UNA MODA QUE VA A MÁS: EL TATUAJE
Son las 7 de la mañana, el calor aprieta y espero un autobús que vaya a la playa, en la parada hay un par de personas que por su aspecto no parece que vayan hasta el final junto al mar; nos miramos un momento y cada uno vuelve a su móvil que ya forma parte de la mano de uno y de la oreja de uno también y al parecer de otros por lo que se cuenta en materia de espionaje.
No hay demasiado tráfico y el panel señala que faltan 12 minutos para que llegue el esperado y cómodo autobús.
De repente se oye en la Avda. una sirena y todos dejamos el móvil y nos asomamos a mirar, es un coche de la Policía Nacional que con sus luces encendidas en el techo, la sirena ululando y una luz blanca en el frontis, pasa a toda velocidad ante nosotros, lo seguimos con la mirada y descubrimos que delante de la parada, a unos 200 metros, una pequeña aglomeración de gente se arremolina y el coche policial está detenido; nos miramos con ojos de curiosidad y nadie dice nada, apenas una levantada de cejas y seguimos mirando el móvil, aunque en el fondo a todos nos gustaría saber qué pasa.
Llega el bus y al subir, una bocanada de aire fresco te golpea la cara y sientes un ligero estremecimiento y piensas si no estará Grezzi despilfarrando, quizás una vez más, recursos, sobre todo ahora que en el Ayuntamiento parece que hay una Concejalía destinada al clima, al cambio climático.
El autobús se ve obligado a parar como consecuencia de la pequeña aglomeración y a unas señales de la autoridad; unos que suben aprovechando la parada, comentan que un tipo había efectuado tocamientos a dos mujeres en el interior de una discoteca próxima y se había producido un altercado; por lo visto era un tipo violento y se lo han llevado.
Mientras oigo esto no dejo de pensar si los periodistas somos y los medios más, ligeramente culpables con tanta repetición y se produce un efecto de contagio.
No ´se, pero hay demasiados casos de tocamientos. ¿Antes era igual y denunciaban menos las mujeres?
Los que habían subido lucían algunos tatuajes en brazos y piernas, ellas también y yo , aprovechando el tono general de la conversación, les pregunté, con todo cuidado, que cual era la razón de esos tatuajes y antes de que me contestaran, ligeramente asombrados por la pregunta, les informé que en el pasado reciente solo los legionarios , los marinos y los presos se tatuaban, aunque lo cierto es que esto de tatuarse lleva en el mundo más de 5000 años y fue, recientemente, en el siglo XIX cuando de los viajes colonizadores a la Polinesia se importó la moda a Inglaterra…lo cierto es que escuchaban con interés y el autobús seguía su rápida carrera.
Llegaron a explicarme que sus tatuajes correspondían a conceptos, recuerdos y promesas,
Yo no quise recordarles, como ya conté en una novela mía. “Asesinar a un jesuita” ,el cómo las maras, en El Salvador ,se tatuaban para significar a cuál pertenecían, como es caso de la Salvatrucha y se bajaron al tiempo de decirnos adiós muy amablemente. Son cosas del verano.
Una que me lee antes de enviar la columna al diario, me señala si era necesario hablar de mi novela y sí eso no era un acto de vanidad inútil. Si, pero soy humano y ningún defecto me es ajeno.
No quiero hablar de la investidura, ni del posible Gobierno ni de los Ministerios podemizados o por podemizar. Soy un simple ciudadano de a pie. Les saludo afectuosamente y cuidado con la ola de calor.