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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

LA EMPATÍA

LA EMPATÍA

¡Carlos no me cae bien!

 Empleo mi nombre de pila para evitar suspicacias y evitar que otros Carlos puedan creer que me refiero a ellos, y a los Carlos podríamos, cada uno de nosotros, añadir algunos nombres más.

Digo esto porque sin saber la razón, algunas personas no terminan de gustarnos y solemos sentirlo a primera vista, en el primer contacto.

Pongamos como ejemplo a los políticos ,los cito por considerarlos un “bien público” o un “mal”, según quién opine, y porque su presencia constante en los medios, sobre todo en la televisión, donde muchos roban planos en un intento de estar presentes para evitar el olvido que supone no aparecer; decía que algunos no nos caen bien solo por su cara, por su aspecto, por lo que dicen sin decir nada. una habilidad,nada fácil.

Pensemos en Aznar. Hagamos abstracción de donde milita y de lo qué dice.

He podido comprobar, sin hacer encuesta alguna, que no despierta simpatías por doquier. ¿Se trata del bigote? ¿Del rictus de boca cuando trata de sonreír? Y ello sin haber pronunciado palabra alguna.

Otros. y pienso en Zapatero, parece despertar más simpatía. Sonríe más, es menos cetrino y su nariz adelantada nos recuerda la figura de algún comic infantil.

En este punto dejo los nombres en sus manos de lectores para invitarles a que se entretengan calificando a sus lideres, o a sus filias y fobias.

 Se trata de una diversión invernal inocente. De esta forma se combate el frio sin caer en el aburrimiento o en el cotilleo, dado que se trata de un ejercicio personal e íntimo, sobre todo si quien le cae mal está junto a usted.

Esta larga reflexión me lleva a considerar un concepto que da nombre a lo que escribo. Me refiero a la empatía un concepto que se incardina en la psicología como ciencia y praxis.

 Los griegos como crisol donde crecen el pensamiento han llenado páginas con definiciones y han sido, todavía lo son, fuente de origen etimológico.

En el caso de la empatía sabemos que tiene su significado en el concepto “dentro de él” o más cerca todavía de la emoción, de lo emocional “de lo que se siente” y eso nos aproxima al entendimiento del otro, de lo que le pasa, de ponernos en su lugar y a partir de ahí comprenderlo más y quizás conseguir una mejor comunicación.

Se trata, por cierto, no hace falta estar de acuerdo con su pensamiento, solo de poner atención a lo que dice y para ello a lo mejor solo hace falta dejar hablar y lograr escuchar que es algo más que oír.

No hace falta estar callado siempre mientras que el otro habla, aunque si hay que evitar la interrupción de su parlamento y conviene observar los signos no verbales.

Acabo de releer los párrafos anteriores y me pregunto: ¿A qué viene esto?

La respuesta viene dada por una experiencia vivida hace unos días a la puerta de un ambulatorio de la Seguridad Social a primera hora de la mañana, un poco antes de que abrieran sus puertas mágicas, tras las cuales uno espera encontrar solución a sus problemas de dolor. La gente iba llegando y no decía nada, ni siquiera buenos días, ni preguntaba quién era el último y el volumen humano crecía, solo había un señor que departía con los más cercanos explicándoles que tenía los pulmones hechos polvo y que hacía un año que había dejado de fumar y de repente muchos se dedicaron a explicar sus dolencias cuando, de súbito, una señora joven se adentro entre la pequeña multitud hasta la puerta pretendiendo pasar, pese a que no estaba abierta todavía, momento en el que otra señora que hacía de escuchante la espetó un:

 “¿Usted dónde va? a la cola que aquí llevamos tiempo esperando que abran.

Se organizó una bronca importante porque el del pulmón dañado se alzó en defensor de la entrometida alegando que había oído como preguntaba quién era el último y nadie respondió.

 Otro lo miró con cierto reto en su mirada y se empezaron a cruzar algunos desagradables epítetos…nada.

 En un minuto el silencio y la acumulación en las puertas que se acababan de abrir y la voz firme de una enfermera que puso orden en un instante, separando los de analítica de la consulta en mostrador.

Un milagro comunicativo por la vía de la imposición y por miedo a perder el tiempo o el objeto de su visita ambulatoria.

Me dio por pensar en el “buen o mal trato que nos administramos los humanos” y me hice el propósito de ser empático, aunque todavía no sea Navidad, pese a lo que los comercios y las marcas hacen con nosotros al recordarlo. Cada minuto con los “peces en el río” o alguna estrofa villanciquera.

Voy a tratar de ser empático. Les invito a seguirme. Muy buenas.

 

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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