ATMÓSFERA ELECTRICA
Hace unas horas he presenciado un espectáculo que yo llamaría vergonzoso y penoso, que son dos cosas distintas.
Tiene que ver conmigo y un hijo mío.
Algunos gurús de la comunicación escrita, expertos en redactar columnas, aconsejan que nunca debe hablarse de uno mismo y evitar que lo personal trate de elevarse a general, porque así se conculca la libertad de expresión de otros que pueden no estar de acuerdo con el columnista, o sea conmigo.
Vamos al caso. Hoy por Ayer volvía a casa y en una calle cercana, por cierto, en obras parte de ella en manos de nuestro concejal Grezzi -empeñado en cercenar el tránsito de vehículos de 4 o más ruedas- aunque esa es otra historia que merece varias columnas diferentes, pero no me resisto a preguntar a quien quiera o pueda responder: ¿cómo está el asunto del “engaño-robo” de los millones evaporados en Asía? ¿Olvidados por el paso del tiempo? Estoy esperando.
Vuelvo sobre el origen de la columna.
¡Para un momento papá!
Y me detengo en medio de la calle, obstaculizo un minuto el tráfico, baja deprisa con un bocadillo comprado para él, una botella de agua y 10 euros, dirigiéndose a un contenedor que estaba siendo explorado por una señora, de aparente etnia gitana, que se vio sorprendida por “el asalto”, deshaciéndose en gracias y diciendo un “bon día” de curioso acento. Mientras ocurría eso algunos vehículos comenzaron a pitar, salvo un conductor de una furgoneta que marcó en el aire la mano cerrada con el pulgar al aire, al estilo que ahora ya se ha implantado de “muy bien” o siguiendo en la línea americana “Ok”.
A punto estuvo mi hijo de enzarzarse con el del pito, el único que había quedado uno de los que allí había.
Pelillos a la mar. Nos fuimos todos y la señora siguió diciendo “bon día” y alzó la mano con un saludo.
Es una anécdota mínima, lo sé. Pero a mí me ha dado que pensar acerca de la solidaridad y de sus gestos. Me consta que actos mínimos como este se extienden por todas partes y solo quiero llamar la atención a los que pitan y recordarles que hoy hay muchos compatriotas en el límite.