LA ESPAÑOLA CUANDO BESA
Como cada día tiene su afán, se sabe que hay más cosas y asuntos que celebrar que días tiene el año. No damos abasto.
Eso produce un atasco de celebraciones que cuando te pasas un día sin consultar, te pierdes.
Yo hoy, por el jueves, me he perdido de día y de celebración.
¿Y usted se ha perdido la celebración o por el contrario se ha lanzado en picado a besarse con quien sea a troche y moche?
El jueves era el Día del beso. Investigo y leo que: cada 13 de abril se celebra el Día Internacional del Beso como homenaje al beso de más larga duración que se ha registrado en la historia (58 horas), que tuvo lugar en Tailandia.
¿Y al mismo tiempo podían respirar? ¿Sería un beso ful?
No sería como la española que dicen que cuando besa, besa de verdad. Me consta, aunque me consta poco. Todo hay que decirlo.
Para mí, que soy muy aficionado al beso, casi llego tarde. Me pasa como a los taurinos que se quejan de la ausencia de festivales; a mí con la pandemia, la distancia a guardar y la edad provecta le he perdido “el tranquillo” a la cosa misma del ósculo fraternal y menos fraternal, sobre todo de este último.
Por lo visto en este mundo actual, lleno de trampas contra la salud, casi todo está prohibido hasta besarse.
Las mascarillas que protegen cuando conviene. (recuérdese aquí como el aristócrata Luis Medina se lleva a la “saca” un millón de contantes y sabrosos euros a costa de las dichosas mascarillas y su socio, menos aristócrata cuatro millones) son de quita y pon. ¡Que sí, que no!
Ahora en plena Semana Santa ¡fuera mascarillas! Y a lo mejor pasado mañana nos obligan a ponérnoslas. Somos como niños indisciplinados.
El besarse supone un riesgo añadido y por ese medio de saludo se pueden transmitir contagios e infecciones, No somos nada.
Ya es casualidad que mientras en Shanghái y en alguna otra parte de China te ofrecen imágenes en las que una especie de guardianes de la salud, se lían a bofetadas y patadas contra los infractores por no llevar la mascareta aquí nos lanzamos a la piscina.
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