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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

NO A LAS PROMESAS

NO A LAS PROMESAS

Hace un año por estas fechas escribí en un papel las promesas que hicimos unos cuantos amigos alrededor de una mesa que antes de cenar parecía bien provista, lo estaba, de delicatesen y de bebidas espirituosas, destinadas a libar con esplendida informalidad, propia de quien se cree con derecho a hacerlo por habérselo ganado.

Y libamos y comimos. Así lo hicimos; con tanto éxito que nuestros dolores de cabeza, del día siguiente, lo confirmaron.

Todas las promesas tenían que ver con uno mismo como parece natural.

Así que hablaré de una y luego, otro u otros días, a lo mejor hablo de otras y eso será según venga el aire y a eso yo, pobre de mí, lo llamo libertad.

Mis pensamientos de antes, mi cultura, mi experiencia, la ciudad, el país donde vivo, me empujan a ser como soy y por lo tanto mi libertad, para que sea, tiene que ser compartida con otras libertades.

Se enreda este pensamiento y entonces llego a creer que es genial, porque no hay Dios que lo entienda. Hablar y escribir con claridad no gusta…se le llama normalidad.

Vuelvo a la promesa.

Todos partíamos con la íntima convicción de que solo era posible una mejora, la que tenía que ver con uno mismo, siguiendo la teoría de Aldous Huxley, que predicaba en torno a lo posible y denunciaba los grandes movimientos universales que tenían como objetivo el cambio del universo mismo.

Mucho cambio es ese para uno que no es capaz de acabar una sola auto promesa.

Eso no es posible e intentarlo, aunque sea solo decirlo, implica un grado de soberbia mayor del habitual.

Somos demasiado soberbios. Creemos que somos alguien por llevar un reloj marca X y que cuesta X+Y, digo yo. Despreciamos al que toca un saxo en la calle, o que hace filigranas corpóreas en un semáforo porque vamos al volante de un no se que marca…al menos hacen algo y no vuelan las cajas fuertes de pueblos donde no hay Guardia Civil porque no hay dinero para mantenerlos.

Mucho hablar de las fuerzas de seguridad del estado…y seguimos manteniéndolos en no pocas ocasiones con salarios y condiciones laborales que sería para ir al inspector de trabajo si no fuera porque el jefe de los inspectores lo consiente en la contratación y es el Estado mismo.

Me he desviado del tema y es que me caliento y la promesa era no perder la calma.

La primera promesa fue, en un caso, la de evitar los ataques de ira que sobrepasan los límites de lo normal.

En ocasiones y siguiendo la norma de no contestar, de no hacer caso, se acumula una especie de tormenta en el interior de uno y se nota como un lento llenado del vaso de la paciencia y sin venir a cuento, o sin que lo que lo causa, en ese instante, sea importante, la reacción es impropia, excesiva y se pierde la medida.

La promesa consistía en no perder la calma. Ser ejemplo de pausado, tolerante y aceptar los puntos de vista, o el tipo de vida del otro, como normal sin entrar en el mar de la ira. Después de todo, eso redundaría en beneficio de uno, de su salud y esa promesa tenía un sentido recuperador.

Hoy he sabido que fulano de tal, el que hizo la promesa, no la ha podido cumplir y cuando lo hemos comentado ayer por la noche dijo y se dijo: Es que yo soy así o es genético.

Ya se había perdonado a sí mismo.

Todo lo relativizamos, nos auto justificamos y solemos mirar a los demás a quienes hacemos culpables de lo que nos pasa.

Este año no ha querido escribir su promesa. Tiene miedo de no cumplirla y sentirse culpable y eso produce una grieta y genera insatisfacción,

Ahora dice que vive el día a día y que él es igual a Simeone que ha inventado, dice, lo del partido día a día.

De repente me doy cuenta de que algunos entrenadores de futbol parecen psicoanalistas y producen frases como un carnicero morcillas. Suelen ser argentinos.

A mi me “patina la croqueta”, es perder el hilo del pensamiento. siguiendo un modismo argentino que aprendí cuando empecé un diccionario de frases que nunca acabé.

¡Venía a ser como un intentar aprender lunfardo (ese lenguaje de arrabal en la mentada Argentina)! ¡Cuántas cosas-promesas empezadas sin acabar!

Aquella argentina que me lo dictaba se perdía en si misma y yo que copiaba, me perdía en sus formas femeninas y me detenía en sus caderas; entonces yo no sabía que eso ahora se califica de machista.

Prometo prometer que no prometeré nada que no pueda acabar. Se acabó.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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