El llanto
Hace unos días las imágenes del reelegido presidente- el Sr. Obama- limpiándose, con cierta delicadeza, las lágrimas, en un acto de reconocimiento de la labor de los voluntarios, que le han ayudado en su campaña electoral, han sido noticia.
¿Por qué llora? ¿Llorar públicamente hace más humano? ¿Está pidiendo ayuda en ese lenguaje no verbal? ¿Desea suscitar en el otro la compasión, la ayuda, la comprensión?
No existe ninguna otra especie que puede derramar lágrimas emotivas. Hace más de un siglo Darwin dijo que el llanto fue usado para atraer atención, en particular fue usado por los niños. Dijo que las lágrimas actúan como una bandera roja para señalar el estrés(Fuente:Why do we cry? by Wendy Zukerman)
Yo creo que unas lágrimas monclovitas a cargo del propio Presidente del Gobierno o de alguien de su guardia pretoriana, darían mucho juego y contribuirían a recuperar algún voto perdido y no hallado en esta coyuntura adversa que ha dado la vuelta a sus promesas
Por el derrame de lágrimas, decían en la Edad Media, en plena medicina hipocrática, se derramaban los humores que en exceso llenaban el cerebro.
Si la cosa prendiese, no sería mal show acudir al lagrimeo cuando alguien quisiese quitarle la silla a alguien. Ahí sería de ver a un Sr, Rubalcaba llorando de pena o de rabia, de conmiseración a la vista del como Griñán duda de su personalidad o Chacón a mitad de carrera entre elegir ser nacionalista de izquierda catalana, nacionalista de España, miembro del PSC con flecos del PSOE tomando “pan amb tomaca” y haciendo un “castellet”.
Que ya he dicho que la madrina de uno de mis hijos es catalana y además, claro, se llama Nuria y yo estoy encantado con mis vecinos. Sin embargo unas lágrimas podrían ser la clave para romper el nudo gordiano de la mismidad suprarregional. Lloremos. Que se vea el dolor.
Ya sé que Trillo escribe cartas al Financial Time explicando la diferencia entre Escocia y Catalonia. El señor del “manda huevos” ya no recuerda que tiene sobre su conciencia exministerial lo del accidente aéreo. Extraordinario miembro del equipo del “yo no he sido” o del “a mí que me registren”. Hay que llorar más. Buenos días.