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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

EL INFIERNO SON LOS OTROS

EL INFIERNO SON LOS OTROS
Asistí uno de estos días pasados, antes de la Semana Santa, a una conferencia en la que como es habitual en la mesa, llamémosla principal, se sentaba el presentador, el conferenciante y un señor que no sé muy bien que hacía allí a no ser que fuera un miembro” silencioso” de la organización mandado allí a representar, a hacer acto de presencia.
Las organizaciones siempre disponen de un activo de miembros que no hacen nada salvo estar y asumen el papel de testigos de lo que allí se diga.
Cuando se movilizan cientos de ellos se llaman público o muchedumbre y hacen el papel de coro-. Vuelvo a la mesa.
Me llamó la atención el que todos los miembros de la mesa fueran vestidos de negro y se hicieran iluminar en sentido de arriba abajo, realzándose sus ojeras y dando a todos un aire misterioso, a juzgar por el titulo de la conferencia, en un intento demoniaco y eso debía pertenecer a la teatralización de lo que allí se iba a decir.
No asistía a una conferencia al uso y solo empezaba a sospechar que aquellos se iban complaciendo en ese “montaje” y como en otros actos la presencia de símbolos, músicas y espectadores garantizaban el éxito personal de los de la mesa.
Como siempre se tenía en cuenta, más a uno mismo que a los asistentes que eran meros espectadores. Todo jugaba a favor de que tenía la vanidad de creerse expertos en demonios.
Al fin al cabo siempre ocurría lo mismo. Unos asumen el papel de expertos o participantes de éxito y otros observaban o decían escuchar, aplaudir o lo que fuera necesario para dar cobertura al asunto.
El tema era esotérico a raíz de un libro escrito por el conferenciante bajo el sugestivo título de “la Demonología práctica” y el autor se había hecho rodear de ciertos elementos materiales que podrían hacer sentir a los asistentes cierta inquietud como era el caso de un Sol de metal dorado, una figura con una guadaña, una cruz de madera retorcida, una vela roja que parecía recién apagada y que despendía un humo rosáceo. Muy espectacular todo.
Era el titulo lo que me había empujado a asistir a aquella librería que estaba concertada con otras que se dedicaban al cultivo de las llamadas “ciencias ocultas” y que solía a atraer a las almas más curiosas o quizás más desprotegidas.
En un mundo que se jactaba de su materialidad, donde todo está pautado mediante libros de instrucciones nadie, salvo la Iglesia, se había acordado del Demonio pese a que en mi fuero interno el demonio tomaba diversas formas según en qué circunstancias.
Pronto la proximidad de la Semana Santa pondría a prueba mi lucha interior sujeta por la pasión que en ciertos momentos se destilaba de aquellas multitudes que en silencio seguían el tam . tam de los báculos de metal sobre la piedra, mientras la representación de los llamados “pasos” parecía cobrar vida propia llenando las calles a medianoche de sombras en movimiento y miles de suspiros se entrecruzaban en el aire.
Aquella evidencia de fé pública, aquel signo casi palpable de creer en Dios ¿Era un acto de complacencia de cada uno o por el contrario era un salvoconducto?
¿Era mostrar ante uno mismo fuerza para evitar la tentación que podía suponer transgredir las íntimas convicciones que nos habían sido inculcadas en la niñez?
A estas alturas del calendario y cuando usted lea esto la Semana Santa será un recuerdo.
Por cierto, no sigo hablando de la presentación del libro porque aquel montaje me parecía falso y abandoné la sala.
El infierno dicen ”son los otros”, según Sartre. Es posible. Lo que yo trato de decir es que tras esta Semana Santa, o cada uno en su ideología, debemos procurar expulsar a nuestros demonios. Espero que así sea.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


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