>

Blogs

Carlos Pajuelo

Pajuelo: la chispa

CUIDADO CON LAS OBSESIONES

CARLOS PAJUELO DE ARCOS

Ayer me fui muy pronto a ver amanecer. El amanecer me produce
un placer casi infinito, el contento me inunda porque compruebo
que estoy vivo y por ello respeto
que muchas religiones saluden de
forma distinta un acontecimiento
común como es ver la salida del
Sol.
En mi visita de ayer a la orilla
del mar observé a una señora dispuesta en posición de meditación
con la mirada fija en el horizonte
y como yo, supongo que esperábamos la salida del Sol como un
símbolo de vida.
Más tarde llegó una pareja
que más que mirar el Sol saliente
se ocupó de engrasarse a conciencia en una especie de ritual
interminable y lo hacían con tal
dedicación que pensé: “estos
están obsesionados con evitar
las quemaduras”; de hecho, no se sabe si quieren
coger color o evitar estar rojos como siempre pasa
cuando la primavera o el invierno nos deja blancos.
Esto de adorar al Sol, después de todo, no es
nada nuevo ni original y no hay más que repasar los
rituales egipcios y pensar en Amón-Ra. No han pasado apenas 4.000 años y gentes como nosotros,
más o menos, ya hacían lo mismo. No somos tan
especiales, pese a las tabletas o los móviles o la televisión agorera y repetitiva.
Hace 40 años se “plantó” el llamado ‘Pirulí’ de
RTVE y estos días nos han dado la matraca con el
acontecimiento. Es idolatrar en cierto modo a la
tecnología. ¿Cuántos monumentos permanecen en
pie desde hace siglos y parece que nadie dice nada?
¿Somos un poco infantiles o nos hacen creer que lo
somos?
El hecho es que se celebra la salida el Sol y está
bien que se haga, pero también pienso que no todos
los días te puedes ir a ver la salida justo al lado del
mar. Hay otras formas de alegrarte de estar vivo.
Ahí están y perviven las oraciones del “muecín”,
el volteo de algunas campanas, el rezo en comunidad de algunos maitines que surge como un mantra
de las gargantas de sus monjes cuando antes del
amanecer se reúnen para alabar la vida que empieza. Los maitines se pierden en el tiempo y suponen
un lazo que trata de estrechar a la comunidad que
los celebra. Una sola voz y un solo texto para todos
sus miembros.
He estado como invitado en alguna de esas ceremonias y es particularmente emocionante sobre
todo si el paisaje del entorno es como era, o es todavía, de silencioso, como la basílica del Valle de
los Caídos; si acaso pronto el grito agudo de algún
águila o halcón madrugador empezando a otear el
boscoso suelo, buscando la primera presa del día.
Estas aves no tienen nevera.
Ya sé que hay países donde cuesta ver el Sol, o
el Sol se deja ver poco y eso crea un sentimiento
de “saudade”, de nostalgia sobre todo si quien lo
padece es oriundo de tierras como la nuestra valenciana donde el Sol, está presente, tan presenta que
produce quemaduras y los termómetros se agolpan
cerca de los 35 grados especialmente cuando llega
la “ponentá” que conviene sufrirla en casa mejor
que en la calle; si acaso sugiero un baño en el mar,
aunque al salir se siente frío, por cierto.
De hecho, había
empezado con la idea
de hablar de la obsesión como concepto
y la que yo tengo por
el orden, por ejemplo.
¿Es tan importante
que esté todo recogido, fregado, colgado? ¿Colgado? Repito
este término porque
me acabo de acordar
de una amiga que tiene especial manía en
que la almohada de
día sea diferente a la
de la noche o que las
perchas sean todas
iguales sin admitir
madera o hierro mezcladas y que limpia el
polvo tres veces al
día en el comedor.
Llevo tres días sin
obsesionarme por el orden y me he dado cuenta
de que no ha pasado nada. No he recibido la visita
mágica de ningún hado que me haya castigado y
mi interior está sereno.
Recomiendo que repase usted para sí mismo
sus propias obsesiones que, en cierta medida, le
puede servir para no amargarse la vida.
Me pasa que repentinamente observo que los
medios de comunicación audiovisuales nos presentan cada mañana una ristra de asesinatos,
violaciones, robos, botellones y todas las cadenas
se han puesto de acuerdo. Nos alteran el ánimo.
No es para tanto.
En todo caso, el morbo es otra obsesión como
otra que yo tenía y era consultar las esquelas y
ver la edad del finado o finada y es que resultaba
ser que mi columna La Chispa de Las Provincias
los sábados, la ponían junto a las esquelas y mi
obsesión era casi natural porque estaban al lado.
Ahora no. Me han cambiado de sitio y esquelas
fuera… aunque en esa materia como dice mi mujer, “es que le había llegado la hora”. Me gustaría
parar el reloj. Espero que no pasen demasiado calor.

Temas

Por Carlos Pajuelo

Sobre el autor

Profesor emérito Universidad, escritor , publicitario y periodista. Bastante respetuoso con los otros. Noto la muy mayoría de edad física. Siempre me acuerdo de aquello de "las horas hieren y la última mata" y para aquel que trate de averiguar que significa esto ; cada uno que crea y piense lo que quiera


junio 2022
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930