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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

¿Y AHORA QUÉ?

¿Y AHORA QUÉ?

Bien- Ya han sacado a pasear a los restos del otrora General Franco constituido, mediante la victoria en la, guerra, en el llamado Generalísimo. Y de eso hace unos cuantos años. Tantos que llevaba décadas en su fosa particular.

Hay más restos enterrados.

Supongo que pronto, cuando sea políticamente útil se hará necesaria la exhumación, o algún tipo de traslado, entrará en máquinas José Antonio Primo de Rivera que murió fusilado, o sea, era victima de la guerra y no como el General que hoy ha volado a su nuevo destino en un viaje, supongo que definitivo; espero que con esto nos dejen en paz y volvamos de una vez la vista al presente y a lo mejor al futuro.

Se abre para mí, inexperto en las artes del foro y desconocedor de los intríngulis de la cosa jurídica, la ventana de las potenciales exhumaciones de quienes tengan acreditados allí los restos de sus deudos.

El asunto parece tener miga.

¿Cuánto costaría y quién lo pagaría si alguien decide que es el momento de rescatar del anonimato a su abuelo?

¿Entraría esto en la dinámica de la llamada “memoria histórica”?

¿Solo se financia la investigación desenterradora de los que están en las cunetas?

Un asunto complejo y que da para muchos programas de entretenimiento morboso a cargo de las TV privadas con sus largos cortes publicitarios y de alguna pública, como ahora, como hoy.

 

Muchos de los que nacimos justo al acabar la guerra, vivimos los diferentes frentes que deja en la sociedad un conflicto bélico y más cuando la guerra había confrontado a hermanos contra hermanos.

Era tanto el clima, al menos en mi caso, con militares y civiles en uno y otro bando de mi propia familia, que las reuniones se constituían, en muchas ocasiones, en un nuevo frente, en este caso dialectico y eso durante mucho tiempo.

Eso generaba lo que ahora los más jóvenes llaman “mal rollo” que se ha ido cristalizando hasta formar una piedra en la conciencia personal de intransigencia o de olvido premeditado.

Los niños van creciendo y en ese tiempo absorben como una esponja todo cuanto se dice y cuando llegan a adultos, si es que llegan, han integrado en su constructo, que se dice, unas determinadas creencias de las que es difícil apearlos si esa fuera la intención.

Sin más dilación literaria o conceptual, hace años que me he dicho y prometido olvidar el tema.

No nos dejan, no me dejan, así que llevo unas cuantas novelas intentando dar otra visión, otra solución,

Tanto es así que en mi última novela-(que digo aquí, con permiso del lector y del Director de este diario a presentar en el Ateneo Mercantil de Valencia el próximo miércoles día 30 a las 19,30 hrs) vuelvo a sugerir una solución porque como allí escribo: “…por mis noticias los muertos siguen muertos…”.

Yo rogaría desde la más honesta humildad: ¿Nos podrían dejar en paz de una pu… vez? Por mucho Amenábar que tengamos en el horizonte y mucho helicóptero PUMA que con sus aspas corte el aire hacia Mingorrubio. Muy buenas. Un servidor se va a comer. Gracias.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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