APROPIACIÓN INDEBIDA
Hace unos días la, para mí, inefable vicepresidenta en funciones Doña Carmen Calvo, en un acto de partido de los que se “montan” en verano para formar y aleccionar a la militancia y a los adheridos, se vino arriba al otorgarse a ella y al socialismo la invención, desarrollo y mantenimiento de “lo femenino” , devenido en movimiento reivindicatorio de la igualdad de derechos.
Héteme aquí como el concepto de memoria histórica, tan de moda estos años, que sirve para airear episodios de una guerra civil, que, aunque hayan pasado ochenta años parece que terminó ayer por la tarde, por ejemplo, ofrece lagunas que conviene rellenar para mayor gloria de la verdad histórica, si se quiere emplear como base de un discurso formativo para las masas escuchantes
Yo creo que la memoria no debe ser olvidada – valga la paradoja-, por cierto, por ambas fuerzas contendientes, donde cada uno guarda sus muertos en el armario de muchas indignidades.
Una parte de esa memoria tiene que ver con la diputada socialista Margarita Nelken, contraria a otorgar el derecho de sufragio a la mujer en 1931, un año en el que podían ser elegidas, pero aún no electoras e invito a los lectores, que tengan tiempo y ganas, a repasar las actas de las sesiones de aquellas Cortes para esclarecer el rol de Victoria Kent y la de la muy respetada Clara Campoamor y así vamos formando opinión.
Ya lo dejó claro Madame Curie que ella no quería ser premiada y reconocida por ser mujer, en una especie de discriminación positiva, quería serlo por su inteligencia y formación…como lo fue.
Y ahora ha sido para mí la reciente primera General del Ejército español la que ha hecho bueno el concepto vertido por la Nobel que, según señala el general Varela, ha subrayado que la general Ortega “asciende por haber acumulado el mérito y capacidad exigible para ello y no en virtud de un cupo por razón de género”. Así creo que ese es el camino.
Tontos y tontas, listas y listos los hay en los dos sexos (no empleo el término de “género” que me parece más de Botánica de primero).
El porque “yo lo valgo” debe aplicarse a ambos sexos. Veremos