A UN METRO DE DISTANCIA
El Gobierno italiano firmó este domingo un nuevo decreto que establece nuevas medidas de prevención contra el coronavirus COVID-19, como por ejemplo mantener un metro de distancia entre los clientes de los bares en la llamada “zona amarilla”.
Estas recomendaciones permanecerán vigentes hasta al menos el 8 de marzo. En el caso de la “zona roja“, que incluye los once municipios más afectados por el coronavirus en las regiones de Lombardía y Véneto, se prorroga al menos hasta esta fecha el cierre de comercios, museos y escuelas.
Vivo momentos de tensión acumulada producida por las contradictorias noticias procedentes del universal virus de la corona.
Veo por doquier las importantes muestras de cariño humano y animalesco – animalesco por los perritos y perrazos que aguantan las muestras indiscriminadas de afecto que llegan al beso en los hocicos -que se viven estos días con los encuentros de aquellos que, vía cercanías, o medias distancias, o largas distancias e incluso larguísimas distancias.
No cabe una hoja de papel en esos abrazos de reencuentros entre ellos y ellas, entre ellas y ellas, entre ellos y ellos y otros si hubiera más de diferentes, a la vista de la nueva Ley de libertad sexual comandada por la Sra. ministra que se rasga las vestiduras por conculcar, por cierto, sus topes salariales. Ahora entonan un “si se puede” pero en sentido contrario. Es la paradoja echa carne mortal.
Vuelvo al metro de distancia.
Leamos y pensemos en la noticia que encabeza esta columna. Aquí lo del metro de distancia no funcionaría.
¿Quién controla la distancia? ¿Sanitarios con su bata blanca metro en mano? ¿Qué pasaría si el novio, el esposo amante, el amigo incondicional, la suegra impulsiva, la cuñada que, pese a todo, te quiere se lanzan sobre ti y te osculan hasta el hastío o el ahogo?
¿Puede un gobierno, aunque sea de coalición, irrogarse la prohibición al sagrado derecho inalienable del cariño en forma de abrazo o beso e implantar una medida de un metro máximo de distancia entre dos seres que se saludan?
¿Qué científico ha certificado la distancia? ¿El corona es un atleta virósico capaz de dar un salto aéreo y plantarse en las mejillas de la amada que acaba de llegar a la estación procedente de Alfafar, pongo por caso, o de Teruel, con ese tren que tarda una eternidad fatigosa en recorrer la miserable distancia entre esas dos ciudades? ¿Es un virus de la modalidad saltarina?
Quiero que Ábalos, el ministro experto en distancias aeroportuarias me lo explique.
¿No se dan cuenta en Italia que establecer esa distancia de un metro es abismal para el amor, que es abrumador caer en los ojos del otro u otra sin poder salvar una mínima distancia que, por decreto, se ha constituido en un abismo imposible de franquear en nombre de un misterioso virus que no sabemos de donde viene, adonde va y quién es?
Porco governo.
Ni besarnos podemos…aunque a lo mejor con todo este asunto me quedo en casa. Dígame usted si en la mascletá se puede estar a un metro del otro,
No somos nada.
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