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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

MI NACIONALIDAD

MI NACIONALIDAD

A los senadores que han aceptado el término inventado de Países catalanes

Es tanto el ruido que suena alrededor de las reivindicaciones territoriales, que en ocasiones quien esto escribe se ha planteado la duda de mi propio origen colectivo. ¿De donde soy? Me he preguntado a veces, sobre todo, ínsito, a la vista de las luchas cainitas que rodean estos planteamientos.

Yo no tengo duda alguna, pese a que muchos, cuando se plantea este asunto en una tertulia, de las que tan llenos estamos ahora, el concepto de pertenencia, los más aparentemente avispados o autodenominados progresistas se señalan diciendo que “mi patria es el mundo entero” según el que lo dice, parece decir que está por encima del bien y del mal.

Pasa de entrar en el debate territorial y huye de discutir en lo que siempre acaba como una cuestión de nacionalismos.

Seria válido también aquello de: “uno es de donde pace y no de donde nace”, asunto de profunda reflexión y que lleva, sin duda, a la aparición de los conversos.

Se da el caso que quien llega a un sitio por primera vez y allí se instala puede manifestarse más madrileño, vasco, asturiano, catalán o gallego que los propios nacidos, criados allí desde generaciones. Hacen un ejercicio de magia al convertirse en defensores, en una fiel infantería de vanguardia al reivindicar su origen, al hacer propias las costumbres específicas del lugar al que acaban de llegar.

Dado que yo evito enzarzarme en esas luchas colectivas para no ser más papista que el Papa, me retraigo, me escondo en mi mismo y trato de establecer objetivamente mi ascendencia y mi pertenencia. Individualizo mi pertenencia.

En primer lugar, he averiguado que soy hijo de quien me han dicho que son mis padres. Me lo han dicho ellos mismos y desde que yo recuerde en mi más tierna infancia, con la nebulosa propia de la edad infantil, reconozco a mis abuelos y a toda la extensa familia que siempre me ha rodeado, pese a que a estas alturas de mi vida han ido desapareciendo con gran dolor por mi parte.

Tras esta objetivación analizo mis sentimientos, aficiones, idioma y todo lo que ha contribuido a ser como soy. No me juzgo. Me limito a contar lo que siento y eso me ha llevado a contárselo a ustedes por si les sirve para saber quiénes son, de dónde vienen (y no digo adónde van porque esto que escribo se aleja de un intento de filosofar sobre el futuro, que eso ya lo hacen otros, quizás con mejor fortuna).

Me gusta el flamenco, disfruto con la gastronomía murciana, me encantan la calma de la costa alicantina, me gustan los “castellets”, la sorna de los valencianos, la afición al senderismo y la búsqueda de setas de los catalanes su lucha por ser diferentes me hace gracia, los coros vascos y sus aficiones a deportes de fuerza, las muñeiras gallegas me suenan a nostalgia irlandesa, la jota me parece viril y autentica, reivindico la zarzuela y me paso por extremeño que eso era mi señor padre y del puro castellano hablado de  abuela y mi madre vallisoletanas.

¿Entonces? Que no hay duda. Me siento muy español y valenciano que es perfectamente posible.

 No deseo referirme al concepto Patria y hacer de ello un asunto de debate. No parece que deba ser un objeto de debate público o privado. Todas las definiciones coinciden en señalar a la patria como: aquel lugar, país, nación, pueblo, tierra o región en el que una determinada persona ha nacido o al que se siente vinculada por razones afectivas, jurídicas etc.

¿Todo esto a que viene? Es una inocente llamada de atención a aquellos que se dedican a tratar de hacer reinos de taifas.

Atentos al capitulo 1 de la Constitución que señala:

Ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad.

Puede no parecer un tema de actualidad. Lo es y mucho. A veces nos conviene recordar y si es necesario dar un golpe de timón para enderezar los conceptos se da y se recuerda.

La Vall de Albaida es también mi casa y lo es el valle de Aran y la Torre de Hércules en la Coruña y la estatua de Hernán Cortés en Medellín que es el pueblo de mi señor padre. Nada. Eso era todo.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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