Pueblos de interior
Todos los años la misma canción. Anoche me llamó un amigo de toda la vida que cuando llega el verano se va a un pueblo interior que resulta ser de su mujer, porque él no tiene pueblo en el sentido estricto del término. Las llamada de “lo bien que se está aquí”
Una llamada que me sodomiza hasta la extenuación. Les cuento un poco por la cosa esta mía de la columna diaria y que luego la publico en el digital de Las Provincias y mando a una exhaustiva lista con respuestas de todo tipo y condición que siempre agradezco. Bien. Vamos a lo de mi amigo.
Él de la llamada anual, de cuyo nombre no quiero acordarme, nace, se desarrolla y vive, como yo, en Valencia y lo máximo que ha hecho son unas salidas al “extranjero” y las cuenta, como yo, setecientas veces y se repite mucho, tanto que yo he dado en pensar que a mí me pasa lo mismo y he acuñado una frase que ya es una muletilla : “Oye si lo he contado ya, decírmelo, por favor” y me lo dicen ¿Qué hago yo entonces? ¿Acudo al futbol, a los toros, a los tópicos sobre política? No señora.
Estudio cosas de romanos e incluso de la Revolución francesa y lo aderezo con un poco de psicología de autoayuda que es fácil y desde luego “trabajo” para la conversación con algo de cine, películas que , más o menos, nos hayan podido impactar y ahí hay un temazo inacabable. Y cuando puedo lo coloco y parece que me funciona.
Les decía que me llamó un amigo para recordarme que duerme con una mantita o a veces dos, eso sí, ligeras. Como es habitual se desprende con una pregunta de tono ingenuo, como quien no quiere la cosa, y me suelta: ¿Qué, hace calor, sudáis mucho- no sé porque pluraliza, porque mi sudor es mío, pero?
Antes de acordarme de su santa madre y de una tía suya que me cae muy bien y sin olvidarme de su hermana viuda, respondo con una pregunta: “¿Sudar?” Nada. Lo tengo muy bien montado. Microclima Iberdrola con aire acondicionado, unas visitas al azul del Mediterráneo, unas duchas, unos perfumes con sándalo y almizcle y oye ni te enteras…ah! y las cervecitas con los amigos con esa luna que no sé si ahí la podéis ver…con tanto pino.
Con toda esta broma, el caso es que es cierto que deben existir pueblos que acogen veraneantes, les dan de comer, les hacen fiestas locales y luego , a lo mejor aburridos ( esto es para consolarme y fruto de la envidia más mezquina) vuelven a la “gran ciudad”.
Tengo que estudiar este asunto. Me buscaré un pueblo que me de cobijo. que esté en alto, que sople el aire, que no esté lejos, que no sea caro y que tenga gastronomía sólida y famosa.
Empiezo en Septiembre por la ruta Mudejar. Ahora hace calor. Espero de un momento a otro la llamada del día. Buenos días.