviso en torno a la convivencia “sin se nomenar parts”.
No hacía falta, enseguida algunos se han dado por aludidos y han vuelto al punto de partida.
La convivencia tiene eso. ¿No se dice aquello de que si uno no quiere dos no discuten? Veremos.
El caso es que yo había elegido el caso de la modelo belga Papen como divertimento.
He aquí que esta señorita se ha ganado un puesto en las noticias y en el ranking de las modelos a base de enseñar el culo en cuanto puede.
Estos días lo ha hecho frente al Vaticano, en pelota picada, sentada en unos libros supuestamente sagrados y más tarde arrastrando una cruz frente a la Basílica que aparece al fondo también en bolas.
Han sido detenida con su fotógrafo de cabecera y retenidos 17 horas en un calabozo. No es la primera vez y no será la última según ha declarado. Dice que lo hace por la causa de la libertad. No especifica cual. Tiene 26 años la belga. Yo espero a ver como se fotografía desnuda si llega a los 70. Yo no lo veré.
La otra noticia es la de ese niño alemán de 9 años que ha llamado a emergencias de la policía alemana porque no le han dejado ninguno de los juguetes que pedía.
Los policías han acudido a comprobar la llamada, han visto la lista, han comprobado el disgusto lleno de ira del pequeño kaiser y han intervenido cerca de los padres y le han convencido de un error de Papa Noel. ¿Nace un nuevo Hitler?
¿No mimamos muchos a nuestros hijos y los llenamos de regalos inútiles? ¿Cuánto duran?
¿Tiene usted todavía algún juego de café de los regalos que le hicieron, hace años, el día de su boda? Eran regalos duraderos.
En fin, que todo sea por la cada día más difícil convivencia, por mucho que lo diga el Rey.
Esto de las Navidades ha perdido esencia, La raíz se ha esfumado y solo queda en el aire el perfume del consumo o Trump preguntándole a una niña de 9 años se todavía cree en Papa Noel. ¡Qué tío! Y se asombra cuando le dicen que si y a eso, lo llama marginal. ¡Menudo regalo!