Las Victimas
Hemos asistido a declaraciones , hemos visto manifestaciones y hemos oído como unos decían que hay que cumplir las leyes internacionales, sobre todo las que hemos firmado como Estado, y otros aconsejaban, directamente, saltarse ese Tribunal.
Estamos vinculados a un Tribunal superior al nuestro y ese es el de Estrasburgo. Es lo que hay.
La sentencia afecta a bastantes casos, porque no solo es el caso de las víctimas del terrorismo, cuyos verdugos están en prisión, sino a otros asesinos o violadores que sin la llamada doctrina Parot, deberían estar ya en la calle. Cuidado.
Cuando juzgamos un sí a favor o en contra del cumplimiento penal no nos ponemos en el lugar de las víctimas. Lástima.
Una familia que ha visto como arrancaban la vida a un allegado no puede sentir la misma objetividad que un no afectado.
Se han hecho algunas investigaciones psicosociales para determinar el perfil final de las víctimas y se ha concluido que la percepción de aquellos que quedan tras la muerte por ataque terrorista, es de sentirse abandonados por el Estado y hundidos por una marea de silencio social.
Es al Estado que nos hemos dado, al que le corresponde garantizarnos el orden constitucional y la seguridad jurídica, la libertad de expresión del dolor
y la reclamación al máximo nivel orgánico. Aquí uno no se debe escaquear, aunque algunos lo hagan con la coartada que eso contribuye a la paz. Es el rédito político.
Los propios entierros son en sí mismo un ejemplo de la diferencia del dolor entre unos y otros. Si la vida que se ha perdido lo ha sido por un acto terrorista, los que se quedan se sienten violentados y estafados con la vida. Necesitan ser “vengados”. Parot estaba bien.
Sería recomendable que a la hora de juzgar las posiciones de quienes hablan en nombre de las víctimas, estén asociadas o no, se impregnaran en un acto de empatía profunda.
Que no cayesen en el error clásico de tachar de exageraciones, las muestras de dolor expansivo o callado de quienes luchan por el recuerdo digno y la reparación mínima exigida para quien puede llevar más de 20 muertos sobre sus hombros. No hay risa para eso. Buenos días.