ESTOS SON MIS PRINCIPIOS
Sucede que estos días el Sr. Otegi ha hecho unas declaraciones sorprendentes al decir que comparte en la vía del sentimiento, o el dolor, que las victimas padecieron y muchos siguen sintiendo, por la muerte a tiros, asesinados, por miembros de la supuestamente desaparecida ETA, hace 10 años.
Esas palabras del cabeza de Bildu han llenado de fe y esperanza a muchos, incluidos algunos miembros del Gobierno. Ha sido un flas que ha deslumbrado los ojos de la corte del presidente Sr. Sánchez.
Otegi no está solo. Otegi está rodeado de cientos de seguidores de lo que él representa y por tanto atentos a lo que dice públicamente su cabecilla; se sabe que no está tonto y se le atribuye cierta capacidad de convencimiento si nos atenemos a las normas de todo movimiento “pseudorevolucionario”, que cree en el principio de las asambleas a mano alzada.
La necesidad de contentar a sus bases empuja al líder a utilizar los mecanismos más significativos del discurso: el idioma propio, el tono luchador y la mano alzada a petición.
Y ahí estaba Otegi, horas después de sentir un dolor solidario por la victimas que su banda había causado y que, según él, no debía haber ocurrido. “A buenas horas mangas verdes”.
Ahí estaba hablando a sus bases y dándoles casi garantías que los 200 presos, cada día más cerca de casa, podían canjearse con solo aceptar con una firma, los presupuestos que el Gobierno presenta al Congreso de los Diputados.
Era Marx D. Groucho, aunque quizás el otro D. Carlos también, al que se le atribuye aquella frase de: “estos son mis principios y no te gustan tengo otros” o “los cambio”, esta frase se ha convertido en un paradigma de algunos políticos, por no decir todos, que son capaces de decir en un momento A y a la hora siguiente lo opuesto B.
Otegi firmará los presupuestos si a cambio logra la libertad para los 200 presos etarras que parece que quedan en prisión.
Como era natural D.Casado se ha lanzado a preguntar y D.
Sánchez a negar por dos veces,le falta una como a San Pedro
Si. “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”. Veremos