PERDER EL OREMUS
Cuando la misa se “daba” en latín el sacerdote decía “oremus” y muchos de los asistentes perdían la concentración o no sabían en que parte de la misa estaban. Habían perdido el “oremus”.
Estos días hemos asistido a algunas perdidas del oremus civil, por llamarlo de alguna manera. No hay más que recordar el “espectáculo” protagonizado por nuestros ilustres parlamentarios al calor de la investidura, fallida finalmente. Han agotado los envites y los lideres se han descuartizado de bancada en bancada. Ha sido una sesión de gore doble. Se ha echado de menos el viejo verbo parlamentario, la sutileza de los argumentos, el filo de la palabra bien construida. Sus señorías han perdido el oremus y el señorío.
La contradicción posterior en el que de una parte se lee que el presidente inicia unas vacaciones de 21 días “para reflexionar” y las declaraciones de hoy mismo en las que la Sra. Calvo dice que nadie tendrá vacaciones y habrá Consejos de Ministros y viernes informativo; también anuncia su desconexión definitiva con su anterior socio preferente, mostrando la otra cara de la moneda de las declaraciones del presidente que dice no haber cerrado la puerta. ¿En qué quedamos?
Todos sufrimos la ola de calor y eso debe pasar.
No solo España está que arde, sino que Europa rompe récords de temperatura y me ha parecido leer que en Alemania han apagado o desconectado algunas centrales nucleares por no poder, o no deber trabajar a más de 40 grados.
El calor altera la naturaleza de las cosas o la Naturaleza hace cambiar la conducta de los seres vivos que comparten su hábitat planetario y las estadísticas demuestran que en situaciones no previstas de mucho calor o de intenso frío, los humanos no son los mismos que cuando la temperatura está más acorde con su estándar.
El nerviosismo altera, digo yo, el hipotálamo y las ideas se confunden, los conceptos se entrecruzan y la violencia puede surgir por una mera discusión de vecinos y de ahí a la agresión hay una línea mínima.
Ahí están los datos de los sucesos que emborronan las páginas de diarios.
La bestia por civilizar que nos lleva a los Cromañones surge a la luz y hombres y mujeres se enzarzan en enfrentamientos muchos de ellos mortales y padres e hijos discuten perdiendo el oremus. Quizás después de todo no está mal que el presidente se vaya con su familia de vacaciones y que la Sra. Calvo se quede y ambos carguen las pilas del sosiego y nos den la alegría de retirarse. Sería como volver a empezar, sería una nueva oportunidad., una especie de segunda vuelta. Para nosotros sería “a la vuelta te espero” bonita.