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Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

Dos a dos. Empate ¿Y qué?

Dos a dos.  Empate

Un argentino y un portugués son la gloria de miles de aficionados españoles. Cuando uno de estos señores logran un gol para el equipo en el que participan como titulares, las gargantas de los independentistas de acento catalán o español  rugen de placer y sus entrañas fabrican endorfinas “ ad majo gloriam” de la patria. Es “fum de canyot” humo blanco de paja al arder en las márgenes de los ribazos. Nada que no se pueda controlar.

Lo aprovechan en todo caso quien se nutren del mismo para sus ambiciones sociopolítico económicas (que largo siendo todo igual).

Un asunto curioso a poco que uno reflexione. Nada que objetar ante una formidable patada que traspasa la red contraria, nada que objetar al delirio justo, razonable de los locales de turno.

Hace años ya me di cuenta de que esto del futbol es una cuestión que traspasa lo que negocio tiene para muchos, es algo que debe ser igual a lo que sentían los romanos con aquello del circo. A mí me gustaba la cosa cuando, a lo mejor era porque no había recursos para comprar futbolistas extranjeros, los cromos que yo coleccionaba olían a españoles e incluso había un equipo en las antiguas Vascongadas que se preciaba de ello.

Muchos dirán que se me huele el tufo centralista. No se me huele nada. Es lo que era.

Ha corrido mucha tinta y agua desde entonces y ahora me consterno con esas alineaciones que la gente hace suyas y entra en barrena cuando como en el caso del mítico Figo le echaban en el Camp Nou creo, maldiciones en forma de envíos de botellas y recados verbales y lo acusaban poco menos que de traidor. ¿Traidor a quién?

¿Qué cree el “respetable” que porque en un campo u otro se canten canciones, se exhiban banderas, se líen a mamporros con una grada u otra y los equipos estén, a lo mejor, firmes cuando se toca un himno la cosa está clara? No.

Los mercenarios son lo que son y todos en algún momento hemos sido o somos un poco mercenarios de otro, sea entidad o sea un individuo.

Menos asumir como propios a quienes a golpe de “tristeza” (caso Ronaldo) o a golpe de guardaespaldas (caso Messi) los tiene que cuidar como inversión en oro de 24 quilates.

Ya sé que el que yo diga que Puchades (era un jugador del Valencia mítico) se llevaba sus meriendas y sus botas cuando iban a jugar no hace sino demostrar dos cosas : la edad del que escribe y la pobreza de recursos de una entidad.

Mire usted a lo mejor resulta que tanto amor por el dinero como por el poder que dan los miles de personas que rugen han contribuido a perder de vista algunas dignidades.

No haría falta volver al bocadillo, o si, pero un poco de sentido común colectivo e individual ayudaría a mejorar el estado de ánimo, o no. Buenos días.

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Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera