EL NEGOCIO DE LOS MAYORES
Al parecer algunas residencias de la tercera o cuarta edad de nuestra Comunidad, son objeto de investigaciones por la Guardia Civil, al haberse detectado cierta violencia en el trato a sus residentes.
Me obligo a ser prudente al decir “algunas” por no dar el nombre; algunos medios lo han citado explícitamente, al tener datos, e incluso datos gráficos, del ejercicio de esa violencia.
Eso es lo que tiene el intentar ser justo, hasta que los jueces decidan si son o no; también empleo el concepto “cierta”.
¿Acaso la violencia no es total o absoluta cuando se ejerce en cualquiera de sus manifestaciones, de la verbal a la física?
Y todo por no dejarme arrastrar por lo que me pide el corazón, el alma o el escroto-elijan ustedes- y decir que a estos “hijos de p…” lo que les hace falta es la vieja consigna de “ojo por ojo”, vigente en algunos puntos de este planeta. Se me ha ido la mano.
Frente al concepto de respeto a los mayores, porque en ellos se encarna la tradición, la experiencia, el saber que deja en sus huesos doloridos y en su memoria enflaquecida, surge la idea de que cuanto menos molesten mejor. ¿No?
La idea de las residencias se nos inculca como algo ciertamente “moderno”, porque ellos estarán mejor con gentes de su edad y con personas pendientes de ellos.
Sus descendientes olvidan que los nietos pierden la generosidad y paciencia que suelen darse en los mayores para con los pequeños, porque ven en ellos lo que fueron y reviven la fuente la vida y casi lo consienten todo. Me acuerdo de mi abuela.
A la vista de las denuncias se evidencia que una persona mayor- y aquí sí que hay igualdad de género- es un activo que conviene mantener al menor coste posible, pero viva, porque mientras viva sigue generando el suculento néctar del dinerito mensual.
Como el COVID anida más en los viejos con confinarlos más y aislarlos mejor ¿No?. No se tiene en cuenta que la soledad mata más que el virus.
Con la nueva pandemia hay dudas si sacarlos de las residencias. ¡Ojo con las cuentas!