JOSÈ MANUEL A LAS 18.40
Me lo acaba de decir uno de tus dos hijos queridos. Te había dejado con la esperanza íntima de que ibas a pasar el mal trago de haberte caído solo en casa, sin el botón rojo que algunas compañías, o la Cruz Roja, te sugieren que te pongas, sobre todo si estamos solos.
Me dice Pascual y lo rubrica Fernando, con un sucinto mensaje negro, de noche sin luna, oscuro total: “Carlos ha sido ayer, ayer murió mi padre a la 18,40”. Bien o mejor mal.
Pienso. pero si yo te dejé, mejor te dejamos Martina, mi esposa, y yo a las 13,10 dormido, entubado, tranquilo de respiración como cada día que hemos ido a verte y hablarte al oído. No tiene espera la hora que llega sin avisar. No tiene valor lo vivido. En segundos se acaba. ¡Zas! Y ya no eres.
Lo habíamos hablado tantas veces, que ya éramos compañeros de viaje al otro lado. ¿Y para eso tanta angustia, tanta preocupación sobre si te quieren o no bastante? ¿Sí lo hemos hecho bien o mal? Una “merde” amigo mío.
Nosotros en esas visitas te hablábamos al oído.
Que dicen que aunque se esté ausente como si no se estuviera, lo que se le susurra o se le dice, con el alma, de quienes hemos caminado juntos años sin sombras, con la voz tantas veces oída ,llega a tu cerebro y te ayuda a caminar, a alejarte del viaje definitivo.
Sucede que me fluye, en forma de agua en el cristalino, lo que decimos llorar y la congoja se estanca en la garganta y yo recuerdo que me decías siempre que mejoraba lo que escribía cuando te lo leía y que parecía una radionovela. Pasa que ahora no puedo leerte.
A las 18,40 te has ido sin decir adiós cabrón. Dejándonos a muchos y con una comida pendiente con Ángel, ´tú y yo, para sí recuperar algún tiempo perdido.
A ti no te hacen falta dos monedas de oro para pagar al barquero. Tu cruzarás y Caronte no te pedirá nada. Has dado mucho en vida.
¿Te acuerdas de que por una Navidad me regalaste un cordero pequeñito? Como saltaba en el auto, y yo iba solo, me entró miedo y volví y siendo de noche buscaste una matarife que me lo preparó. Ahora te puedo decir que no tuvimos más que pena y no nos lo comimos. ¿Lo entiendes no?
Como esto es un diario no da para más espacio. Solo he de decirte que nos iremos a comer y tu silla estará vacía. Beberemos a tu salud. Buen viaje hermano de alma.JOSÉ MANUEL