Esta es una hstoria nuestra.
Un mes muy intenso. El 20 miercoles me voy al Centro Civico de Puerto Sagunto y alli a las siete de la tarde voy a trasladar a nietos, hijos, padres etc. un poco de la0 vida de la Acería y de como he extraído una historia ficción de lo hechos que van desde antes de 1936 , a la guerra civil y al año 83 cuando el ministro soialista Solchaga firmó el cierre de la factoría…pese a los informes que señalaban a Altos Hornos del Mediterraneo como de mejor localización.
Esa reconversión llevo a Puerto Sagunto a una ruina economicosocial de la que se ha ido recuperando gracias al esfuerzo y dedicación de sus habitantes que nadan , a veces, a contracorriente, de muchas decisiones políticas, una vez más, que se situan fuera del espacio geográfico propio.
Quiero dar las gracias al conjunto de las personas que constituyen el llamado Patrimonio Industrial y a especialmete a Manuel González que está siendo un excelente guía – ajeno a su condición política de Iniciativa Porteña,para ubicar edificios que yo situo en la novela y que todavía guardan entre su paredes las historias personales que se han vivido en los tiempos del libro.
Ayer pude ver el agujero de esquirla de metralla en una palmera que está situada más allá del Iglesia Virgen de Begoña, cerca de una de las oficinas de los Altos Hornos y revivo en la memoria histórica los más de 50 bombardeos qe sufrió la población.
Todo eso lo digo ahora, mientras leo la generosa entrevista publicada en el Económico, tomada a voz y libreta por Anhioa , una joven colega que podria ser mi nieta.
Voy a un salón esplendido , el de Centro Civico, ubicado en lo que fue la Clinica- cliníca de Altos Hornos- reconvertida en ese Centro y que me lleva a lo que ,lejos de allí, en pleno campo, al Hospital de sangre, la llamada Casa Noguera objeto,dicen de alguno que otro problema en su momento, problemade caracter administrativo.
Creo que si todo esto hubiera ocurrido en América,por ejemplo, estos recuerdos, estas huellas vivas, habrían sido objeto de un causa común. Tenemos mucho que aprender en materia de afrontar lugares comunes, de historia próxima y nuestra.
Voy a Puerto Sagunto con alegría, con ganas de contar las anécdotas de mi participación activa en alguna multitudinaria maifestación en pro de evitar el cierre, del recuerdo del Campo del Acero lleno de trabajadores gritando y de los lideres del Comite de Empresa devorados posteriormente por el caramelo de RETIROS SUSTANCIOSOS QUE HICIERON OLVIDAR LAS PROMESAS DE MUERTE ANTES QUE RENDICIÓN.
El otro día, soñaba desde lo alto del Horno Alto nº 2, cn el PUERTO y su actividad, con su capacidad todavía sin explotar adecuadamente y veo también salir MI tren blindado de esa naves que todavía orgullosas siguen en píe esperando algo más de actividad fabril y menos teatro.
Oigo la protesta que surge como fantasmas de las paredes que rezuman calor, sudor y lagrimas.
Debería llamarse al senador Lerma para que recordase el día de su secuestro y su rescate por una compañía de la Policía Nacional ,por cierto, mandada por un excelente amigo mío,hoy en manos ,seguro, de Dios,el entonces capitan Puig.
Muchos dirán que esto son cosas de viejo que chochea…pero anciano y todo volvería a salir a la calle con tal de ver salir el acero, de ver los trenes, de sentir el magnifico humo. Algo de eso les diré a las siete de la tarde e día 20 en el Centro Civico de puerto Sagunto. Quito la de porque en buena lid Sagunto y el Puerto son dos sociedades distintas. Yo lo sé. Si pueden vengan.