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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

A DEDO

A dedo

Repasando archivos me encuentro con uno titulado A DEDO y que tiene la friolera de más de 12 años y que se publicó en este mismo diario y al leerlo no tengo más remedio que pasarlo al digital de ahora – con algún pequeño añadido – para dar cuenta de que nada ha cambiado. Veamos.

Hace unos días este diario titulaba en su primera página que 4.000 empleos públicos de un total de 12.000, cien arriba o abajo, en la Comunidad Valenciana habían sido “adjudicados” a dedo.

Una vez más estoy desconcertado a la par que admirado por el valor del dedo, voy más allá, de los dedos.

Extiendo mi mano derecha, que es más conservadora y paralela a la que esgrime el poder en las más altas esferas de la Generalitat y no veo nada en mis dedos que augure el éxito personal o de otros.

Mis dedos no sirven para nada, para nada relacionado con el hecho singular de dotar a uno o a una de un trabajo, un bien escaso en los días que nos alumbran. Mis dedos son “morcillones” y además de no servir para tocar el piano y creo que el violín tampoco, no sirven para dar trabajo a nadie.

¿Entonces? Entonces nada.

Los dedos sirven para numerosas actividades y generan la plasticidad neuronal proyectada, creo yo.

El pulgar sirve para elevarlo en plan ganador de elecciones y dar a entender que vamos bien, que hemos ganado.

El índice es vital. Señala con giro acusatorio mientras está enhiesto y cuando se menea de arriba abajo está aprobando a quien señala y claro está,- esta es la clave,- indica a quien se ha elegido como asesor.

Cuando el elegido se da cuenta del hecho levanta el índice y añade el corazón y hace el signo de la victoria en plan Churchill y con cierta timidez lo hace mirando a su familia, por ejemplo.

El dedo anular, el que está después del corazón, tiene menos juego y casi no puedes moverlo sin los demás. Es un desastre de dedo a simple vista.

El meñique servía cuando se fumaba mucho para que el individuo se dejase la uña larguísima y quitara la ceniza de su apurado cigarrillo.

Sin duda podríamos generar muchas más utilidades pero definitivamente el dedo más poderos es el índice.

La única condición de ese índice poderoso está en quien puede usarlo para señalar y otorgar. Constato que en el transcurso del tiempo el uso se mantiene e incluso se refuerza.

No hay más que ver el número de asesores que van a más. Digo yo si no habrá técnicos de confianza y sabiduría bastante entre los funcionarios.

El tiempo que ha pasado no ha resuelto la cuestión y las gentes del poder usan el dedo cada día más, por lo que se podría decir que este o aquel asunto es una cuestión de dedos.

No se trataría aquí y ahora de cortar los dedos a nadie, pero no estaría mal una reflexión neurodigital para la contención desbordada del uso abusivo del ´`índice y dejar de usarlo como una bolsa de empleo para los miembros más afines al partido de turno.

La política ha pasado de ser una función al servicio del ciudadano a una oficina de empleo para algunos privilegiados.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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