LA PRÁCTICA DE DAR CONSEJOS
Ayer me llamó una amiga que además es psicóloga y me adelantó algunos consejos acerca de una pregunta que le hice en relación con algún problema que tengo.
¡Quién no tenga un problema que tire la primera piedra!
Esa llamada me hizo reflexionar acerca de la costumbre que los humanos tenemos de intentar aliviar, mediante consejos, un determinado estado emocional.
Yo agradecí, como es natural, el intento bien intencionado de mi amiga y me dije: “mira a ver que encuentras sobre consejos” y he elegido algunos que me han llamado la atención.
Antes de eso, recordar lo que otro amigo mío, más mayor, sabio y formado me dijo hace algún tiempo:
“Uno siente el dolor del otro cuando eres amigo, familia etc. pero no olvides que el dolor es del otro. Tuyo será un cierto dolor o pena solidario. Si se ha roto una pierna lo sientes porque eso le impide caminar, pero es la pierna del otro la rota, no la tuya”
“Pero eso nos hace egoístas, poco solidarios e incluso cínicos” le contesté con cierto tono de escándalo.
No creas. Piensa en las frases del testimonio ante el funeral de un amigo
Si. Yo cuando voy a un funeral y doy testimonio con mi presencia y el abrazo que puedo dar, lo hago de corazón.
Si. Lo creo. Pero quien se queda allí es él o ella. ¿No?
A mí me resultaba la afirmación un tanto cínica, como aquellas frases en un duelo del “te acompaño en el sentimiento” lo que, siendo cierto en ese momento, porque te solidarizas con el deudo, no es menos cierto que se trata del otro y no de ti.
Sin embargo, la realidad era esa.
Voy a los consejos.
De entre los elegidos por mi destaco algunos con algún comentario.
Dar consejo al hombre avisado es superfluo; darlos al ignorante es poca cosa. (Séneca)
Es probable que Séneca, mejor, es seguro, que el filósofo no supiera del “belief”, es decir de la creencia; aunque si está claro que intuía que es muy difícil que uno cambie de opinión si está seguro, firme, anclado, en una idea, de tal suerte que esa idea forma parte de su carácter y marca su conducta.
Es decir que por mucho que insistas en darle consejos o refranes, aquel seguirá haciendo lo que parezca mejor o lo que le de la real gana.
“Más vale un consejo que diez avisos, pero más vale una ayuda que diez consejos”
O este otro:
“Nada se da tan generosamente como los consejos” y este que es definitivo:
“Pedimos consejos, pero buscamos aprobación”
Este otro del escritor Wilde no tiene desperdicio
” Yo siempre traspaso los buenos consejos que me dan. Es para lo único que sirven”. (Oscar Wilde)
Tras releer lo anterior no tengo más remedio que aceptar como sabio lo que mi padre decía acerca del transcurso de las conductas: “Lo que es de natura tururura” y eso lo decía tras haber fracasado conmigo en su empeño en que estudiara medicina.
Ya ven en lo que he acabado, en un profesor de Universidad emérito y por tanto jubilado y en un periodista que trata de dar consejos…sin que nadie me los pida.
Cuídense de los aconsejadores y tómenselo con calma lo de las mascarillas y cualquier otra cosa.