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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

ESTAFADORES A PIE DE CALLE

 

ESTAFADORES A PIE DE CALLE

En una época en la que proliferan las estafas con base en el entramado cibernético y que por menos de nada te dejan sin asiento nuevo en el bus, o te colocan gato por liebre en algún producto que no cumple las expectativas que promete las etiquetas, sobrevive una especie autóctona que medra al calor de las almas caritativas que anidan en nuestros pechos.

Hablo, se trata, de los timadores a cara descubierta que se enfrentan a la víctima potencial haciendo uso de los malabares ejercicios que la lengua permite, es decir: mediante argumentos de apariencia convincente.

Ayer me pasó. Vagabundeaba solitario por las calles de la Ciutat Vella en pos de la sombra de los vetustos edificios, parándome aquí y allá para deleitarme con las viejas casonas o con las aldabas; aldabas que debían sonar graves al golpear un tres y requipe, por ejemplo, cuando fui abordado de medio lado, hasta situarse enfrente por un sujeto de aspecto bonachón ,dentro de un cuerpo enorme, que montaba gafas de concha semiantiguas que me espetó un HOLA sonoro de acento amistoso seguido de una pregunta simple: ¿No te acuerdas de mí?

Lo cierto es que no me sonaba de nada, lo miré, frunciendo el entrecejo, concentrado en pensar y al notarme en la cara una cierta duda , el del abordaje dio un paso más en el intento de ganar mi confianza.

Si – afirmó rotundo y suave al tiempo, soy el hijo de tu íntimo amigo y en ese instante un chispazo interior, un impulso automático me llevó a darle un nombre.

¿El hijo de X? Si- contestó con un acento alegre y una chispa de brillo en sus ojos encristalados.

Yo lo miraba intentando casar su anatomía y su faz a la que yo tenía archivada. No encajaba, pero es cierto que nos decimos eso de “hay que ver como crecen y cambian los hijos, nos dejan atrás etc.”

Al tiempo mis defensas contra el abordaje ya habían caído y captado ese momento me endilgó una petición de dinero, poco en realidad, a la que respondí: “ no tengo más que 50 euros” y se los di pensando en mi amigo, al que luego le llamaría para decirle: Oye acabo de darle a tu hijo etc.

Lo cierto es que se llevó los 50 pavos, aunque luego volvió, un gesto impresionante de honradez estafadora,-valga la paradoja o la parajoda que decía un amigo y me devolvió 25 euros añadiendo que solo necesitaba 25 y yo se lo agradecí- que quieren ustedes- y le dije : luego llamaré a tu padre y me llamó quedando con tres palmos de asombro al constatar que mi hijo estaba en el lecho de la post noche.

Este estafador pertenece a una estirpe valiente, clásica en un país que con su antaño Monipodio ha superado la barrera del cartelito en las paradas de los semáforos donde militan, estratégicamente, sujetos que previamente han sido colocados allí en el reparto diario que ,frente al Clínico ,a las 8 de la mañana (siete en Canarias) sus rumanos jefes asignan.

Los semáforos están tomados por parejas o solitarios cirquenses que juegan a entrenare con pelotas o palos que lanzan al aire en piruetas imposibles.

El caso descrito aquí no es único. Va de dar la cara fingiendo amistad íntima a jugar con los recuerdos, ya débiles, de uno; cual es el caso de un camarero falso de un Club de la Ciudad que el año pasado me “succionó” algo de guita a cargo de la injusticia social que habían cometido con él, al haberlo puesto en la calle injustamente.

Me sonó mi pasado romántico de cuasisindicalista.

Hay un escalafón en los argumentos. Se entrenan pidiendo completar un billete de autobús a Córdoba para visitar a su pobre abuela en trance de muerte o un préstamo urgente para poder pagar al cerrajero porque la cartera se la ha dejado dentro, en el local de abajo.

Gente audaz, perspicaz que “ te entra” con argumentación elaborada, lastimera etc. en el numeroso registro argumental y que lo hacen mejor que los que ayer debatieron ante la TV.

A eso finalmente añadir la experiencia sutil del carterista cuyos hábiles dedos se introducen, sin notarlo, en el bolsillo de uno y que requiere tanta formación como la de un ingeniero de caminos y durante mucho tiempo.

Los prefiero a los Pujol de turno, a los Gürtel del mismo turno y a los ERES que pespuntean la geografía de la golfería nacional.

Sin embargo, hay que pasear con poco parné, con mucha vista y no dar datos que sirvan de escalón argumental para la continuidad del pequeño saqueo.

Del gran saqueo del sistema ,preocupación inútil. No hay nada que hacer.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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