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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

CON EL CULO AL AIRE

CON EL CULO AL AIRE

Sucede que hay en marcha una reclamación contra el Hospital Peset como consecuencia de una falta de intimidad en el tratamiento a un paciente, que ingresó en Urgencias a consecuencia de unas hemorroides, claramente rebeldes a los tratamientos domésticos a los que habitualmente, supuestamente, se sometía como todo hijo de vecino aquejado por y con esa dolorosa y crónica situación

La queja no va dirigida a los profesionales que le atendieron, es más da las gracias por como lo hicieron. ¿Entonces?

Por lo visto el señor X se queja, con él lo hacen los facultativos, de que el espacio que Urgencias que vienen utilizando está bastante decrepito y sus instalaciones dejan mucho que desear de tal suerte que el Sr. X exhibió sus partes pudendas de forma casi pública; tan pública que no solo los autorizados a estar en la zona podían ver sus nalgas(léase también, para mayor entendimiento, culo) que lucían esplendorosas para los que esperaban a ser atendidos en la parte exterior, en la zona de espera.

A consecuencia de ello se dispararon los comentarios y se sabe que no es la primera vez que ocurre dado el calamitoso estado de las puertas batientes que no encajan y por tanto baten mal.

Yo sé que al ilustre D. Juan de Austria, héroe de Lepanto, no le hubiera importado exhibir en Flandes su bastardo culo real con tal de evitar lo que inevitablemente sucedió y es que murió a consecuencia, dicen, de esas malditas hemorroides.

En estos tiempos de descarnada promiscuidad en todos los terrenos, se diría que lo único que, presumiblemente, nos queda es la posibilidad de esconder nuestro escroto y nuestro culo manteniéndolo al socaire de la intimidad última. Es, se diría, el último reducto.

Convengan conmigo que la posición a la que venía obligado el Sr. X para ser observado, tratado con esmero profesional, no era la que entenderíamos como de máxima dignidad y sí al tiempo de sufrir el dolor propio que le había hecho desplazarse hasta el Hospital el enfermo, con el rabillo del ojo, sentía la penetrante mirada de curiosos y acompañantes, el asunto es cuanto menos problemático.

Parece lógico que, una vez calmado el dolor y atendido debidamente, y consciente de la sonrisa meliflua de algunos observadores, se diera a protestar con energía y que resulte de ello una intervención urgente en Urgencias para paliar las deficiencias comentadas de tales puertas semibatientes.

Yo voy a ir a mirar. Por el momento no tengo el mismo problema que el Sr. X objeto de esta columna. Voy a hacer trabajo de campo e informaré a ver si sigue la exhibición indecorosa a cargo del servicio citado.

Se diría que el culo de uno ya no es lo que era y si nuestros abuelos salían a la calle cuando llovía, para ver los tobillos de las damas que cruzaban los charcos y se levantaban el pico de sus largas faldas para evitar ensuciarse, que dirían hoy.

El Sr. X ha hecho bien. Supongo que sus nalgas son `propiedad personal y solo se las enseña a quién a él le de la real gana. Mucho gusto.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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